08/05/1997 | 538

¿Qué pasa en Ciencias Sociales?

La Facultad de Ciencias Sociales de la UBA se encuentra en una situación de colapso. No existen aulas suficientes ni los docentes imprescindibles para asegurar el funcionamiento de las cátedras. Una activa movilización de docentes y estudiantes mediante clases públicas, marchas y agitación impuso al rectorado un aumento del presupuesto previsto y la cesión de algunas aulas propias —y otras prestadas— para alojar a algunos cursos. Los más masivos siguen sin poder dictarse.


El Consejo Directivo de la Facultad se niega, mientras tanto, a aprobar las designaciones de profesores adicionales. En este punto existe un acuerdo entre el Frepaso y Franja Morada, que comparten los sillones del Consejo. Centroizquierdistas y radicales se acusan mutuamente de ser los ‘responsables’ de la situación actual, pero en conjunto han bloqueado la propuesta de la asociación docente de la Facultad para proceder a cubrir los cargos necesarios para desdoblar los cursos saturados de alumnos. La disputa, entonces, apunta a copar posiciones en los organismos directivos de las carreras y del conjunto de la Facultad, para privilegiar a sus propias trenzas en la cirugía interna que impone la carencia de recursos —y hacerla pasar como un resultado de la “herencia recibida”.


Según el decano de la Facultad, Juan Carlos Portantiero, la Facultad corre el riesgo de “ser destruida” (Página 12, 27/4). ¿Por la falta de presupuesto?, ¿por la carencia de docentes?, ¿por el hacinamiento inhumano en el cual conviven profesores y alumnos? Al revés, la culpa la tendría “el espectacular crecimiento de la matrícula estudiantil (que) puso en entredicho con la realidad todo manejo presupuestario” (ídem). En consecuencia, propone un “acuerdo entre todos los actores institucionales de la facultad para quitar de la competencia política coyuntural la resolución de los serios problemas que nos aquejan a todos”.


El ‘pacto de gobernabilidad’ sería entonces para impedir la carnicería ya lanzada por el control de la miseria existente entre los diversos departamentos y camarillas profesorales. Es en función de esto que el vicedecano de la Facultad —Francisco Toto— acaba de renunciar por diferencias “irreconciliables” con el decano, una movida que estimuló el Frepaso en su afán de avanzar sobre las posiciones de los radicales, que ahora se escudan detrás de Portantiero.


El resultado es que Sociales está siendo ‘destruida’ por una pelea sin principios cuya base es no reclamar el aumento del presupuesto y el nuevo edificio a las autoridades de la UBA y al gobierno. Por ejemplo, si los recursos asignados a la Facultad fueran proporcionales a los que recibe el Nacional Buenos Aires, el financiamiento de Sociales se triplicaría inmediatamente. Pero el objetivo de la asfixia económica es imponer la reducción de la matrícula estudiantil y de la planta docente, mediante la ruina de las condiciones más elementales de estudio. Es la política del Banco Mundial y la de la ‘reforma’ que pregona el rectorado de la UCR en la UBA.


¿Es posible un “acuerdo de gobernabilidad en Sociales”? Sí, pero para enfrentar a los enemigos y destructores de la Universidad y la educación pública. Para reclamar la solución inmediata al problema de aulas, designaciones docentes y recursos económicos, y sumarse a la movilización estudiantil y docente para imponerla.


Es lo que no quieren ni el Frepaso ni la Franja.

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