20/11/2014 | 1341

Rosetta

Por Blopa


Por estos días, ha llegado a la portada de los diarios una historia que parece sacada de una novela de ciencia ficción. Se trata del arribo de la misión espacial Rosetta a la órbita del cometa 67P, o Chury, y el posterior «aterrizaje» del módulo Philae sobre la superficie de éste. Esta misión fue planeada hace ya veinte años, y Rosetta fue lanzada hace más de diez desde el centro espacial que la empresa Arianespace tiene en la Guyana francesa. Con un costo de 1.800 millones de dólares, la misión permitió desarrollar y probar nuevas tecnologías.


 


No es nada sencillo programar un viaje de diez años a través del sistema solar y sincronizar un encuentro con un cometa hasta aparearlo a su misma velocidad de 50.000 kilómetros por hora. Y Rosetta acompañará a Chury por más de un año, a medida que se acerca al sol, estudiando los efectos del calor y la radiación solar sobre el cometa. Tampoco es trivial lograr apoyar un laboratorio del tamaño de una heladera sobre la superficie de una roca de 4 kilómetros de largo, completamente irregular y rocosa, casi sin gravedad. Más aún cuando, en el momento del lanzamiento, no se sabía si al final del camino habría una bola de nieve o una piedra del más duro hielo.


 


La misión permitirá estudiar algunas cuestiones fundamentales para entender cómo se formó el sistema solar y cómo se originó la vida. Por empezar, los cometas se formaron junto con el sistema solar y aquéllos que se han mantenido alejados del sol aún conservan su composición original.


 


Por otra parte, las evidencias indican que el agua presente en la tierra, que la hace habitable, proviene del impacto de millones de cometas hace unos 4.000 millones de años, por lo que estudiar la composición química de los cometas permitirá entender mejor el origen y la evolución temprana de la tierra, así como de la vida en ella.


 


Más aún, se sabe que los cometas incluyen moléculas orgánicas y se han encontrado aminoácidos en meteoritos. Por lo que el estudio detallado de los cometas ayudará a responder muchas preguntas fundamentales acerca de cómo se formó la vida en la tierra y, por extensión, si podría formarse en otras partes del universo.


 


La revancha de la ESA


La misión Rosetta forma parte del programa Horizonte 2000, iniciado por la European Space Agency (ESA) en 1985. Es, seguramente, el más difícil desde el punto de vista tecnológico de los proyectos encarados por la agencia europea. Dos años después de que la Nasa consiguiera hacer aterrizar sobre Marte la sonda Curiosity, un robot motorizado cuyo objetivo es estudiar si en Marte existieron alguna vez las condiciones necesarias para la vida, la ESA consigue meterse en la carrera espacial con una misión al menos tan espectacular como aquélla.


 


Hay, obviamente, mucho en juego. Por un lado, el negocio de las lanzaderas: Arianespace, fundada en 1980, es la primera compañía comercial dedicada a la puesta en órbita de vehículos espaciales. Es la misma empresa que fue contratada por el gobierno argentino para lanzar el satélite de comunicaciones Arsat I hace un mes. No sólo utiliza las naves Ariane, que le dan su nombre, sino que además incluye las lanzaderas Soyus a través de una subsidiaria en sociedad con las agencias rusas Starsem. Ya en 2004, Arianespace tenía más del 50% del mercado mundial, con más de 240 contratos. A principios de 2014, Arianespace debió pedir subsidios especiales a los gobiernos europeos para reducir sus precios y enfrentar la creciente presión ejercida por su competidora americana, SpaceX, propiedad de uno de los fundadores de PayPal.


 


 


Explotación comercial


Por otra parte, la energía necesaria para el funcionamiento de ambos módulos de la misión Rosetta está provista por paneles solares, en contraste con Curiosity y el resto de los proyectos de la Nasa, que utilizan energía nuclear. Esta batalla, al menos por ahora, parecería haber sido ganada por la Nasa, ya que el módulo de aterrizaje Philae debió entrar en «hibernación», debido a que sus paneles solares reciben menos horas de luz de lo anticipado.


 


Pero, quizá más importante, la tecnología desarrollada en la misión Rosetta puede ser utilizada para la explotación comercial del espacio. En particular, uno de las aplicaciones comerciales más redituables es la de la explotación minera, tanto en planetas como en cometas o asteroides. Sin embargo, antes de encarar esta explotación, es necesario saber qué tipo de minerales podemos encontrar en cada caso, en qué cantidades, a qué distancia de la superficie, etc. Este es una de los objetivos de Rosetta, que tomará muestras de la superficie del cometa hasta 23 centímetros de profundidad y analizará los materiales en un laboratorio a bordo.


 


Como se ve, detrás de los objetivos científicos existen muy prosaicas razones comerciales. Sin ellas, sería difícil explicar el enorme costo que tienen las misiones espaciales para los gobiernos europeos.

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