26/08/2020

100 años de la aprobación del voto femenino en Estados Unidos

Liga de sociedades religiosas por el sufragio femenino (1914)

El ascenso los últimos años del movimiento de mujeres en el mundo, y en los Estados Unidos en particular a través del “Me too”, ha despertado un nuevo interés en la historia de este movimiento.

Esta semana se cumplirán los 100 años de la aprobación del voto femenino en los Estados Unidos a través de la 19º Enmienda en la Constitución impulsada en aquellos años por la  National American Woman Suffrage Association (NAWSA- Asociación Norteamericana por el Sufragio de la Mujer) como dirección del movimiento sufragista de ese país.

La llegada de esta conmemoración ha despertado una rica polémica al interior del movimiento de mujeres estadounidense actual, principalmente en torno a los límites que tuvo esta ampliación de derechos en el marco de una sociedad atravesada por la desigualdad de clase y por la segregación racista de su población afrodescendiente. A su vez fueron muchas las voces que cuestionaron la pertinencia política de reivindicar las organizaciones y las principales figuras del movimiento sufragista de principios del siglo XX.

Las enormes movilizaciones actuales del pueblo norteamericano en el marco de una agudización de la crisis económica contra un régimen político que reproduce el racismo y descarga la violencia de sus fuerzas represivas contra la población negra, las mujeres y el conjunto de les trabajadores le da un carácter urgente al debate de estas cuestiones.

La actriz alemana Hedwig Reicher disfrazada de Columbia durante marcha sufragista en Washington (1913)

Surgimiento del movimiento sufragista norteamericano

Una vez superada la guerra de secesión, los Estados Unidos fueron el escenario de un importante desarrollo del capital en torno a las nuevas industrias y la creación de importantes urbes. Esto fue posible gracias a la llegada masiva de inmigrantes que dio nacimiento a un nuevo proletariado industrial sometido a la superexplotación con jornadas de más de 14 horas, salarios miserables y condiciones de vida signadas por el hacinamiento. Por este motivo, a fines del siglo XIX, el país vivió un alza de la lucha de la clase obrera norteamericana donde la histórica gran huelga de los mártires de Chicago por la jornada laboral de 8 horas aún hoy recordamos les socialistas internacionalmente todos los 1º de mayo.

En este marco de conflictos obreros el siglo XX dio su inicio a lo que algunos historiadores llaman la “Era Progresista”, por la pretensión de sectores de la burguesía norteamericana de dar una respuesta a este ascenso de la lucha de clases con medidas que integrasen a nuevos sectores al apoyo al régimen político. Una amplia coalición de sectores reformistas de la clase media y de la burguesía plantearán la necesidad urgente de un cambio de las ideas políticas para una transformación en el capitalismo con el objetivo de “humanizarlo” mientras se mantenían las desigualdades de clase intactas.

Surgieron nuevos movimientos policlasistas que reclamaban una ampliación de la participación política como el medio por el cual se garantizaría según ellos la armonía, la unidad y la prosperidad en la sociedad norteamericana, preservando el régimen de explotación capitalista.

Es en este marco que se da el surgimiento de un importante movimiento de mujeres sufragistas norteamericano bajo el lema “Votes for Women” imitando en sus reclamos, consignas y colores el movimiento pre-existente entre las mujeres europeas. En muchos casos se trató de la consecuencia directa del contacto que sus primeras impulsoras norteamericanas habían tenido con sufragistas británicas, como  Emmeline Pankhurst, en el marco de sus estudios y viajes por el continente europeo.

La  National American Woman Suffrage Association y el Patido Nacional de la Mujer fueron las organizaciones que nucleaban a nivel nacional a los distintos grupos de mujeres sufragistas blancas de cada región del país en pos de la enmienda de la constitución. Sus principales dirigentas Alice Paul, Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton se han convertido en las caras conocidas del movimiento sufragista norteamericano al punto de que la gestión de Barack Obama propuso en 2016 colocar sus retratos en el nuevo billete de 10 dólares junto con una imagen de la movilización sufragista de 1913 en Washington.

Su objetivo era el de realizar una activa campaña militante para difundir y persuadir sobre la necesidad de ampliar el derecho al voto a un sector de las mujeres. A través de reuniones, actos callejeros, piquetes pacíficos, juntadas de firmas y algunas movilizaciones buscaron convencer y presionar a los congresistas y al ejecutivo para que tratasen y aprobasen el proyecto de enmienda a la constitución.

Cabecera de la marcha sufragista en Washington con la activista de la alta sociedad Inez Milholland Boissevain a caballo (1913)

Composición del movimiento sufragista norteamericano

En 1913 fue realizada una marcha nacional en  Washington que se convirtió en un hito de la historia de este movimiento congregando a 10 mil personas por el voto femenino en la apertura de sesiones parlamentarias por parte del demócrata recientemente electo presidente W. Wilson.

El folleto de convocatoria de la NAWSA a la misma cuenta con pequeñas biografías de las principales organizadoras y oradoras de la jornada como Alice Paul. Se tratan en su totalidad de mujeres blancas, nativas y educadas en prestigiosos Colegios y Universidades norteamericanas o del continente europeo. El mismo destacará de cada una de ellas sus currículums académicos y profesionales, su impronta familiar tradicional y su compromiso filantrópico y con organizaciones de caridad.

Los diarios de ese día relataron la presencia de distintos políticos, artistas, intelectuales y figuras de la alta sociedad norteamericana en favor del voto femenino junto con las filiales de la NAWSA de todo el país, delegaciones sufragistas europeas, asociaciones de profesionales, fraternidades universitarias y sectores de las fuerzas armadas.

La presencia de mujeres negras en la convocatoria sabemos que existió a través de las miembras de la fraternidad Delta Sigma Theta, la primera fraternidad de mujeres afrodescendientes de los Estados Unidos, creada solo dos meses antes de la movilización por una minoría que podía acceder a la educación superior. Sectores del movimiento de mujeres actual del país sostienen que fue intención de la NAWSA excluir de la marcha a estas profesionales negras que reclamaban “doblemente” el sufragio para ellas. La fraternidad habría asistido a pesar de la negativa de la NAWSA y de Alice Paul. Por este motivo habrían tenido que colocarse al final de la columna como una política segregacionista que evitase la molestia de las delegaciones de las sufragistas sureñas.

El programa de las sufragistas

Solo tres años antes de esta conocida marcha sufragista los Estados Unidos eran el escenario de otro hito histórico del movimiento de mujeres pero con un marcado carácter obrero. En un contexto de conflictividad social más general por mejoras en las condiciones laborales estalló el levantamiento de las 20.000 camiseras en New York con una huelga general prolongada. Se trataban de mujeres inmigrantes, pobres y en su mayoría analfabetas que exigían una reducción de la interminable jornada laboral y denunciaban la enorme brecha salarial existente entre hombres y mujeres en la industria textil y de la confección.

¿Fueron convocadas a movilizarse desde la NAWSA por el sufragio femenino en 1913 las mujeres trabajadoras de las ciudades y del campo? ¿Participaron sectores de la clase obrera de la movilización en Washington entendiendo al voto femenino y la igualdad política entre hombres y mujeres como un modo de conquistar sus propias aspiraciones?

El material distribuido por la NAWSA en oportunidad de la Procesión de 1913 en su apartado “Why Women want to vote” (Por qué las mujeres desean votar) no contemplaba estos reclamos económicos urgentes de las mujeres obreras y se limitaba a reclamar la igualdad política y legal “con nuestros hermanos” en el marco de este régimen social.

Las sufragistas de la NAWSA criticaban explícitamente la situación imperante en la cual no se las dejaba votar a ellas por el hecho de ser mujeres, siendo que habían sido educadas a la par que sus hermanos, nacido de los mismos padres, crecido en las mismas  familias y que al igual que ellos eran propietarias que pagaban sus impuestos.

Por otro lado, destacan el carácter puro y de moral incorruptible que poseía naturalmente la mujer educada y por el cual su voto mejoraría la Nación. A su vez, denunciaban como una injusticia que sí se le permitía votar y estar por encima de ellas a hombres “inmigrantes”  “borrachos”, “vagos”, “ignorantes” o “que han cumplido condena en cárceles”. A tal punto se defiende la ampliación del derecho a votar para algunas mujeres sobre la base del argumento del voto calificado que afirman en sus panfletos que la incorporación de ellas aumentará la proporción de votantes “educados” y “nativos” en los Estados Unidos.

Sufragistas protestan contra la oposición del presidente Wilson al voto femenino (1916)

¿Ampliación de la participación política?

La aprobación de la 19º enmienda en 1920 fue uno de los hitos de la legislación progresista de los Estados Unidos permitiendo el acceso al sufragio por primera vez para un sector de las mujeres norteamericanas. Sin embargo, esta “nueva democracia” en el marco del mismo régimen de explotación capitalista requería determinar muy bien las fronteras de la participación política que se ampliaba. De esta manera, se trató de un proceso contradictorio ya que el electorado sería expandido con el otorgamiento del sufragio femenino que reclamaba la NAWSA pero al mismo tiempo contraído con el retiro en los estados del sur de derechos políticos que había conquistado hasta entonces la población negra y con la extensión de la práctica de realizar test de alfabetismo como condición para el derecho al sufragio. Por lo tanto, fue reforzado un voto calificado y censatario y quedó aún más lejos del sufragio universal.

La combinación de estas medidas en algunos de los estados con nuevas condiciones de residencia y registro censal dan un balance general de mayor exclusión al existente en la década anterior de los derechos políticos de la población obrera, de la inmigrante y de la afrodescendiente. Este cuadro recién pudo revertirse en el país con la Ley de derecho de voto en 1965 en el marco de un importante ascenso de la lucha por los derechos civiles.

Con la victoria de la 19º Enmienda a partir de 1920 fueron incorporadas numerosas mujeres blancas a los procesos electorales alcanzando la tan reclamada igualdad legal. En paralelo a esto, eran a su vez excluidos por la democracia norteamericana millones de hombres inmigrantes, negros y pobres mientras se mantenía la ausencia completa de derechos políticos para las mujeres por ser afrodescendientes, analfabetas o inmigrantes.

A diferencia de lo que se suele creer popularmente el reclamo de que voten las mujeres de los principales sectores del movimiento sufragista norteamericano no tenía un contenido universal sino que se hacía poniendo especial énfasis en su carácter de mujeres nativas, educadas y blancas. Esta orientación era la que primaba en el programa político de sus referentes y corresponde a su vez con la composición social y de clase de la mayoría de las participantes de este movimiento de hace 100 años.

La búsqueda de una reforma política del sistema electoral por parte de las sufragistas no confluye con los reclamos que levantaron aquellos años las mujeres trabajadoras fuertemente organizadas para mejorar sus paupérrimas condiciones de vida. Esto es así debido a que en tanto representantes femeninas de las clases propietarias norteamericanas no cuestionaron el régimen social de explotación que las beneficiaba económicamente ni la opresión racista que las tenía como privilegiadas.

En un contexto que se caracterizó por la agudización de la lucha de clases a escala internacional las organizaciones sufragistas norteamericanas se limitaron a reclamar su derecho a una igualdad legal con sus compañeros de clase sin cuestionar la desigualdad real a la que nos somete este régimen social a las mujeres durante esos años.

Solo unos cuantos meses antes, la revolución rusa de 1917  había establecido la igualdad política entre hombres y mujeres como parte de una transformación social emancipadora integral. Las dirigentas del sufragismo norteamericano se empeñaron en evitar que su movimiento fuese un canal para una mayor radicalización política en el marco de enormes huelgas  y la radicalización de masas.

 

 

 

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