29/09/2021

La avanzada sobre las reservas naturales urbanas y los parques públicos bonaerenses

La acelerada urbanización implica una fuerte presión sobre los recursos naturales circundantes.

De diversos tamaños y con la más variada riqueza natural y cultural de cada región del territorio bonaerense, las reservas naturales urbanas y suburbanas cumplen objetivos ecológicos y sociales claves, brindando beneficios singulares para todas las comunidades.

La acelerada urbanización capitalista, fogoneada por los desarrolladores inmobiliarios con la complicidad del Estado provincial, y el crecimiento no planificado de las regiones implica una fuerte presión sobre los recursos naturales circundantes. La acumulación de residuos urbanos sin tratamiento (como sucede en Luján, Navarro, Marcos Paz) supera rápidamente la capacidad de los ecosistemas locales remanentes para asimilarlos provocando la degradación o destrucción de los mismos, muchas veces irreversibles.

Los espacios naturales vecinos a los centros urbanos disminuyen producto del loteo indiscriminado en la lógica capitalista de convertir todo en una mercancía y se dividen en cientos de fragmentos, cada vez más pequeños y desconectados entre sí, lo que ayuda a que pierdan parte de sus funciones ecológicas vitales como pulmones verdes o protección de cuencas y costas, afectando la biodiversidad.

La tendencia hacia la homogenización de la biodiversidad

Todo el sistema de producción y de extracción de bienes comunes conspira contra la creación o el funcionamiento efectivo de las áreas protegidas. Vamos hacia una homogeneización de la propiedad de la tierra en mano de un puñado de empresarios, que a través de la deforestación y la conversión de grandes extensiones de ecosistemas naturales productivos como pastizales para el ganado o la agricultura, la diversidad que antes caracterizaba a todo el planeta se pierde y es reemplazada por agroecosistemas (monocultivos) promovidos, manejados y aprovechados por el capital concentrado del agronegocio (Monsanto, Bioceres, Bayer, Syngenta).

En este escenario de disputa donde los empresarios se apropian de estos territorios, aumentando su acumulación capitalista, transformándolos en verdaderas presas de riqueza y tratando de imponer su modelo económico industrial de ganadería intensiva (feed loots, megagranjas de pollos y porcinos) y agricultura agrotóxica (soja, trigo, arroz), debemos dar la pelea en el marco de la defensa de políticas ambientales conservacionistas y la creación de nuevas reservas para frenar el avance de la frontera agropecuaria que coloque la voluntad popular por encima de los intereses económicos y políticos de los empresarios.

Muchas ciudades bonaerenses mantiene en su interior o en la periferia espacios verdes equivalentes, en algunos casos, a la tercera parte de su superficie. Cuando estos sectores resguardan sitios históricos y paisajes agrestes típicos de la región con sus plantas y animales originarios, pueden ser reconocidos como reservas naturales.

Sus objetivos principales son la educación ambiental, así como la conservación de los recursos naturales y culturales. Todo ello brinda oportunidades para la educación, la investigación, la capacitación, el esparcimiento y la recreación.

Para obtener un equilibrio necesario entre ciudad-campo y naturaleza, es indispensable que estén contemplados en el “planeamiento urbano sectores pequeños y medianos con vida silvestre del lugar”.

¿Es posible convivir con la naturaleza en las ciudades bonaerenses?

En los centros urbanos bonaerenses, quedan todavía espacios naturales valiosos por su buen estado de conservación o con potencial para regenerarlos. La mayoría son de dominio provincial o municipal, el resto depende de universidades o Institutos. Muchas áreas no figuran en las nóminas oficiales por lo que resulta difícil conocer el número total determinar su importancia local o regional.

En el AMBA existen nueve reservas naturales urbanas reconocidas oficialmente: Otamendi, Ribera Norte, Vicente López, Punta Lara, Guillermo E. Hudson, Isla Martín García, Santa Catalina, Pilar y Los Robles y 6 no reconocidas: Laguna de Rocha, Isla Verde, Biosfera Delta del Paraná, San Fernando, Campo de Mayo, Isla Botija.

En el interior provincial existen 16 reservas naturales urbanas reconocidas oficialmente: Parque Aguiar, Bahía Anegada, San Blas, Parque costero Magdalena, Vuelta de Obligado, Campos del Tuyu, Laguna de Gómez, Arroyo Los Gauchos, Puerto Mar del Plata, Faro Querandí, Ramallo, Pehuen-Có, Baradero, Sierra del Tigre y Mar Chiquita.

¿Cómo organizamos un frente único de lucha?

En las reservas urbanas se han gestado distintas luchas por la ola privatizadora de las tierras públicas y el cambio de uso de la zonificación de los predios, cambiando su uso de espacio verde público a una categoría mixta de usos múltiples, en esta lógica capitalista de convertir todo en una mercancía, lo que implica que unos pocos empresarios y los gobiernos patronales de turno logren apropiarse y administrar recursos aumentado su acumulación y fuentes de riqueza, mientras las grandes mayorías viven en la pobreza, atados a las condiciones preexistentes y al margen de toda decisión y uso.

La lucha ambiental frente al avance de las empresas y la complicidad del Estado es una sola. Las reservas, parques, plazas y espacios públicos son todos terrenos de disputa y susceptibles de ser comprados o vendidos. Ante esta situación, desde el Partido Obrero consideramos necesario que sean los propios trabajadores de las reservas los que por medio de un organismo de control interno tengan la facultad de controlar la gestión de los parques.

Es fundamental poner en pie comisiones integradas por juntas y asambleas vecinales, trabajadores y especialistas, independiente de los gobiernos patronales y el Estado, que peleen por el control sobre el manejo de los parques, reservas y espacios verdes, para asegurar el cumplimento de los objetivos de conservación de los paisajes originarios que contribuyan a mantener los procesos naturales de la región y protección de sitios históricos, yacimientos arqueológicos y paleontológicos, incluyendo la construcción e instalación de mejoras, previo estudio de impacto ambiental elaborado por especialistas independientes, prohibiendo en la reserva usos y actividades incompatibles con los objetivos del área, en particular los que atenten contra la conservación del patrimonio natural-cultural y la tranquilidad necesaria para cumplir sus fines sociales y ambientales.

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