08/10/2020

Trigo HB4: aprueban un transgénico disfrazado de resistente a sequía

Se esconde detrás la incorporación de genes resistentes al agrotóxico glufosinato de amonio, para el combate de malezas.

No debe aprobarse ningún transgénico más.

Al igual que ocurrió hace casi 24 años, cuando Felipe Solá ocupaba la Secretaría de Agricultura, el gobierno nacional aprueba eventos transgénicos sin las más mínimas y elementales normas de seguridad. En este caso es el trigo HB4. Es una aprobación de manera “condicionada”, pues persisten las mismas dudas que en 2019, cuando fue el primer intento de aprobación de este transgénico.

El trigo HB4 es presentado como un logro de la transgénesis por cierta resistencia a sequía, cuando lo que se esconde detrás es la incorporación de genes resistentes a glufosinato de amonio para el combate de malezas. Podría llegar a ser una buena alternativa si sólo se le transfiriera resistencia a sequía.

Un poco de historia reciente

Lo que el gobierno macrista no se atrevió a realizar está a punto de concretarse, con total liviandad, con el gobierno de Alberto Fernández desesperado por impulsar el ingreso de dólares para cumplir obligaciones de la deuda externa. En el mundo no se comercializa ningún trigo transgénico. Hubo proyectos por parte de empresas, como Monsanto en Canadá, de las que rápidamente se desistió ante los problemas que podría generar su comercialización.

Más aún, la Cámara de Exportadores de Cereales argentina (CEC) expresó su preocupación por la recepción que tendría la aprobación del evento en los demás destinos de exportación. Otros intentos de desarrollo de trigo transgénico chocaron contra el rechazo al producto en países importadores. En Estados Unidos, el segundo exportador mundial de trigo, el presidente del Consejo de Calidad de Trigo, Dave Green, dijo a Reuters que en su país no existe interés en desarrollar trigo transgénico. «Ninguno de nuestros clientes extranjeros quiere», señaló. Estas posiciones no obedecen a cuestiones de protección ambiental, sino que solo responden al comportamiento de los mercados.

No obstante estas cuestiones, se persiste en el intento de aprobar un evento que sin lugar a dudas tendrá enormes problemas para su comercialización internacional. Si bien es una resolución que aún no fue publicada en el Boletín Oficial, se espera que Brasil -principal comprador externo de nuestro país- apruebe la compra de trigo transgénico (HB4) para su aprobación definitiva. El año pasado, el 45% de los 11,3 millones de toneladas del cereal exportados fueron al país carioca; otros destinos importantes del trigo argentino son Indonesia -que en 2019 compró dos millones de toneladas-, Chile y Kenia.

En Argentina no existe ninguna ley que obligue a identificar qué producto contiene transgénicos. Pero esto sí ocurre en muchos países del mundo; en la Unión Europea, Rusia, India, China y Australia, entre otros. De ahí los posibles inconvenientes en su comercialización.

Otro tema para tener muy presente es lo informado en 2016, también por la agencia de noticias Reuters, sobre que un cargamento de trigo argentino que fue rechazado en Corea del Sur por estar contaminado con una variedad transgénica que no estaba autorizada en el país.

En qué consiste el trigo transgénico HB4

La empresa Bioceres, a través de su joint venture con el semillero francés Florimond Desprez, Trigall Genetics, presentó el “trigo HB4”, surgido a partir de investigaciones de Raquel Chan de la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet. Entre sus atributos, la empresa cita que es “tolerante a la sequía” y al agrotóxico glufosinato de amonio, más cuestionado por su toxicidad aún que el glifosato.

Bioceres, el principal beneficiario, es una «plataforma de negocios de tecnología agropecuaria» que nació en medio de la crisis de 2001, y se destaca por tener 308 «dueños». Entre ellos, figuras como Hugo Sigman -del grupo Insud-, el mayor accionista individual, Gustavo Grobocopatel, y muchos otros millonarios nativos. El año pasado, mediante la compra de Union Acquisition, una compañía estadounidense, comenzó a cotizar en la Bolsa de Valores de Nueva York (Clarín, 18/11/19) como Bioceres Crop Solutions «BIOX», con un valor de mercado de 456 millones de dólares.

La pata científica del proyecto es la doctora Chan y su equipo. Esta investigadora, en un artículo de Página 12, repite la misma cantinela de las muy interesadas corporaciones internacionales que lucran con el negocio de la semilla, los agroquímicos y los fertilizantes: plantea que hay que alimentar a la creciente población, menciona que la obtención de estos eventos propicia una disminución del consumo de agroquímicos. En realidad, en los 23 años que pasaron desde el reconocimiento del primer evento OGM, la soja RR, no sólo no se estabilizó su consumo, sino que se incrementó exponencialmente.

Además, sus investigaciones prácticamente ocultan los genes de resistencia al glufosinato de amonio que portan los trigos HB4. Comenta que los transgénicos deben atravesar normas y medidas muy rigurosas, establecidas por la Conabia y el Senasa como organismos encargados del control. Pero la Conabia tiene 34 integrantes totales, de los que 26 pertenecen a las compañías o tienen conflictos de intereses con ellas; por lo tanto puede decirse que los estudios de “inocuidad” son realizados por las mismas empresas que producen los transgénicos, y los expedientes son confidenciales.

No debe aprobarse ningún transgénico más

La presentación de este evento de trigo hace eje en que es resistente a la sequía, escondiendo que tiene incorporado genes resistentes al poderoso herbicida, que podría causar consecuencias impredecibles sobre el ambiente y la salud de comerse pan a partir de este trigo. Siempre está latente además la posibilidad de contaminar otros productos no transgénicos, como la cebada y el sorgo. Otro tema peligroso es que, al presentarse como resistente a la sequía, sería motivo para impulsar su cultivo en zonas de latitudes más altas, donde hoy la cobertura de suelos es bosque nativo, y por lo tanto redundaría en nuevos avances de la línea de la frontera agropecuaria.

No debe ser aprobado este evento como ningún otro OGM, por una razón muy simple: no debemos seguir permitiendo que los dueños de la semilla, los agroquímicos y los fertilizantes, el capital financiero, siga enriqueciéndose a costa de dañar los suelos, el ambiente y por sobre todo a los habitantes rurales que por millones reciben a diario la salvaje lluvia de venenos. Se esconde detrás de cierta resistencia a sequía el uso indiscriminado de glufosinato de amonio.

Se dice que el trigo transgénico implicaría “un salto importante en la productividad del trigo”, pero no hay sustento para tal afirmación. Hasta ahora sólo se utilizó experimentalmente.

El Partido Obrero rechaza este el trigo transgénico y los OGM propuestos por grandes multinacionales semilleras, en tanto y en cuanto promueven un mayor e indiscriminado uso de agrotóxicos venenosos. Hay muchísimas líneas de investigación biotecnológicas realmente interesantes, y de gran impacto para la salud humana y ambiental, pero a las empresas que motorizan estos eventos se mueven en cambio por el inmenso negociado de los agrotóxicos.

Defendemos las investigaciones científicas, reclamamos presupuesto para que el Conicet y las universidades las puedan desarrollar y comercializar sin recurrir a ninguna empresa capitalista, para que sirvan a la multiplicación productiva y el abaratamiento del costo de la canasta familiar, para que el conocimiento científico sea puesto al servicio de la reorganización social del país, de la revolución proletaria. No es el caso del trigo HB4.

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