07/04/2011 | 1171

Lago Escondido: el acampe VIP

-Exclusivo de internet

La plaza principal de Viedma, a la vera de la cual se encuentran la Casa de Gobierno, el Superior Tribunal de Justicia, algunos ministerios y otros importantes edificios públicos, ha sido el histórico escenario de fuertes movilizaciones y acampes de diferentes sectores gremiales y sociales de la provincia.

La pasada semana se vivió un «acampe» diferente. Costosas globas florecieron frente al Superior Tribunal, mientras una flotilla de 4×4 ocupaba el estacionamiento.

Rápidamente se develó la incógnita. Se trataba de un centenar de personas -supuestos empleados de Hidden Lake- que, encabezados por Nicolás Van Ditmar (representante de los intereses del magnate inglés Joe Lewis), protestaban contra la decisión de la Justicia rionegrina de exigir a la empresa en cuestión la apertura de un camino (una «servidumbre de paso») hasta el Lago Escondido, cautivo entre las decenas de miles de hectáreas propiedad de Lewis.

No es la primera vez que este personaje aparece en las páginas de «Prensa Obrera». Años atrás, una importantísima lucha de los vecinos de El Bolsón y Mallín Ahogado impidió que se apropiase de la Pampa de Ludden, desde donde hubiese controlado la naciente de las aguas que irrigan el valle bolsonés, con el pretexto de construir allí un aeropuerto internacional «que también pudiesen utilizar los vecinos de El Bolsón»…

Desde entonces a esta parte, Lewis ha seguido acrecentando su patrimonio y el Lago Escondido ha quedado más escondido que nunca. En numerosas oportunidades, organizaciones ambientalistas y vecinos de El Bolsón han intentado -infructuosamente- llegar al lago… para toparse con los Winchester de la «seguridad privada» de Lewis o con la patota del impresentable intendente de El Bolsón, «Cacho» Romera, confeso lobbysta del multimillonario inglés.

La actuación del juez del Superior Tribunal, Víctor Sodero Nievas, dando curso al amparo presentado por organizaciones ambientalistas y vecinos del lugar, y ordenando a la provincia que acondicione y abra al tránsito el llamado «camino de Tacuifi» fue el detonante de la protesta patronal.

El momento de efectuarla no fue elegido al azar. Fueron a pasarle factura al gobierno de Saíz, por años de apoyo a la gestión radical, en la provincia y en El Bolsón (en donde el recientemente ungido candidato a gobernador, César Barbeito, fuese intendente).

En la plaza viedmense, en declaraciones a los medios presentes, Nicolás Van Ditmar anunció que «vamos a defender la propiedad privada (de Lewis) con los Winchesters en la mano… correrá sangre si hace falta» (Diario Río Negro, 29/3)… lo que no impidió que el flamante aliado del sabbatelismo, Saíz, bajara a la plaza a estrecharlo en un caluroso abrazo y a prometer «interiorizarse personalmente del problema», lo que permite suponer que el mandamus judicial volverá a caer en saco roto y la provincia seguirá pedaleando la construcción del mentado camino, como lo ha venido haciendo hasta ahora.

Las declaraciones del contendiente de Saíz-Barbeito en las recientes internas del radicalismo, Bautista Mendioroz, de que «las leyes están para ser cumplidas» -en alusión a la resolución judicial- ponen de relieve hacia dónde fue el apoyo de Hidden Lake en la citada interna.

Estos sucesos de Viedma cobran particular relieve porque son el emergente de una situación que se repite y multiplica en toda la Patagonia Austral: la entrega desenfrenada de tierras, bosques, reservorios de agua y demás recursos naturales al capital privado extranjero (y al nativo en menor grado).

Este proceso no se detiene solamente con «recursos de amparo» o exigiendo las «servidumbres de paso»; solamente un gobierno de trabajadores -capaz de reorganizar la sociedad sobre nuevas bases- podrá poner coto a este saqueo, expropiando a los Lewis, los Turner, los Benetton y demás usufructuadores de una riqueza que pertenece al pueblo argentino.

El gobierno nacional -ni hablar del provincial- marcha en el sentido opuesto. El reciente veto a la Ley de Protección de los Glaciares sella una alianza estratégica con estos grupos económicos.

Los luchadores ambientalistas deben sacar todas las conclusiones de este episodio; su valiosa y esforzada lucha sólo tiene una perspectiva si empalma con los oprimidos por estos terratenientes y los intereses sociales que representan, en principalísimo lugar, con las reivindicaciones de los pueblos originarios y los miles de obreros rurales y pequeños campesinos crianceros, sistemáticamente expulsados de sus tierras.

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