19/07/2020

Cientos de miles de firmas por el cierre de PornHub, por contenidos de pedofilia y violaciones

La pornografía infantil, un gigantesco negocio con la complicidad de los gobiernos.

La última semana más de 400.000 personas sumaron su firma a la petición por el cierre de Pornhub, el portal de pornografía más grande del mundo. La campaña #traffickinghub, impulsada por Exodus Cry de Estados Unidos y con el apoyo de activistas principalmente de Inglaterra, surgió a partir de los numerosos casos de tráfico sexual y películas de violación infantil que se presentaron en el sitio web, siendo el más reciente el de una adolescente estadounidense de solo 15 años que había estado desaparecida durante un año y fue hallada luego de que la encontraran en un film de uno de los 58 videos del sitio donde se exponían sus violaciones y abusos sexuales.

La página web PornHub es actualmente la más solicitada alrededor del mundo, con 42 mil millones de visitas y más de 6 millones de videos que los usuarios pueden subir sin ningún tipo de restricciones. La empresa extrae beneficio de los anunciantes, en su mayoría productoras especializadas en pornografía y de los anuncios de publicidad para distintas empresas.

Un gigantesco negociado

PornHub es uno de tantos sitios de la empresa canadiense Mindgeek, actual monopolio de la pornografía online, propietaria también de RedTube y YouPorn, así como de productoras famosas como Brazzers, Digital Playground, Men.com, Realitykings y SeanCody, entre muchos otras. Año tras año produce ganancias exponenciales a través de publicidad, recolección de datos y suscripciones premium; su última declaración de ingresos blanqueados fue en 2015, por la grandilocuente cifra para ese entonces de 460 millones de dólares.

Se trata de plataformas con millares de videos de todos tipo, que diariamente se cargan principalmente por los usuarios, sin ningún tipo de restricción o protocolo a edades o “géneros”, dando lugar a la aparición de violaciones, abusos a menores, pedofilia, zoofilia, entre las principales “atracciones” a consumidores. Este pase libre a violaciones y abusos no es mera coincidencia o error, son videos que se fomentan y reproducen constantemente en las plataformas.

La fundación británica Internet Watch ha procesado en los últimos dos años 118 casos de videos con irregularidades legales. Sin embargo, está claro que es una gota en el mar de la gigantesca industria pornográfica, donde la filmación y reproducción de pedofilia y abusos son moneda corriente. Lo demuestran casos como el de Rose Calemba en 2009: una violación en manada durante 12 hs, con todo tipo de agresiones a una adolescente de 14 años, que fue filmada en su totalidad y subida a PornHub, un aberrante video que vieron más de 400 mil usuarios y se sostuvo incluso tiempo después de que ella reclamara que lo bajara.

Por otro lado, el contenido legal que produce no solo es sumamente machista, misógino y una reproducción montada e irreal de la sexualidad, sino que también se basa en el sometimiento material de miles de mujeres que ejercen la prostitución y realizan los films, exponiéndolas a situaciones totalmente abusivas y fraudulentas, pagándoles con ínfimas partes de lo que se gana con cada video y quitándoles los nombres de dominio. Es así que existen casos como el de Mia Khalifa, donde se sostienen sus videos en la web en contra de su voluntad.

Se estima que si bien MindGeek ha ido creciendo a pasos agigantados desde su creación en 2004, los ingresos de les prostituyentes se han estancado, e incluso decrecido. Esa caída se descarga sobre las actrices: en un perfil de Hollywood Reporter, se publicó que su ingreso es de un 50% menos de lo que era normal hace una década y que generalmente deben someterse a hacer más de un ‘labor’ para cada sitio, y complementarlos haciendo «actuaciones VIP» de cámara web a través de sitios como Chaturbate o AmateurPorn (Forbes, 4/7).

La complicidad estatal

Al ser la pornografía una industria que opera alrededor del mundo, judicialmente está vista de distintas formas en diversos países. En el caso del continente americano, en la mayoría de los países está legalizada la distribución y comercialización.

En los Estados Unidos, la pornografía no es ilegal a nivel federal y está sujeta a la prueba Miller (1973)​, que indica que no debe atraer el interés lascivo, no debe contener conductas sexuales prohibidas por ley y no debe carecer de valor literario, artístico, político o científico serio. El trabajo se considera obsceno si se satisfacen las tres condiciones. Una política similar con distintos matices se da en el resto de los países y es una forma de regulación de la pornografía que apunta a establecer formas de sexualidad de manera demagógica -y en el caso del primer punto conservadora- más que a atacar el proxenetismo, las violaciones y abusos.

En el caso de la Argentina, en el 2018 la Cámara de Diputados aprobó una modificación del Código Penal relativa al artículo que penaliza la producción y comercialización de pornografía infantil e incorpora la figura de la portación de imágenes como penalizable. Pero que, sin embargo, no dice absolutamente nada al respecto del desmantelamiento de las redes de producción y distribución de esos contenidos ni en relación a la apertura de investigaciones y mantiene el carácter excarcelable de estos delitos. Se trató, en suma de una legislación benévola frente a un gigantesco negocio criminal.

De conjunto, la subsistencia de estos sitios y de sus contenidos, no podría darse sin la complicidad de los organismos estatales, que pese a las infinitas denuncias no intervienen los sitios más que de una manera demagógica.

A estas complicidades debemos oponerles la organización independiente del movimiento de mujeres y disidencias por sus demandas. Por una educación sexual integral, científica y laica, para que los estudiantes no tengan que rellenarla con sitios pornográficos que -lejos de apuntar a una sexualidad plena-, lo hace reproduciendo estándares físicos y prácticas de sometimiento, idealizando una industria diseñada fundamentalmente para masculinidades. Por la separación de la Iglesia del Estado. Por el cierre inmediato de PornHub y la investigación y condena de las redes de pornografía infantil.

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