22/06/2000 | 669

Respuesta a una provocación

La dirección de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA me acaba de acusar de participar junto con el docente Christian Castillo en los «Robos y Daños» –tal el título del «Comunicado» emitido por la Dirección de Relaciones Institucionales– que habrían sido cometidos el 9 de junio durante la toma de la Facultad. El «Comunicado» no menciona siquiera el paro general convocado para ese día. Al revés, informa que fue un día de trabajo como cualquier otro para «el Decano y sus Secretarios del Consejo Directivo (que se reunieron) para tratar los temas corrientes del funcionamiento de la Facultad». Tampoco dice que ni medio profesor ni uno solo de los estudiantes concurrieron a la Fa cultad a dar o recibir sus clases. ¿Sabrá el responsable de semejante información «institucional» cómo se denomina al tipo de sujetos que labora como si nada en un día de huelga general?


Estamos, en consecuencia, ante un caso grave de provocación. Algo ha sido dejado para la comedia de todos modos: el «robo» en el cual estaría involucrado se habría concentrado en «llaves, cerraduras y picaportes», según el fraudulento bando «comunicativo» que nos ocupa.


Lo cierto es que ese día, ejecutando una decisión de la Asociación Gremial Docente de la UBA y en el marco de la huelga general convocada por la totalidad de las organizaciones sindicales del país, incluida la Conadu, dicté una clase pública organizada por el movimiento estudiantil. Denunciamos, por supuesto, el miserable «paquete económico» del gobierno como una impúdica transferencia de ingresos de los asalariados al tesoro del capital financiero, que, como se sabe, ha confiscado en provecho propio el manejo de las finanzas públicas. Un «ajuste» que, como también se sabe, pretende abatirse sobre el cuerpo agónico de una enseñanza superior asfixiada hasta límites intolerables. No estamos frente a un » robo y hurto» sino ante una millonaria estafa, ejecutada, por otra parte, al modo menemista, por decreto de necesidad y urgencia.


En tal tarea participamos varios compañeros en ambas sedes de la Facultad. El «Comunicado» no habla del paro y acusa de vándalos a los estudiantes. Es el modo tradicional con el cual proceden los «hombres de Estado», sus instituciones y sus servicios cuando se trata de ensuciar la lucha popular y a sus protagonistas. Tiene razón el profesor que me envió su solidaridad cuando habla del tono policial de esta porquería de la «comunicación», en una casa de estudios donde se pretende hacer de tal disciplina una ciencia.


Policial y mentiroso: el «comunicador oficial» acusa a los alumnos de generar un «altercado» con un Secretario de la Facultad a quien intentaron impedirle el ingreso a la sede. La verdad es que el hombre intentó entrar a las trompadas a trabajar a pesar de que se le explicó pacientemente que estábamos ante un paro general de alcance nacional, que abarcaba a millones de trabajadores y que por ese motivo y como parte de ese movimiento, una Asamblea había decidido tomar la facultad. Estamos, por lo tanto, frente a una maniobra de encubrimiento de una gestión crecientemente cuestionada por sus ataques al movimiento estudiantil docente y no-docente, uno de los más activos en la mayor Universidad del país.


En una carta abierta que acabo de hacer pública en la Facultad, impugno el comunicado mentiroso e infamante, emitido sin firma.


Reclamo:


1. La renuncia inmediata del responsable del «Comunicado» aquí denunciado.


2. La formación de una comisión de investigación que juzgue mi conducta y la de mis acusadores, con la participación de las organizaciones gremiales de la Facultad, el Centro de Estudiantes, la Gremial Docente y la Comisión Interna de los trabajadores no-docentes.


3. Un pronunciamiento de todas las instancias de la Facultad sobre este escandaloso asunto y el cese de la campaña de difamación que se lanza con este libelo.


4. El rechazo de cualquier recorte del miserable presupuesto universitario, educativo y de investigación y la satisfacción inmediata de las reivindicaciones de las organizaciones de docentes, estudiantes y no-docentes defensoras de la educación pública.


Ya comenzaron a llegar los primeros mensajes de apoyo y la decisión de emprender una acción común en defensa del movimiento universitario y sus reivindicaciones.