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28 de enero de 2019

La condena a Ronaldo por defraudación y el negocio negro del fútbol

La crisis capitalista entra a la cancha

Cristiano Ronaldo fue condenado por defraudar al fisco español en alrededor de 6 millones de euros y deberá pagar por ello 18 millones de esa moneda, a lo que se le suma una pena de 23 meses en prisión en suspenso. Las causas se originan en ocultamientos en las declaraciones financieras del jugador realizadas durante su larga estadía en el Real Madrid.

Los jugadores de fútbol de alto renombre internacional no solo reciben sueldos altísimos sino que además gozan de cuantiosos acuerdos con las marcas líderes por el uso de su imagen en las publicidades de los productos. Esto porque ellos se convierten también en elementos centrales de marketing del gran negocio en el que se ha transformado el deporte más popular del planeta.

En medio de los fastos que se arman alrededor de las lujosas vidas de las celebridades del fútbol, se esconde que el negocio se mueve con miles de jugadores cuyos ingresos distan de ser los de Ronaldo o Messi. Y cuya vida laboral como jugadores tiene un promedio de 15 años.

Además, detrás de las grandes figuras que dan relieve al juego, se esconde el proceso de penetración de enormes capitales que, de manera cada vez más amplia y acelerada, se han volcado al negocio del fútbol con la compra de varios de los clubes más importantes del planeta –también de otros más pequeños-, la compra-venta de jugadores como dos de los principales vectores de ingresos e incluso la creación de una nueva liga poderosa, la de los Estados Unidos, un mercado apetecible, en el cual este deporte tenía un espacio marginal hasta hace pocos años.

El fútbol privado y la especulación financiera

La crisis mundial que azota a todos los sectores productivos ha tenido un crecimiento acelerado en los últimos años con la consecuente necesidad de colocar una enorme cantidad de capitales ociosos. Así, muchos fondos especulativos han virado hacia sectores anteriormente menos explotados como el negocio del fútbol.

Asistimos a una etapa en la cual una enorme cantidad de capitalistas provenientes, en muchos casos, de países sin la menor tradición futbolística, como China, Malasia o los Emiratos, se han convertido en dueños de clubes de fútbol de las grandes ligas e incluso de las divisiones inferiores.

La celeridad y masividad del ingreso de capitales ociosos al negocio del fútbol ha creado una gran burbuja, con valores extraordinarios en las transferencias de jugadores que no será sostenible en el tiempo. La crisis económica mundial no hace más que acelerarse y esta burbuja también tendrá su límite de expansión.

Recuperar el fútbol y los clubes

Todo este camino de privatización de los clubes se ha convertido en una expropiación a los socios que pagan todos los meses sus cuotas y que son los herederos históricos de aquellos que los fundaron. Se convierten en sociedades de capital y quien decide es el dueño de la franquicia y de los bienes.

Los trabajadores del mundo en mayor o menor medida disfrutan no solo del fútbol sino de una gama mucho más amplia de deportes que amenazan con ser incorporados al mismo sistema que el fútbol a partir de la privatización de los clubes. Por eso la defensa de los clubes es tarea de los trabajadores, tanto de los que se encuentran trabajando en estas instituciones como de los socios e hinchas para terminar con los negociados de las mafias capitalistas en sus clubes.

En la Argentina el proceso de apropiación privada de los clubes es todavía embrionario. Macri es uno de los impulsores de la sanción de una ley que permita la creación de la Sociedades Anónimas Deportivas, las que podrían adquirir los clubes, que hoy son, formalmente, sociedades sin fines de lucro. Pero las mafias que los dirigen ya han desplazado del manejo y del control a los socios.

Estos, que son los verdaderos dueños, deben exigir la apertura de las cuentas de los clubes; que se conozca hacia donde son destinados los fondos que aportan los socios mes a mes y los ingresos por transferencias, publicidades y acuerdos televisivos, entre otros.

Contra la privatización de los clubes, rechazamos las sociedades anónimas deportivas cuna de lavados de dinero del narcotráfico, la trata de personas y la venta de armas, así como de fondos especulativos.

La lucha de los socios e hinchas por recuperar los clubes no puede separarse, entonces, de una lucha más amplia contra los capitalistas. Y forma parte de una lucha general contra un régimen de explotación y miseria que busca sobrevivir a expensas del padecimiento de las mayorías oprimidas.

Recuperemos el goce del fútbol y el deporte para los trabajadores, alejado de los negociados capitalistas que, con en su decadencia hunden al fútbol en la misma miseria.

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