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10 de abril de 2019

Las primeras imágenes de un agujero negro

Un salto para la ciencia y la humanidad.

Los astrónomos acaban de confirmar lo que ya era una convicción unánime de la comunidad científica mundial: la existencia de agujeros negros.

Las observaciones fueron dirigidas en busca de dos agujeros negros en particular. Por un lado, Sagitario A, ubicado en el centro de nuestra galaxia (la Vía Láctea). Y por el otro, M87, de la constelación de Virgo, ubicado a unos 50 millones de años luz. Las imágenes difundidas son de este segundo, y representan la primera confirmación visual de un agujero negro, cuya existencia había sido determinada por medio de observaciones indirectas.

Los recientes avances respecto a las ondas gravitacionales detectadas por el observatorio LIGO se inscriben en los mismos progresos científicos. Estas ondas implican la distorsión del tejido del espacio-tiempo como resultado de colisiones enormes, como la de dos agujeros negros al fusionarse. Un efecto similar a lo que ocurre cuando lanzamos una piedra al agua y de su impacto se propagan las ondas hacia todas las direcciones.

Los agujeros negros son el resultado de un proceso de colapso gravitatorio llevado a sus límites, cuando las estrellas, en su ocaso, no logran resistir la presión de la gravedad hacia su interior y terminan transformándose de Enanas Blancas en agujeros negros. Se ha teorizado a los agujeros negros como singularidades del espacio-tiempo que se producen en una región finita del espacio, que cuentan con una alta concentración de Masa y una densidad tal que los dota de un poderoso campo gravitatorio. De allí que su denominación se deba a que ni siquiera la luz sea capaz de escapar de estos una vez franqueado el perímetro de lo que se conoce como su Horizonte de Sucesos.

Aún nos resulta imposible determinar de forma directa qué es lo que realmente ocurre al interior de un agujero negro, dando lugar a todo tipo de conjeturas –como las de portales entre universos y “agujeros de gusano”. Los físicos suponen que debido a la intensidad de la fuerza de gravedad asistiríamos a un escenario donde la materia seria despedazada, reducida a su mínima expresión y comprimida, en donde la curvatura del espacio-tiempo sería tal que tanto el espacio y el tiempo, como los conocemos, no tendrían sentido. Es lo que se ha dado a denominar como una “singularidad”, donde las leyes de la física que nosotros aplicamos no se cumplen.

El valor científico de los agujeros negros es de suma importancia para comprender los orígenes de nuestro universo y para conocer y entender las principales reglas que rigen nuestra existencia. Ya Stephen Hawking había dado con el desarrollo de la teoría del Big Bang razonando que el origen del universo podía explicarse si invirtiéramos las condiciones que se dan al formarse un agujero negro (desde una singularidad hasta la formación de materia). La masiva gravedad de los agujeros negros nos ha permitido suponer situaciones concretas donde los efectos de la Relatividad General de Einstein podrían apreciarse con claridad. Es lo que ocurre con la curvatura del espacio y la dilatación del tiempo.

Pero el principal atractivo que tienen los agujeros negros es que se trata de eventos que comulgan una increíble intensidad de la fuerza de gravedad (del dominio de la Teoría de la Relatividad General de Einstein) con una grandísima e infinitesimal densidad de energía (sistemas donde se aplican las leyes de la Mecánica Cuántica), para lo cual no existe una ley universal (Teoría del Todo) que pueda dar cuenta de un abordaje teórico de lo que se nos vuelve prácticamente imposible de conocer en la práctica. Si bien existen algunas teorías como la Teoría de Cuerdas o la Gravedad de Bucles, que aspiran al título de teoría unificada, aun no contamos con la tecnología suficiente, ni con las ecuaciones y formulas necesarias, para dar explicación a lo que sucede al interior de un agujero negro.

Sin embargo, esta observación directa de un agujero negro ha podido verificar la exactitud de las conclusiones arribadas por medio de décadas de estudio y abordaje teórico de los agujeros negros. Aún resta por ver el provecho que puede dársele a este contacto visual en materia de nuevas investigaciones, pero es claro que nos encontramos ante una convalidación del método científico, que ha logrado aproximarse a uno de los grandes misterios del universo muchos años antes de poder siquiera tener una confirmación empírica del objeto de estudio.

A contrapelo del oscurantismo religioso y anticientífico, promovido por Estados que respaldan a la Iglesias y hasta por mandatarios como el negador del cambio climático Donald Trump, es un dato alentador para la humanidad, que a través del estudio de los fenómenos que la rodean busca comprender las leyes que gobiernan su existencia. La lucha por terminar con el capitalismo es, a su vez, la lucha por liberar a la ciencia de todas las trabas que le impone un régimen de barbarie.

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