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24 de julio de 2019

La carrera espacial, ayer y hoy

A cincuenta años de la llegada a la luna

El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en la primera persona que puso un pie en la Luna, con lo que los Estados Unidos consiguieron su meta final en lo que fue su carrera espacial con la Unión Soviética.

Esta carrera espacial había comenzado doce años antes, el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética logra poner en órbita el Sputnik 1. Es decir que los norteamericanos reaccionaron, en el marco de la guerra fría, ante el retraso frente a los soviéticos que evidenció dicha puesta en órbita.

La carrera espacial en que se empecinaron los norteamericanos fue la cobertura de un enorme desarrollo armamentístico.

Seis meses después de la puesta en órbita del Sputnik, Washington llevó al espacio al satélite Explorer-1. Al mismo tiempo, comenzó el proyecto Mercury con el objetivo de transportar al  hombre al espacio. Mientras tanto, la URSS planeaba ya el vuelo a la Luna.

“Si podemos llegar a la Luna antes que los rusos, entonces deberíamos”. El presidente de EE UU John F. Kennedy dijo esto el 21 de abril de 1961 con el orgullo herido: pocos días antes, la URSS había enviado al primer ser humano al espacio, Yuri Gagarin. La puja por la supremacía durante la Guerra Fría acicateó Washington e hizo que el 20 de julio de 1969 se cumpliese aquel sueño: Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre que pisaba la Luna. Desde entonces y hasta diciembre de 1972, otros 11 astronautas estadounidenses caminaron sobre la superficie lunar.

La ambición espacial hizo que el presupuesto de la Nasa se disparara desde 1960. Cinco años más tarde alcanzó su récord: 5.200 millones de dólares, un 5,3% del gasto del Gobierno estadounidense, hoy equivalentes a 40.920 millones” (El País, 15/2/18).La carrera espacial mostró también la impronta que impone el régimen social capitalista al desarrollo tecnológico. Con respecto al proyecto Apolo, dijo el célebre astrónomo y astrofísico Carl Sagan: “la misma tecnología que transporta un hombre a la Luna puede transportar ojivas nucleares a medio mundo de distancia… Apolo no se trató principalmente de ciencia. Ni siquiera se trató principalmente del espacio. Apolo se trató de una confrontación ideológica y la guerra nuclear” (video “El regalo de Apolo, minuto 5 a7).

La carrera espacial hoy

Cincuenta años después del alunizaje, Trump expresó su deseo de dar un nuevo salto en la carrera espacial, que tiene ahora como sus contrincantes principales a EE.UU., la Rusia de Putin y China. Pero la situación es diferente a la de los años 60. El artículo de El País antes citado afirma que “los recortes y problemas técnicos han impedido el retorno. En 2004, el presidente George W. Bush abogó por las misiones con astronautas entre 2015 y 2020. Pero en 2010 su sucesor, Barack Obama, canceló ese programa y puso todos los esfuerzos en mandar un hombre a Marte, algo que confió en que ocurriría antes de 2030. Trump ha vuelto a cambiar las prioridades”. Es decir, no está claro que haya un proyecto de largo plazo en el imperialismo. Al mismo tiempo, el presupuesto de la Nasa se ha hundido hasta el 0,5% del presupuesto total, en el marco de una economía yanqui endeudada en más del 100% de su PBI.

Actualmente, Estados Unidos, Rusia y China se encuentran en una nueva carrera espacial. Según informa un artículo del diario La Nación  (19/7), “en algún momento u otro, las tres fueron pioneras en la exploración más allá de la Tierra: en 1957 Rusia fue el primer país en lanzar un satélite artificial al espacio; en 1969, EE.UU. fue la primera Nación en poner un hombre en la Luna, y este año, China fue el primer país en alcanzar el lado oscuro de la Luna”.

Trump anunció el año pasado que la Nasa apura su plan para que los astronautas norteamericanos vuelvan a hacer el viaje de tres días a la Luna en 2024; Rusia hará lo mismo en 2025 y China, en 2030. En la lucha por el control del espacio satelital y la nueva carrera espacial se ve otro flanco de la puja entre Estados Unidos y China, en la que los yanquis buscan frustrar el desarrollo tecnológico de Beijing y someter el país a una recolonización económica. Al calor de ello, se desenvuelven las tendencias a la guerra, como lo muestra el conflicto en el Golfo Pérsico.

Al mismo tiempo, hay también un creciente interés comercial por los recursos que hay en la Luna que moviliza no sólo a esas potencias sino también a otras como Israel, la India, Japón y Francia, que no se quieren quedar fuera de lo que ya se anticipa como una "fiebre del oro lunar" y de los derechos sobre la superficie lunar” (diario La Nación).

Se hace necesario liberar al desarrollo tecnológico de la manipulación y apropiación capitalista para orientarlo en función de una mejora en las condiciones de vida de las masas y no de un reforzamiento de la guerra imperialista, la depredación de recursos naturales y la opresión de naciones enteras. Ello exige un desarrollo de la revolución y el poder obrero.

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