25/07/1995 | 457

La Fua se cocina en su propia salsa

Los días 21 y 22 de julio sesionó en la ciudad de Santa Fe el Congreso Nacional de Centros, que reunió a aproximadamente 350 delegados de diversas universidades del país.


La tónica política del mismo estuvo dada por el acto de apertura, en el cual intervinieron los “invitados”  de la FUA, los diputados Enrique Mathov (Ucr) y Guillermo Estévez Boero (Psp). Los planteos políticos de ambos apuntaron en un mismo sentido: la apología del “Súper-lema” armado para las elecciones santafecinas por la derecha radical (Usandizaga), el Frepaso y el “procesista” Alberto Natale. Es decir que todo el Congreso estuvo encuadrado en la política “amplia” de alianzas que también la FUA supo implementar a su manera: bajo el paraguas de la “amplitud” se tejió una alianza con los rectores… favorables a la ley menemista. Con la excusa de no espantar a esos “aliados” se impidió, por ejemplo, el acceso a Plaza de Mayo en la marcha del 21 de junio.


Esta línea, la de incorporar al enemigo a la movilización, es la misma política de encerrona que la FUA viene llevando adelante, que reventó la movilización y que pontificó desde el propio inicio del Congreso.


Como paliativo, la FUA propone más de lo mismo: una campaña de firmas sin destino, y esto aseverado por la propia Franja Morada, para la cual los diputados jamás votarían a favor de la iniciativa popular y, aun en el caso de que lo hicieran, no habría ninguna posibilidad de derrotar al menemismo en un plebiscito. El Congreso estuvo recorrido por una orientación esencialmente leguleya. Prueba de esto es que la principal y única medida votada fue la presentación de recursos de amparo por inconstitucionalidad… ante la Corte menemista.


Justamente, lo que brilló por su ausencia fue el debate de la acción directa y de un plan de lucha, suplantado por un ángulo propio de juristas, que tiene su coronación en la consigna de “no aplicación” de una ley cuya derogación el Congreso ni siquiera reclamó. Como señaló la UJS, en una declaración pública, “quien se niega a luchar bajo la bandera de la derogación inmediata de la ley, mal puede luchar para que ésta no se aplique. Está quebrado”.


El Congreso fue un monumento a la duplicidad política: la consigna de la “ley no pasará”, encubre que en gran medida ya se aplica y sirve de pantalla para una política consciente de desmovilización. El mentado “plan de lucha” simplemente desnuda que la FUA no tiene nada nuevo que ofrecer. Todo esto delata el carácter burocrático del Congreso, integrado por delegados electos en listas sábanas hace tiempo atrás, es decir, que no fue la representación de los estudiantes en lucha.


Esto demuestra la certeza de la caracterización volcada por la UJS en las comisiones y en el plenario final, y el acierto del reclamo de “la preparación de la huelga general universitaria, mediante la convocatoria a nuevas movilizaciones, ocupación de facultades, y el llamado a un nuevo Congreso para principios de setiembre, sobre la base de asambleas previas y la formación de cuerpos de delegados por facultad”.

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