fbnoscript
11 de diciembre de 2018

Una superfinal de espaldas a los hinchas

Apenas terminado el partido, el presidente Mauricio Macri puso en su cuenta de twitter @mauriciomacri: "Quería felicitar especialmente a los hinchas de River y Boca que compartieron pacíficamente este partido histórico en el estadio Bernabéu”.

El tuit fue duramente criticado, porque sin lugar a dudas los grandes ausentes del “partido histórico” fueron los hinchas de River y de Boca, algo que denunciaron, en primer lugar, los hinchas de River, quienes no pudieron ir a ver el partido de ida por estar vetados los hinchas visitantes y a quienes se les “robó” la localía para la definición de la Copa Libertadores. Pero también los hinchas de Boca, que tampoco pudieron presenciar el partido ni tener cerca al equipo, salvo que estuvieran en condiciones de gastarse una fortuna para viajar a Madrid.

La final de la Copa Libertadores de América se jugó en el estadio Bernabéu en España –irónicamente el país “conquistador” de América- después de los incidentes en las cercanías del Monumental, escenario de una zona liberada por las fuerzas represivas para el accionar de la barra brava de River, todo lo cual abrió una brutal puja en el aparato de gobierno que culminó con la salida del ministro de seguridad porteño, Martín Ocampo. La Conmebol explotó esta crisis para hacer su propio juego: hace tiempo quería hacer de la final de la Libertadores un rentable negocio global, alejándola de su ámbito natural.

A tal punto las hinchadas fueron borradas del superclásico que las autoridades de River como las Boca devolvieron parte de las escasas entradas que les fueron entregadas por la Conmebol para la venta a sus socios para ver el partido en Madrid. De 10.000 tickets totales, los clubes devolvieron el 40 por ciento.

Mientras tanto, la Bombonera se llenó de hinchas de Boca no solo el día del partido de ida sino también en la práctica abierta días antes, mostrando la voluntad y deseo de los hinchas de alentar a su equipo, y, en el mismo sentido, el Monumental estalló de hinchas el día que debía jugarse originalmente el partido de vuelta.

Pero prevalecieron los intereses de la Conmebol, la Fox y el resto de los sponsors. Si una final en el Monumental ya era casi privativa para las hinchadas, dado el precio de las entradas y la natural capacidad del estadio, en el Bernabéu la cosa fue aún peor. Allí viajaron las barras, financiadas por los clubes, hinchas argentinos que viven en España y muchos turistas y ciudadanos de toda Europa -para quienes se entregaron 40.000 entradas- y algunos pocos (alrededor de 6.000 cuando River había vendido más de 66.000 entradas para el Monumental) que pudieron pagar los más de dos mil dólares de los pasajes aéreos, la entrada al partido y el alojamiento en Madrid. Algunos noticieros informaron que en la puerta del estadio se regalaban entradas que habían quedado disponibles.

La final que se viene ahora (por el mundial de clubes) será otro meganegocio: se juega en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, una región del mundo sin tradición futbolística pero con una élite que aspira a vincular el negocio deportivo y el turismo. Los pasajes desde Buenos Aires se venden a casi $70.000, las entradas a u$s 530 y la noche de hotel se ofrece a u$s 1.500.

La llamada “externalización” de River-Boca ha sido un salto cualitativo en la conversión definitiva del futbol en un negocio completamente alejado de sus hinchas, que enriquece a unos pocos y que las mayorías miramos por TV.

TE PUEDE INTERESAR:

La final de la “Libertadores” en la capital de los colonizadores

 

En esta nota:

Compartir

Comentarios