10/04/2021

150 años de la fiebre amarilla en Buenos Aires

Los reflejos del ayer en la pandemia de hoy

Un episodio de la fiebre amarilla (1871) de Juan Manuel Blanes

El 10 de mayo de 1871, fue el día que más gente murió (563), producto del pico máximo de la epidemia de la fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires en esa época. La epidemia cambió la ciudad para siempre. Murieron un total de 14.000 habitantes, un 8% de la población. Los sectores acaudalados abandonaron sus mansiones en el centro y en el sur de la ciudad para mudarse a zona norte. Los hospitales existentes en esa época superaron su capacidad, la gente moría en las calles y el cementerio del sud fue cerrado por rebalsar su capacidad. El gobierno nacional de Sarmiento y Alsina huyó al pueblo de Mercedes. Mitre aprovechó la ocasión para realizar una denuncia del gobierno nacional y llevó adelante una política brutal, en la comisión de salud, contra los sectores populares.

A 150 de esta gran tragedia, la pandemia de hoy, en su temida segunda ola (tsunami), está haciendo estragos en las condiciones de vida de las masas. El gobierno nacional de hoy anuncia medidas vacías con el objetivo de defender la ganancia de los capitalistas, el ajuste y el futuro pacto con el fondo y la oposición de derecha realiza demagogia pero concuerda con la política de ajuste del gobierno.

Contexto histórico

Los unitarios en un frente con el entrerriano Urquiza y el imperio del Brasil derrotaron a Rosas en 1852 y comenzaron a denominarse Liberales. Rompieron con Urquiza defendiendo los beneficios aduaneros de la Provincia de Buenos Aires y la separaron del resto de la nación. Por sus conexiones con el mercado mundial, Buenos Aires prosperaba con la instalación del primer ferrocarril, bancos y otros empréstitos. El resto del interior, con Urquiza a la cabeza, no tenía recursos para pagar los salarios de los funcionarios del Estado central.

En la tercera batalla contra Buenos Aires (Pavón), donde la superioridad del interior era notoria, Urquiza claudicó y asegurando su gran fortuna, le entregó el control de la nación a la burguesía porteña. Mitre fue electo presidente en 1862, con créditos de Inglaterra constituyó el ejército nacional, invadió a sangre y fuego todas las provincias (menos Entre Ríos) con el apoyo y la intervención de Sarmiento. Se constituye un frente dominado por la burguesía porteña ganadera y comercial, ligado a sectores propietarios del interior y bajo el empuje brutal del capital europeo; comienza la etapa agroexportadora.

Al principio de la década del 70, la etapa imperialista del sistema capitalista da sus primeros pasos, en la Argentina los ingleses y franceses imponían sus condiciones monopólicas y ruinosas, endeudando al país y realizando inversiones, con beneficios otorgados por el Estado argentino, que escandalizaban hasta al mismísimo Sarmiento. La escasa población, la interminable guerra civil, junto a la infame guerra contra el Paraguay; provocaban la falta de mano de obra. Los indios, en gran parte, se mantenían todavía rebeldes y amenazantes.  En este contexto los primeros inmigrantes italianos comenzaron a llegar a estas lejanas tierras del Plata, estos nuevos actores proletarios, fueron hacinados en los primeros conventillos. Mitre, producto de su desprestigio, por la prolongación de la masacre contra la nación guaraní y sus intervenciones en el interior; no pudo imponer un sucesor presidencial (Elizalde) y Sarmiento que estaba como embajador en EEUU fue nombrado presidente en 1868, por su buena relación con el ejército. Con el asesinato de Urquiza en 1870 y la represión posterior de Sarmiento; se terminó la guerra civil y culminó la etapa de consolidación del Estado nacional.

La epidemia: “el mes que murió Buenos Aires”

El fin de la guerra contra el Paraguay, con el regreso de los soldados argentinos, es considerado como la forma que llego la fiebre amarilla a Bs. As. Primero se dio un brote en Asunción, masacrada por los ejércitos de la triple alianza, luego en Corrientes y en los últimos días de enero se detectó en los conventillos de San Telmo. La enfermedad era transmitida por el mosquito  Aedes Aegypti, hoy transmisor del Dengue.

Entre las principales causas, de la propagación de esta enfermedad, podemos señalar la provisión insuficiente de agua potable, contaminación de napas por desechos humanos, clima cálido y húmedo del verano porteño. También el hacinamiento en conventillos de los inmigrantes europeos y afrodescendientes. El Riachuelo estaba contaminado por los desechos de los saladeros y los riachos o zanjones que recorrían la ciudad, también estaban podridos, por los desechos que la población arrojaba en ellos a falta de un sistema cloacal. Al mismo tiempo los desechos eran utilizados para rellenar zonas bajas y calles. Las mismas eran angostas y no existían las avenidas, la primera fue Avenida de Mayo inaugurada en 1894. Buenos Aires era una ciudad de  177.787 habitantes que crecía rápidamente por las migraciones, el 49% de la población en 1869 eran inmigrantes.

Se considera que el inicio de la epidemia fue el 27 de enero de 1871, con tres casos identificados en el barrio de San Telmo. A pesar de las advertencias de los profesionales, el consejo municipal presidido por Martínez de Hoz, desconoció el brote que se expandía por San Telmo, con el objetivo que no afectara la celebración del carnaval, que era la fiesta más multitudinaria y de importancia de la ciudad. El mes de febrero termino con 300 casos y el mes de marzo comenzó con 40 muertos por día. Los hospitales existentes en esta época comenzaron a colapsar, se crearon nuevos y se alquilaron privados.  Como la peste se hizo fuerte también en los barrios ricos, la ciudad se declaró en cuarentena.

El conventillo de San Telmo donde se detectaron los primeros casos.

Frente a la incapacidad de la municipalidad de hacerle frente a la situación, se realizó una asamblea de 3000 vecinos pudientes, el 13 de marzo, en la Plaza de la Victoria -actual Plaza de Mayo- para designar una Comisión Popular de Salud Pública. Su presidente fue José Roque Pérez, participó Argerich, el vicepresidente de la nación Alsina, antes de huir junto a Sarmiento, y también el ex presidente y uno de los máximos responsables del genocidio en el Paraguay; el coronel Bartolomé Mitre.

La comisión tuvo como tarea la expulsión y separación de los infectados. Atacaba a los inmigrantes italianos, que en muchos casos no hablaban español y no comprendían que estaba pasando, quemando sus pertenencias y también conventillos enteros. Al mismo tiempo el ejército sitió los lugares donde vivían los afrodescendientes y no les permitió escapar al norte donde huían los ricos. Murieron en grandes cantidades y fueron enterrados en fosas comunes, algunos antes de morir.  La falta de comprensión científica de la forma en la cual se transmitía la enfermedad, de la comisión de salud y de los sectores del Estado que le respondían acrecentaban la brutalidad contra los sectores populares que eran responsabilizados por la propagación de la misma. El 20 de Marzo se llega a la cifra de 200 muertos por día. En esos días  José Roque Pérez y Argerich; moría producto de esta enfermedad, Mitre también la contrajo pero sobrevivió.

Días antes, el presidente huía de la ciudad en un tren especial, junto a 70 de sus allegados.  La Corte Suprema, los diputados y los senadores seguirían sus pasos. La huida del sanjuanino Sarmiento, le permitió a Mitre realizar una gran denuncia demagógica contra su antiguo aliado, desde su diario La Nación, con el intención de reconquistar el poder del Estado nacional.  Los sectores más ricos huían hacia el campo, a sus estancias en el interior bonaerense. Los muertos no paraban de aumentar, el cementerio del sud, ubicado en el actual Parque Ameghino en el barrio de Parque Patricios; colapso y cerró sus puertas. Tenía el defecto de ser demasiado chico y quedar muy cerca del centro de la ciudad.

En el cementerio de la recoleta solo se enterraban a los sectores acomodados, por lo tanto en el actual Parque los Andes, donde en esos momentos funcionaba el campo de deportes del colegio San Carlos, antecesor al Nacional Buenos Aires, se instaló de emergencia un cementerio que 5 años después fue trasladado a la ubicación actual del cementerio de Chacarita.  Este cementerio contaba con un nuevo ramal del ferrocarril, que se dedicaba a evacuar dos veces al día los cadáveres de la ciudad; “el tren de la muerte”.

El 10 de Abril se registraron el pico de 563 muertes, “el día que murió Buenos Aires”. El 15 de abril, el Municipio emitió una ordenanza que disponía el desalojo de las casas de inquilinato y recomendaba a los vecinos abandonar la ciudad lo más rápido posible. Al mismo tiempo ofrecían boletos de tren a zonas alejadas, el gobierno nacional y el provincial decretaron feriado hasta fin de mes. Buenos Aires a un mes de la fiebre amarilla era un caos, con ganado en la Plaza de la Victoria (Plaza de Mayo), bandidos saqueadores recorriendo las casas abandonadas y cadáveres que permanecían por horas en las esquinas.

Los fríos del otoño hicieron bajar los casos y en junio ni hubo reportes, por lo que la Comisión Popular se disolvió, y las autoridades de todos los niveles volvieron. Al mismo tiempo los sectores más ricos abandonaron sus palacios en el centro y sur de la ciudad para mudarse a la zona norte donde comenzaron a construir palacios de estilo arquitectónico neoclásico, muchos de los cuales perduran hasta la actualidad. Las casas que dejaron en los barrios céntricos y del sur, fueron utilizadas como conventillos y posteriormente demolidas para construir edificios. Una política higienista del gobierno de Sarmiento y los posteriores, con la instalación de agua potable, cloacas, creación de varios hospitales y otros servicios, junto con otro tipo de medidas urbanísticas como la construcción de grandes parques; modificaron un poco las condiciones y la fiebre amarilla desapareció de Buenos Aires.

El hacinamiento en conventillos de mala muerte, la represión a los inmigrantes, la exterminación de los mulatos por diferentes medios, la guerra contra el indio y contra los gauchos libres; se profundizo. La llegada de comuneros franceses escapando de la represión europea, los anarquistas y algunos adherentes a la II internacional socialista, le darán a un movimiento obrero en creación los primeros procesos de lucha y organización. En 1890, solo 19 años después, se realizó en Plaza Once el acto del 1 de Mayo y en 1896 se constituyó el Partido Obrero Socialista.

Hoy como ayer

Hoy tenemos una nueva pandemia, mucho más fuerte en un mundo globalizado, el gobierno nacional de Fernández realiza anuncios cosméticos mientras el tsunami avanza. Esto se debe a que no quieren poner un peso para garantizar una cuarentena en regla que detenga la circulación del virus, no quiere afectar la ganancia de los capitalistas,  y quieren seguir con el ajuste que está pavimentando un nuevo y leonino acuerdo con el FMI. La derecha realiza demagogia hablando de la libertad cuando tienen el mismo programa que el gobierno: ajuste y acuerdo con el fondo, no tienen nada que ofrecerles a las mayorías trabajadoras. Desde hace 150 años las cosas han cambiado, el movimiento obrero Argentino, los descendientes de los inmigrantes, mulatos, indio  y gauchos; han irrumpido varias veces en la historia imponiendo mejores condiciones.

En este cuadro desfavorable, las movilizaciones de masas de los piqueteros, con el Polo Obrero a la cabeza,  junto a un conjunto de luchas como la clínica San Andrés; marcan el camino. Los trabajadores debemos intervenir para no ser carne de cañón e imponer nuestras condiciones contra los intereses del gran capital. Por vacunas para todos, por un subsidio a los parados de 40 mil, un salario mínimo de 60 mil, por IFE y REPRO para garantizar la cuarentena. En este cuadro de desastre, salgamos a intervenir y organizar a los trabajadores para imponer nuestro programa de salida. Hoy como ayer no podemos confiar en las clases dominantes, que se salvan ellos, ayer trasladándose al norte, hoy yendo a Miami a ponerse la vacuna. Tenemos que ir por lo nuestro.

 

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