14/01/2022

El humedal es un desierto: Santa Fe, cuna del modelo agroexportador

Bajante histórica, sequía, incendios y gobiernos cómplices del saqueo ambiental.

Muchas imágenes de la catástrofe ambiental que azota a Santa Fe se acumularon en pocos días. La desaparición de Laguna Paiva, convertida en una extensión de tierra árida parecía la más sorprendente, hasta que apareció el video de un hombre caminando por el medio del río Paraná, con el agua que le llegaba al tobillo. La bajante “histórica”, que ya lleva más de dos años, no sólo no ha encontrado ninguna acción de parte de los gobiernos para remediar los daños pasados, sino que puso al descubierto la colaboración total de los mismos con la depredación ambiental que continúa sin límite.

Mientras la ciudad de Santa Fe se posiciona como una de las más calurosas del país, en el marco de la sequía y la desaparición de más de una laguna –varias han quedado al descubierto por la falta de inundación a lo largo del humedal-, se multiplican los incendios en esa zona de la provincia, así como sucede en Reconquista, donde los focos de incendios están activos, es decir, fuera de control. Las quemas en las Islas del Delta, que tuvieron lugar a lo largo de todo el 2021, continuaron hasta el nuevo año y sólo cesaron en la primera semana de enero gracias a la lluvia.

Varias organizaciones dedicadas a la defensa del ambiente denunciaron que existe además un subregistro, ya que las provincias informan menos focos de incendios de los existentes al Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Un señalamiento que se multiplicó cuando el ministro de la Contaminación, Juan Cabandié, quiso “hacer gala” de la disminución de tierra arrasada por el fuego bajo su gestión. Lo cierto es que entre el 2020 y el 2021 se quemaron 742.000 mil hectáreas de humedales, 40 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Un hecho indisoluble del aumento de las temperaturas que tiene a la Argentina, ahora, en el foco mundial de atención de quienes estudian y se preocupan por el calentamiento global.

Corte de ruta y asamblea

Es así que además de la destrucción del humedal, que tiene un valor intrínseco, estamos sufriendo la pérdida de los aportes ecosistémicos del mismo. Entre ellos, la falta de agua o el agua que llega terrosa y salada a los hogares. Por el bajo caudal, las plantas potabilizadoras empiezan a presentar fallas y ya se están produciendo cortes generalizados en regiones enteras, que se suman a los cortes de luz que se extienden a lo largo de los días en los barrios. Las imágenes de bancos de peces muertos en las lagunas, horroriza por esa fauna masacrada y también por los recursos que pierden los pescadores artesanales y las familias pobres que encuentran allí su sustento. Mientras los frigoríficos exportan los pescados de mayor volumen, los primeros, que en muchos casos son su mano de obra barata, reciben un salario mínimo vital y móvil de indigencia.

Como un símbolo, la bajante mostró el fondo de las políticas que vienen gobernando sobre el Paraná. Al propio intendente de Laguna Paiva no le quedó otra que reconocer la falta de mantenimiento e inversión que derivó en la desaparición de uno de los más importantes balnearios de la provincia, pero que obviamente no es una particularidad local. Por la baja del caudal de agua también se está vaciando el Arroyo Ludueña, en Rosario, y al retirarse el agua se pueden ver los desechos contaminantes que arrojan allí los barrios privados y los shopping, con la complicidad total de la Municipalidad y el gobierno provincial.

Son los mismos gobiernos que permiten los desarrollos inmobiliarios sobre el humedal, los responsables de la sojización de Santa Fe y el uso de agrotóxicos, los que entregaron la Hidrovía a un puñado de multinacionales agroexportadoras.

Toda esto fue denunciado en el corte del Puente Rosario-Victoria, que se realizó el sábado pasado, donde un conjunto de activistas y organizaciones ambientales, así como partidos de izquierda, nos movilizamos para reclamar por el fin de los incendios, recursos inmediatos para apagar el fuego y la ley de humedales, que el gobierno y la oposición de derecha dejaron morir en los tiempos parlamentarios por tercera vez consecutiva en diez años.

Los personeros políticos que gobiernan Santa Fe responden a esta orientación contraria a la defensa del ambiente. Es por eso es que el Comité de Emergencia, dictaminado por la Corte Suprema de Justicia, que integran el gobierno de Entre Ríos, Santa Fe y la provincia de Buenos Aires desde hace un año, no ha tomado una sola acción para terminar con los incendios que, como el propio Ministerio de Ambiente de la Nación reconoce, son en un 95% por causas antrópicas, es decir, por acción del hombre.

Aunque intentaron responsabilizar a los campistas y turistas, lo cierto es que en mayor medida las quemas no la realiza “la gente”, sino ganaderos, frigoríficos y desarrolladores inmobiliarios. Como se conoció hace pocos días, humedales incendiados en las islas del Delta aparecen luego como terrenos a la venta en los avisos clasificados de Buenos Aires, tal es el caso de lo realizado por la empresa holandesa Bema Agri (Tiempo Argentino, 5/1) .

A las calles

El próximo miércoles 19 de febrero, a las 17:30 horas, habrá una nueva marcha en Rosario, denunciando la catástrofe ambiental a la que nos someten los gobiernos capitalistas. Desde el Partido Obrero llamamos a movilizar con fuerza, porque como lo vimos en Chubut y en las grandes movilizaciones del “Atlanticazo” la lucha ambiental está en manos de la población trabajadora que se opone a un saqueo ambiental que se profundiza al calor del ajuste que reclama el FMI para el pago de la deuda externa.

La lucha ambiental permite sacar conclusiones de fondo, considerando que la Santa Fe arrasada por el fuego, la bajante y la desocupación, es la cuna del modelo agroexportador, donde menos de diez multinacionales embolsan ganancias por 35 mil millones de dólares al año. Está claro que este no es ningún modelo de desarrollo para las grandes mayorías.

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