30/11/2020
SANTA FE

San Lorenzo bajo el agua: la culpa no es de la lluvia sino del gobierno

Por un impuesto progresivo a las cerealeras que financie un plan de obras públicas bajo control de las asambleas barriales.

Ante el temporal y las fuertes lluvias que recorrieron Santa Fe el fin de semana, se volvió a poner de relieve por enésima vez la situación de precariedad y la falta de obras hídricas y de infraestructura de todo tipo, que redundaron en decenas de familias obreras inundadas en la ciudad de San Lorenzo o la falta de luz que todavía afecta a los departamentos del norte provincial, como sucede en Vera.

La urbanización en San Lorenzo está creciendo de manera anárquica, mientras el intendente Leonardo Raimundo anuncia megaemprendimientos con obras gigantescas en barrios donde proliferan los asentamientos. Cada vez que llueve fuerte, San Lorenzo se inunda de sur a norte y de este a oeste por falta de zanjeos, desmalezamientos, entubamientos y mantenimiento municipal en los barrios periféricos.

El centro de la ciudad no está exento, ya que no se realiza el mantenimiento y obras de desagüe pluvial. Las obras que existen son de maquillaje. No obstante, en la factura del impuesto municipal aparece una tasa para el fondo de construcción de viviendas que no se realizan en la ciudad desde hace años.

En el Concejo Deliberante se debate con arquitectos cómo solucionar estos problemas pero pasa el tiempo y los barrios siguen postergados. Basta ver las redes sociales cuando comienzan las lluvias y las y los vecinos a postear fotos y denuncias sobre el anegamiento de los barrios y el abandono que los deja sumergidos bajo el agua. Los vecinos llevan proyectos al concejo deliberante pero allí se cajonean, porque los fondos para las obras públicas han sido recortados en medio del ajuste fiscal.

Desde el Partido Obrero nos solidarizamos con las familias afectadas en la ciudad y planteamos asambleas de los vecinos y movilización al poder político para las obras urgentes de remediación. La planificación de las obras hídricas que correspondan bajo control de esas asambleas y un plan de urbanización financiado por un impuesto progresivo a las cerealeras y puestos privados.

 

 

 

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