09/01/2017

Rio Negro y Neuquén: Marchas contra la contaminación de los ríos

Miles de personas manifestaron el sábado en ambas provincias.


El sábado 7, miles de personas se movilizaron en Neuquén y Rio Negro contra la contaminación de los ríos de ambas provincias. En la ciudad de Neuquén, la movilización que recorrió la costa del rio Limay fue de cuatro cuadras. En Fiske Menuco (Gral Roca), marcharon 800 personas; en Villa Regina, otras 500. También hubo manifestaciones Bariloche, Viedma y Allen. El Partido Obrero participó en muchas localidades y distribuyó una declaración política. Además, ese mismo día, en El Bolsón, diez mil personas marcharon en repudio a la entrega de tierras al magnate inglés Joe Lewis.


La creciente contaminación del Río Negro ha disparado las alarmas. Las mediciones realizadas por la AIC y otras reparticiones arrojan una contaminación con “escherichia coli” que –en grandes sectores de su recorrido– lo convierten en “no apto para actividades recreativas en contacto con el agua”.


Nada retrata mejor el desinterés y la desidia de nuestros gobernantes que la creciente contaminación de la cuenca hídrica del Negro, la segunda en importancia en nuestro país.


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El Río Negro nace contaminado; San Carlos de Bariloche, la principal población rionegrina, vuelca sus aguas servidas “en crudo” en el Nahuel Huapi, del que nace el Río Limay, que se funde al Neuquén para conformar el Río Negro. Aguas abajo, las represas de Alicurá, Piedra del Aguila, Pichi Picún y el Chocón sobre el Limay y Cerros Colorados y Planicie Banderita sobre el Neuquén alteran al discurrir natural de los ríos, priorizando la generación de energía sobre cualquier otro considerando, y son responsables de la eutrofización (acumulación de residuos orgánicos que causa la proliferación de ciertas algas) de los ríos Limay, Neuquén y Negro literalmente, “ahogan” los ríos.


A partir de allí, una población de 500.000 habitantes –desde Neuquén hasta Viedma– vierte sus aguas servidas en el Río Negro y sus afluentes… En la mayor parte de los casos lo hacen “en crudo”. Las plantas de tratamiento de líquidos cloacales brillan por su ausencia y, allí donde existen, son viejas, obsoletas, e inadecuadas para una población que en las últimas décadas ha crecido en forma exponencial.


Debemos considerar también que por las cloacas van, además de las aguas servidas, cantidad de residuos industriales (detergentes y deshechos de los lavaderos de autos, aceites degradados de los talleres mecánicos y lubricentros, reactivos de los laboratorios, etc.).


Y la contaminación por el vertido de las cloacas es solo la “punta del iceberg”… la contaminación de la cuenca recoge otros vertidos aún más peligrosos. Son numerosas las empresas que vuelcan sus desechos industriales en los ríos de la región; basta un par de ejemplos: el llamado “canal de los milicos” en donde arrojan sus residuos importantes industrias cipoleñas –incluyendo una pastera– muestra un nivel de contaminación al lado del cuál el Riachuelo parece un límpido arroyo de montaña. Otra industria cipoleña arroja los residuos de la faena de miles de pollos diarios al desagüe… decenas de vecinos de Puente de Madera han debido ser relocalizados por los olores nauseabundos que emanan… ¿A dónde va a parar toda esta inmundicia? Al viejo Curú Leuvú (como llamaban los mapuches al rio Negro).


En su tránsito por el Alto Valle –y en menor medida por el Valle Medio- el río recibe los residuos altamente tóxicos de los agroquímicos utilizados en la cura de los frutales y hortalizas; incluyendo órganofosforados, sin que los controles que últimamente se realizan hayan logrado revertir esta polución. 


Por si faltaba algún ingrediente a este cóctel letal, debemos agregar los vertidos de la explotación hidrocarburífera en Allen, Fernández Oro y otras localidades valletanas, que contaminan las napas y por ende también el curso principal. En síntesis, la crisis de rentabilidad del régimen capitalista apunta a resolverse con el ajuste de costos en saneamiento como plantas depuradoras, nuevas tecnologías y controles, para ello cuentan con la complicidad de todos los partidos patronales que gobiernan.


Debemos exigir a los gobiernos provinciales y municipales soluciones inmediatas a esta catástrofe ambiental. No basta “diagnosticar”. Es necesario poner en marcha efectivas medidas de control para evitar que la contaminación continúe aumentando (hoy los controles son inexistentes). Tan necesario como controlar efectivamente es poner en práctica medidas de “remediación ambiental” para revertir el daño ya causado.


¿Van a llevar adelante estas medidas los gobiernos que, por ineptitud, desidia o manifiesta complicidad han mirado para otro lado durante todos estos años? Es poner al zorro a cuidar el gallinero. Sólo la participación activa de la población –a través de las asambleas ambientales y los trabajadores– puede garantizar la efectividad de las medidas a adoptarse.


 

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