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27 de junio de 2020

Misiones: la precarización de las trabajadoras que asisten a mujeres violentadas

Entrevista a Analía Esquivel, trabajadora del programa Progen.

Tanto en la movilización del 28 de mayo por la salud de las mujeres como la del 3 de junio en el aniversario del Ni Una Menos estuvieron manifestándose las compañeras Promotoras de Género contra el desplazamiento de sus funciones por Malvina Lara, la nueva funcionaria del área, nombrada por la subsecretaria de Mujer Giselle Dobidenko. Estas trabajadoras cobran un beca de $ 11.000 por el acompañando a mujeres víctimas de violencia, lo que revela que los programas de la provincia de Misiones se asientan en la total precarización laboral.

Prensa Obrera entrevistó a Analía Esquivel, trabajadora del programa Progen.

¿Hace cuánto tiempo trabajas como promotora del programa Progen? 

Comenzamos en el año 2009. Fui una de las seleccionadas por la Asociación Jardín de los Niños para el programa. No sabíamos muy bien de qué se trataba, eran charlas para mujeres con contenido interesante donde se resaltaba a la figura de la mujer en el barrio. Sabíamos quiénes eran las mujeres que llevaban adelante ciertas actividades y reclamos en el barrio, para sumarlas. Es un programa europeo (financiado en un principio por la Unión Europea) que se implementó en la provincia y en conjunto con profesionales de la Universidad Nacional de Misiones nos capacitaron a alrededor de diez mujeres. Estuvimos un año entero avocadas al estudio. En el medio sucedieron muchas cosas, nos dimos cuenta que la violencia no es solamente un golpe, que hay otros tipos de violencias que desconocíamos y que muchas de nosotros las estábamos viviendo.

El programa consistía en capacitarnos y después hacíamos un cierre (mujeres que pasaron por violencia doméstica, acompañarían a otras mujeres de su mismo barrio en ese mismo proceso). Al finalizar la capacitación nos quedamos prácticamente solas. La Asociación nos presta un lugar, y decidimos con la mitad del grupo que quedó sostener esos encuentros y empezamos nosotras solas a hacer charlas para replicar lo aprendido, a salir a otros barrios, viajamos al interior en varias oportunidades, todos los gastos sostenidos desde nuestros bolsillos.

Intentamos crear una red, porque cada una de la personas que conocimos están en la misma situación que nosotras, no pueden disponer de tiempo completo para ayudar en los casos. La municipalidad de Posadas en tres o cuatro gestiones ayudó para tener ingresos para los traslados, para ayudar personas en emergencia, sostener el lugar donde nos reuníamos una vez por semana, compartiendo los acompañamientos que hacíamos, las denuncias. En ese entonces no había juzgado de violencia y no estaba permitido ingresar con nadie en ningún lugar: no siempre fuimos bien recibidas, sobre todo en la policía, donde oponían resistencia total, tanto en la comisaría de barrio como la de la mujer.

¿Cuáles son sus reclamos como promotoras?

Reclamamos nuestro reconocimiento como trabajadoras, y la reglamentación y puesta en funcionamiento de la ley (Ley IV –N.º 81 provincial de Promotoras de Género) que implicaría sueldos y derechos laborales. Necesitamos contar con recursos del Ministerio de Desarrollo Social, que es el órgano de aplicación de la ley de promotoras; recursos para asistir a las personas, tanto económicos como profesionales: como contar con abogados/as, hogares a los que la mujer pueda concurrir con sus hijos, donde poder aprender oficios y los niños tengan clases de apoyo y contención psicológica. Ojalá yo tenga la oportunidad de ver que esto suceda.

¿Cómo es el trabajo de acompañar personas en estado de vulnerabilidad? ¿Cómo responde generalmente el estado?

Consideramos que cada agresor comprobado como peligroso debe portar una tobillera, tienen que ser monitoreados, y que no sean las mujeres quienes deban esconderse. Hoy las mujeres tienen que moverse a una casa refugio con sus hijos, tengo entendido que funciona solo una casa en toda la provincia. ¿Cómo puede ser que las mujeres sean las que tengan que irse? Además deben compartir en una institución con otra gente en momentos muy dolorosos en que necesitan privacidad, y los niños sufren cambios bruscos. Hay una deuda muy grande.

Hay que reglamentar lo que tenga que ver con los niños, la mujer y la familia. Apuntar a trabajar con el agresor, a desaprender conductas que hacen tanto daño, que llevan a la muerte, que hacen daño tanto en una familia, en una comunidad: el agresor debe ser claramente identificado.

Nosotras decimos el profugado, ¿quién es el profugado? La persona que se esconde porque cometió un delito. En este caso es la mujer quien siempre carga con la responsabilidad, porque somos nosotras las que siempre tenemos que correr. Un ejemplo es el de las audiencias por alimentos de manera conjunta, concedidas por los funcionarios del juzgado aun conociendo la causa. Los juzgados de Paz son más rápidos, pero sucede que después todas las medidas tomadas por ese juzgado deben ser homologadas por el juzgado de violencia, y eso tarda un montón, todo eso termina perjudicando, y no damos abasto, no tenemos los medios, es una deuda grande que tenemos con las victimas y con nosotras mismas.

Hasta el día de hoy hay funcionarios que desconocen el trabajo de las promotoras de Género. Es doloroso porque solo nosotras sabemos cuánto nos exponemos para lograr que la mujer entienda hay que involucrarse, no es solo una piña, cuando hay abusos, sumisión, no tienen alimentos, los hijos no van a la escuela, no tienen dónde dormir, no tienen documentos, un montón de cosas que no se tienen en cuenta. No estamos ni cerca de poder realmente hacer un servicio como corresponde. Yo creo en las instituciones pero no quiero que se saque gente de un lado para poner en otro, para tapar agujeros. Cada institución debe estar preparada para determinada tarea, y creo que así podría funcionar. Cada mujer que sufre violencia manifiesta enfermedades muy particulares y el Ministerio de Salud debería hacer aportes en ese sentido. Los profesionales de la salud psicólogos, psiquiatras, tanta gente que es valiosa para cambiar parámetros, los estereotipos que hay que derribar, cada persona que logra ser feliz con ese conocimiento, lo va a replicar para su familia también.

¿Cómo piensas que sigue la lucha?

Para las próximas generaciones dejar algo que sea un antes y un después. En términos generales se logró mucho, pero faltan funcionarios idóneos que estén sujetos a una evaluación de la sociedad y de las diferentes organizaciones sociales que puedan ser participes.

Necesitamos reconocimiento económico, necesitamos poder decir somos empleadas con estas funciones, podemos dedicar nuestro tiempo a esto porque somos reconocidas. Nosotras acompañamos, ¡pero nosotras dónde quedamos? ¿Nos valorizamos? Dejamos nuestra piel, nuestra salud, comprometemos el tiempo de calidad con la familia, y tenemos que hacer el trabajo de onda, cuando hay gente que cobra de onda y no hace nada. En este momentos pienso que ni siquiera seríamos un problema económico para el Estado porque somos muy pocas.

La lucha deber ser firme y constante, recordar de dónde venimos y qué es lo queremos. Lo que yo quiero para mi familia quiero para todas las mujeres.

 

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