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5 de agosto de 2017

Fútbol para Turner y Fox

"¡Qué cobrás! ¡Delincuente! ¡Chorro!”
 
En el spot que anunciaba la televisación reprivatizada del fútbol la frase del título la gritaba alguien que un segundo antes acaba de aceptar el precio desorbitante que le había pasado el mecánico por la reparación de su automóvil. Pero esta versión fue rápidamente retirada. Las empresas y los creativos calcularon muy pronto que la frase se les volvería en contra y se haría enormemente popular porque, en octubre, todos deberán pagar el “pack fútbol” de $300 (que se suma a los $ 600 o $ 900 que se abonan por el servicio de cable) si se quiere acceder a la televisación de los partidos de la Súper Liga.
 
En menos de dos años de gobierno de Cambiemos, los medios y el sistema de telecomunicaciones en Argentina van consolidando aceleradamente un sistema en manos de un puñado de monopolios imperialistas. Viacom, una de las cinco mega corporaciones del mundo, compró Telefé; a Direct Tv, controlada por la estadounidense AT&T, se le concedió el servicio adicional por banda ancha; Cablevisión y Telecom –controladas por Clarín y por el fondo buitre de David Martínez- acaban de concretar una megafusión para capturar el mercado del cuádruple play.
 
Ahora es la dupla de Turner y Fox, otros dos emporios estadounidenses, los que se quedarán, tras unos meses de gracia desde el 18 de agosto hasta el 1º de octubre, con toda la televisación de los partidos de fútbol a través de sus dos nuevas señales (TNT Sports y Fox Sports Premium), por cinco años con opción a otros cinco. Un negocio por el que ofertaron $3200 millones por año, lo que dejó fuera de juego a ESPN y la española Media Pro.
 
Es cierto que un artículo aún vigente de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual establece que el Poder Ejecutivo debe garantizar “el derecho de las audiencias al acceso universal... a los contenidos informativos de interés relevante y de acontecimientos deportivos...” (Artículo 77). Pero también lo es que para Macri y Aguad la mejor ley para que el sistema infocomunicacional se reorganice es la ley del capital financiero. De hecho, habrá que esperar también a octubre para conocer la nueva ley de comunicación que pergeñan casi en la clandestinidad pero que, con el terreno abonado, no hará más que ratificar una política de concentración y extranjerización.
 
Tampoco fue un problema que el Estado rescindiera el contrato con la AFA, casi tres años antes de su vencimiento. Y menos todavía el juicio que mantiene la empresa Televisión Satelital Codificada (TSC), propiedad del grupo Clarín y Torneos y Competencias. El arreglo que, según cuentan, terminó por decidir la apuesta de Turner-Fox se resolvió en los siguientes términos: la empresa TSC desestima el juicio que mantiene contra la AFA por la rescisión de 2009 a cambio de... hacerse cargo de la logística y la producción de los programas. Parafraseando al anillo de Grondona: Todo pasa.
 
“Hay un lugar donde vas a poder decir lo que sentís”
 
Así cierra la publicidad del segundo spot que nos arrastra a la pantalla televisiva para que allí descarguemos nuestra furia cotidiana. Una orden de mando que se corresponde con los deseos de un gobierno que intenta anestesiar al televidente mientras avanza en una política de completa reorganización social en manos del capital financiero. De este lado de la pantalla, manifestaciones como el cierre de medios (Buenos Aires Herald), los despidos o retiros “voluntarios” (Revista 23, CN23), la crisis permanente por deudas salariales (Página 12, Perfil, Ámbito Financiero, Radio del Plata) o la dura supervivencia de otros (Tiempo Argentino), empresas en general quebradas o todavía controladas por una variopinta burguesía nacional en retirada (Szpolski, Indalo, Octubre, Olmos) exigen actuar. No va a hacer frente a la pantalla donde se confronte la ofensiva de despidos, reducciones salariales, mayor precariedad y explotación laboral. El lugar en el que hay que poner toda la energía sigue siendo la redacción o la oficina de trabajo para organizar a periodistas, telefónicos, técnicos, desde una perspectiva independiente del gobierno y de todo el arco patronal. Y en la movilización en el lugar de trabajo o en la calle, siempre.

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