11/04/1995 | 443

La “crisis” del fútbol

Finalmente, llegarán los despidos al fútbol. A partir de la finalización del actual campeonato, es muy factible que la Primera B desaparezca del profesionalismo. Esa es la firme intención del gobierno, la AFA y la empresa Torneos y Competencias, dueña absoluta de la comercialización del fútbol televisado de la Argentina.


La medida, que comenzará a regir en seis meses, dejará en la calle a 400 futbolistas profesionales y semi-profesionales, a técnicos, ayudantes de campo, utileros, médicos, kinesiólogos, personal de maestranza de los clubes y a centenares de sub-ocupados que changuean los sábados por la tarde en las canchas de Primera B.


En una forma llamativamente simplista se tiende a explicar esta “crisis” con que la gente no concurre a las canchas. Sin embargo, se registra desde el año ’90 una tendencia sostenida de concurrencia a las canchas, que se ha volcado por entero a la divisional A.


La AFA y TyC planificaron la desaparición de la B


La AFA tomó la resolución de desdoblar la divisional en un “Nacional B” y otra B, integrada en su enorme mayoría por clubes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, que es una suerte de divisional C, tradicionalmente amateur, ya que no permite ascender a la A. Los cuadros de gran convocatoria (Chacarita-Morón-All Boys) pasaron al Nacional B, en tanto que en la otra B quedó un refrito de pequeños cuadros sin convocatoria y con escaso patrimonio. Todos estos cuadros, con excepción de Atlanta y Tigre, no recaudan más allá de las 1.000 entradas entre generales y plateas por partido. La AFA fijó precios de las entradas casi en el mismo nivel que la Primera A, para espectáculos inferiores, en instalaciones malas en la mayoría de los casos, sin siquiera partido preliminar. La consecuencia fue la deserción del público de esta categoría.


Los dirigentes de estos clubes despreciaron olímpicamente la deserción del público porque imaginaron que sobrevivirían a través de dos ayudas: una, el subsidio del PRODE, y la otra, la televisación de un partido semanal. Pero el PRODE colapsó frente a otros juegos de azar más atractivos y dejó de arrojar dividendos a los clubes, y AFA  y TyC acordaron dejar de televisar a la B.


Esta medida quebró la posibilidad de que los clubes sigan subsistiendo, ya que las empresas dejaron de hacer la publicidad estática de las canchas y de las camisetas.


Esta bancarrota explica que “una de las exigencias de la dirigencia de la divisional B es que la AFA presione a Torneos y Competencias para que abone una deuda de 120 mil dólares, que según argumentan, la empresa le debe a la divisional por derechos de transmisiones televisivas del año pasado” (La Capital de Rosario, 29/3/95).


“El monopolio TyC no hace uso de la opción que le brinda la B porque no es redituable, por lo que queda en inferioridad de condiciones respecto a las categorías mayores de la AFA” (Ambito Financiero, 30/3/95).


Después de armar esta crisis, la AFA empezó a “oficiar” de intermediaria con el gobierno para que se prorrogue por seis meses la entrada en vigencia de la nueva Ley previsional, que obliga a los clubes a elevar sus impuestos por personal a cargo. Otorgó a los clubes, por seis meses, un subsidio de 5.000 pesos y otras ayudas menores, que sirvieron para que se reanudara el torneo.


Además de tener un fuerte tufo electoral, la prórroga es en realidad el tiempo que la AFA les ha dado a los dirigentes para desmantelar sus cuadros, fusionarse o, directamente, dedicarse a otros negocios. A partir del año que viene, el “negocio” quedará sólo en manos de la AFA y TyC.


La liquidación del deporte


Ríos de tinta han corrido sobre las “mafias” del fútbol, la violencia, las “barras bravas” y los dirigentes corruptos, pero poco se ha dicho de quien verdaderamente organiza el negocio del fútbol. La AFA es la ganadora absoluta de todo esto junto con su asociada TyC. La AFA no compra jugadores pero recibe los beneficios de sus ventas y de las entradas vendidas; por la participación en todos los eventos internacionales y por la televisación de los partidos.


La decisión de derrumbar a los clubes de la B está orientada por la FIFA, que busca “italianizar” el deporte argentino, abrir plazas en el interior con sociedades anónimas tipo Mandiyú, incluso con clubes absolutamente importados. El ejemplo reciente de Argentinos Juniors en Mendoza es aleccionador, ya que la AFA logró así desdoblar los torneos de verano y, en el futuro, buscará otras importantes plazas del interior para que la televisión haga su agosto con las transmisiones.


Mientras la AFA “europeíza” el fútbol argentino, varias empresas se han largado sobre los despojos de los clubes con dificultades. “La empresa Walt Mart, una de las cadenas más grandes de hipermercados del mundo, le ofreció al Deportivo Morón unos cuatro millones de la moneda estadounidense para adueñarse de los terrenos en los que se erige el estadio e instalaciones anexas” (Nuestras Noticias, Morón, Febrero ’95).


Con independencia de la conducta poco clara de los dirigentes de la B, que permitieron que se crearan las condiciones para la desaparición de los clubes, la desaparición de éstos constituye un enorme golpe al desarrollo general del deporte. La AFA liquida con su política al conjunto de las demás actividades deportivas que realizan los clubes. Los que subsistan empresarialmente no retendrán al deporte amateur. Difícilmente vaya a producirse una rebelión contra el despotismo de la AFA. Los dirigentes de la B se adaptarán por medio de otros negocios.


Los domingos a la noche, a las 22 horas, nos van a ofrecer cada vez más mejores adelantos técnicos y televisaciones, pero para ver desde nuestras casas el asesinato del deporte nacional.

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