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16 de marzo de 2019

La Liga de Fútbol Femenino, un paso adelante que dista de ser una solución a los reclamos de las jugadoras

Pequeño aporte de la AFA que no alcanza ni para sueldos

El presidente de la AFA, Chiqui Tapia, convocó para el sábado 16/3 a los presidentes de los clubes que tienen equipo de fútbol femenino y que participan en los campeonatos oficiales, para realizar el lanzamiento de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

Actualmente, en la Primera división hay 16 equipos y otros 22 en la Primera B. Solo unas pocas jugadoras cobran algo más que un viático y en ningún caso se trata de cifras que se acerquen siquiera a un salario mínimo. En el mes de enero pasado, dos de las jugadoras del seleccionado denunciaron que el pago de ellas rondaba los $3000 mensuales.

La formación de la Liga es un paso adelante logrado con la pelea que han venido dando las jugadoras desde hace mucho tiempo contra el maltrato sistemático que reciben de la AFA y los clubes.

Así es que las jugadoras de la selección nacional, que se clasificaron para el Mundial a jugarse este año en Francia, estuvieron dos años sin entrenador, casi sin  jugar y a fines del 2018, en medio de las eliminatorias, debieron realizar una huelga de casi dos semanas para que la AFA les aumentara -y les pagara- el miserable viático de $150 dispuesto para cada día de práctica.

Otro hecho que detonó el cuadro que viven las jugadoras fue el despido en enero pasado de Macarena Sánchez por parte de la UAI Urquiza -último campeón de Primera- que ganó estado público porque la jugadora reclamó la relación de dependencia y el reconocimiento de su carácter de trabajadora.

Límites

Pero la propuesta de la AFA dista de ser una solución para los reclamos de las jugadoras. La propuesta de Tapia es realizar un aporte menor que sería “un estímulo inicial para que se puedan firmar al menos ocho contratos y así empezar a sentar las bases de un fútbol profesional” (Infocielo 15/3).

Ese aporte alcanzaría a $24 millones al año para ser distribuido entre los 16 clubes de Primera (entre los cuales están la mayoría de los grandes), es decir unos $125 mil mensuales para cada una de las entidades. Es evidente que no alcanza siquiera para pagarle un salario mínimo a cada una de las jugadoras.

Y a los otros 22 clubes de Primera B no les llegaría un solo peso. Es decir que las decenas y decenas de chicas que juegan en esos clubes seguirían en el mismo cuadro de indefensión actual.

La movida de la AFA tiene que ver también con el creciente interés que está despertando el fútbol femenino en nuestro país y que se vio reflejado entre otros lugares, en el partido que disputaron, por primera vez en la Bombonera, las jugadoras del equipo femenino en la previa del último partido de Boca y que despertaron el apoyo y el aplauso de las tribunas.

También en el hecho de que las chicas del seleccionado nacional femenino se clasificaron, sin el más mínimo apoyo oficial ni de la AFA, al próximo Mundial a jugarse en Francia. Los que miran el negocio están viendo el filón.

El exterior

El fútbol femenino está creciendo como negocio en varios países desarrollados, con especial expansión en los Estados Unidos –último campeón mundial-, España, Francia y Alemania.

En España los principales actores son casi los mismos que en masculino y así es que, entre el Barcelona y el Atlético de Madrid se han repartido siete de las últimas ocho copas nacionales.

Mañana se enfrentan esos dos equipos en la cancha del madrileño. Por primera vez el equipo femenino jugará en la cancha del masculino y ya se vendieron las 67.000 localidades del estadio.

Pero en los países desarrollados también la discriminación de las jugadoras es una norma. Sus salarios distan mucho de alcanzar la media de lo que ganan los varones.

Mujeres en lucha

Esto está provocando rebeliones y así es que la totalidad de las jugadoras de la selección de los Estados Unidos, cuando faltan tres meses para que comience el Mundial donde defienden su título, han comenzado un juicio colectivo por discriminación, en reclamo de iguales salarios que los del seleccionado masculino, por los lugares y la frecuencia de los partidos, el entrenamiento, el tratamiento médico y hasta los viajes y que la vestimenta sea diseñada especialmente para mujeres y no con los modelos masculinos.

Las jugadoras del seleccionado argentino femenino, al final del partido que prácticamente las colocaba clasificadas al Mundial, sacaron y exhibieron pañuelos verdes y naranjas, los que la policía había intentado evitar que llevaran las simpatizantes que poblaban las tribunas.

Se emparentan así las luchas de las jugadoras, en un cuadro de levantamiento de las mujeres por sus derechos, por el Ni una menos, por el aborto legal y gratuito, por la educación sexual laica y científica.

El camino hacia la igualdad de derechos y el reconocimiento del trabajo de las futbolistas en los clubes comienza a recorrerse y será parte de la lucha general de las mujeres.

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