26/05/2021
Deshielo

El Ártico bajo fuego: la disputa imperialista abierta por el calentamiento global

El calentamiento global está llevando a un cambio en la configuración geográfica en una zona clave del planeta: el Océano Ártico. El enorme avance del derretimiento de los grandes bloques de hielo del Ártico está cambiando la configuración territorial del océano, lo cual abrió una disputa interimperialista singular, fundamentalmente entre Rusia y la OTAN (Estados Unidos), con China terciando y tratando de ganar posiciones.

Mientras se discuten las consecuencias del calentamiento global en cumbres internacionales y se firman tratados, el imperialismo pelea por conquistar las áreas del planeta abiertas por dicho proceso en desmedro de sus rivales. Esto está dando lugar a un proceso de militarización, choques por rutas comerciales y recursos estratégicos. Es que el Ártico concentra, según científicos, hasta una cuarta parte de las reservas de petróleo y gas aún no descubiertas del planeta. También reservas de tierras raras, uranio y otros minerales, tanto en la plataforma submarina como en la zona ártica de, por ejemplo, Groenlandia.

El Ártico volvió a ser noticia luego de la cumbre que reúne en forma bianual a sus países costeros. En 2019 dicha instancia tuvo trascendencia por ser la primera en la cual se finalizó sin un comunicado común, por la negativa del gobierno norteamericano encabezado por Trump a firmar una declaración que involucrara un compromiso de combatir el cambio climático. Este año se llegó a un comunicado de consenso que, sin embargo, esconde mas de lo que muestra.

Las reivindicaciones territoriales están a la orden del día. Rusia, Estados Unidos, Canadá, Noruega y Dinamarca han reclamado la extensión de su “meseta continental”, más allá de su zona económica exclusiva de 200 millas náuticas (La Nación, 20/5). Rusia pica en punta: ha plantado bandera en el círculo polar, bajo el océano. Es que, según Putin, el valor de la riqueza mineral del Ártico ascendería a 30 billones de dólares (ídem), y para avanzar en su explotación construyó una estación de gas licuado en la península de Yamal -que se interna en el Ártico.

Esta explotación se lleva adelante con la colaboración de China, que también se declaró “Estado cercano al Ártico” en 2018, en una política que fue criticada tanto por Rusia como por los Estados Unidos. China está invirtiendo en rompehielos poderosos para poder internarse en la zona. Noruega también cuenta con las reservas petroleras del Ártico, y ha retomado y multiplicado desde 2020 las explotaciones petroleras en el mar de Barents. El caso de este último país es emblemático, porque mientras pontifica un capitalismo “verde” lucra con las explotaciones gasíferas y petroleras, y no duda en avanzar sobre el océano explotando el retroceso de los hielos por el calentamiento global. Francia también mete la cuchara: Total firmó un acuerdo con la rusa Novatek para extraer petróleo del mar de Kara, con un apoyo del Estado de 700 millones de euros, el cual fue denunciado por ONGs (Liberation, 21 /5).

Los recursos naturales exceden ampliamente el petróleo y el gas. En Greonlandia, territorio autónomo de Dinamarca, acaba de ganar un partido verde que cuestiona la explotación de uranio en la zona, en la cual los glaciares están retrocediendo rápidamente. El uranio va de la mano de las tierras raras, la pesca y otros recursos estratégicos.

Pero no se trata solamente de una disputa por recursos naturales. El retroceso de los hielos árticos abre nuevas rutas comerciales en zonas en las cuales se puede navegar con más facilidad. La ruta mas emblemática es la ruta marítima del norte, en Rusia, que une el extremo este asiático con lo puertos europeos. La ruta transportó 30 millones de toneladas de materias primas en 2020, contra 7 millones en 2016 (ídem). Esto encendió las protestas del gobierno norteamericano, cuyo vocero, Blinken, denunció “reivindicaciones marítimas ilegales”, de Rusia en el Ártico. La ruta es un pilar del desarrollo del proceso de explotación de materias primas en toda la zona.

Teniendo en cuenta este cuadro general, no es casualidad que se desarrolle un proceso de militarización del ártico. En 2020, la US Navy volvió a navegar el Mar de Barents por primera vez desde la guerra fría, durante la cual la zona era particularmente “caliente”: Rusia ubicaba allí gran parte de su arsenal nuclear submarino (BBC, 14/5/2020). En contrapartida, Rusia lleva adelante un despliegue en regla en toda la zona costera. Según informó la CNN, “El centro de operaciones de Rusia en el Ártico es su Flota del Norte, con sede en la ciudad militar cerrada de Severomorsk, en la costa del Mar de Barents, a 1.335 kilómetros de Alexandra Land. La Flota del Norte ha adquirido recientemente una serie de nuevos buques y submarinos para aumentar sus capacidades, pero también tiene cazas, sistemas de defensa aérea y activos de inteligencia bajo su mando, dijo el jefe de la Flota del Norte” (BBC, 23/5). Según la misma fuente, Rusia tiene capacidad de operar y aterrizar bombarderos pesados en bases en islas en el Ártico.

En definitiva, tras declaraciones y tratados contra el calentamiento global, los Estados imperialistas están en una carrera de colonización económica y militar sobre el Ártico, explotando el terreno abierto por este mismo proceso. Acá, a la vista, los motivos por los cuales el imperialismo es incapaz de ponerle freno a este proceso. Las disputas geopolíticas acentúan el proceso que lleva al planeta a una catástrofe global. La lucha por terminar con el cambio climático y restaurar el equilibrio ambiental es inseparable de la lucha por terminar con el imperialismo, sus gobiernos, y su política de rapiña sobre el mundo entero.

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