09/12/2021

9 de diciembre de 1981: cuando Madres y Familiares coparon Plaza de Mayo contra la dictadura

Primera Marcha de la Resistencia

No fue un rayo en cielo sereno, ni tuvo una generación espontánea. 1981 fue un año de combativas y crecientes movilizaciones democráticas reclamando por la libertad de los presos políticos y la aparición y libertad de los “detenidos-desaparecidos” por la dictadura militar.

La Marcha de la Resistencia, realizada el 9 de diciembre de 1981, fue convocada por “Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas” y “Madres de Plaza de Mayo”. Estas marchas se repetirían todos los años, bajo distintos gobiernos y con diversas consignas y fuerzas.

Pero la de 1981 fue la primera. Fue un salto en la movilización democrática y de los familiares de las víctimas de la represión genocida. Venía precedida por varias iniciativas en las que participaban no solo las madres y familiares de los detenidos y desaparecidos, sino también crecientes sectores populares. En primer lugar los estudiantes, pero también sectores profesionales, de clase media, vecinos y trabajadores.

Se trataba de una marcha continua durante 24 horas sin parar, en torno a la Pirámide de la Plaza de Mayo.

El propósito era evidenciar no solo la resistencia física y moral de las Madres y Familiares, sino su resistencia política a colaborar con la dictadura, a negociar “una reconciliación nacional” como planteaba la Curia Católica, entregando su lucha consecuente por la libertad y la aparición con vida de los desaparecidos.

Comenzó a las 15 horas, con más de 2.000 compañeros. Luego fue decayendo durante la noche y se volvió a nutrir en horas de la mañana. Antes del cierre, fueron entrando a la Plaza sectores estudiantiles, sorteando las presiones del cerco represivo que sin disimulo había colocado la dictadura. Los trabajadores céntricos (bancarios, oficinistas, etc.) durante toda la jornada iban mostrando su solidaridad con les marchantes. Ya no eran las “locas de Plaza de Mayo”, sino las luchadoras por la libertad contra la dictadura. Al finalizar la jornada varios centenares corearon la consigna “libertad, libertad”. Pero en lugar de desconcentrar, salieron de la Plaza, marchando por Avenida de Mayo, cortando el tránsito. Fue uno de los primeros piquetes de la historia contemporánea nacional. Y no solo no recibieron quejas de los automovilistas, sino que muchos de ellos tocaron sus bocinas y algunos se sumaron a la movilización. En el transcurso del recorrido recibieron muestras de adhesión de los transeúntes y desde balcones y ventanas.

La Marcha de la Resistencia no fue solo una jornada porteña. Se tomaron iniciativas similares en todo el país. En Mar del Plata se realizó una “misa” convocada por los Familiares y Madres como parte de la campaña nacional lanzada por estos dos movimientos. Al finalizar salió un micro con 30 compañeros para participar de las “24 horas” de Plaza de Mayo. En Neuquén impulsada por sectores de la juventud, en Tucumán, en Quilmes, en Merlo.

El Partido Obrero (entonces llamado Política Obrera) y la Unión de Juventudes por el Socialismo estuvieron en la primera fila, en la Plaza de Mayo y en todo el país. Incluso, la célula partidaria de París participó activamente en el desarrollo simultáneo de una actividad allí.

La Marcha de la Resistencia fue una acción heroica de las Madres, Familiares y militantes y asistentes. Pero no fue voluntarista. Fue una acción política deliberada y con objetivos políticos concretos.

La dictadura estaba evidenciando su desgaste y el desarrollo de una crisis. El “presidente” Viola fue destituido y reemplazado por otro general, Galtieri. La crisis económica se estaba desarrollando con ritmo cada vez más vertiginoso (quiebra de bancos, etc.). Y en la clase burguesa se discutía abiertamente la necesidad de cambios de rumbos económicos y políticos. A mitad de año se constituyó la “Multipartidaria” integrada por los partidos burgueses más importantes que la dictadura había “suspendido” (PJ, UCR, etc.) y no prohibido y proscripto como lo hizo con el PO y otras organizaciones de la izquierda. Estos seguían haciendo su actividad política: asesorando a los militares y colaborando, incluso con funciones de gobierno (intendencias, embajadas, etc.).

La Multipartidaria buscaba una convergencia con la dictadura para introducir modificaciones y convocar a elecciones para “rescatar a las instituciones”. Un punto central era la cuestión de los detenidos-desaparecidos. Los voceros públicos de la dictadura habían declarado una y otra vez que sobre el problema de la represión y los desaparecidos había que echar un “manto de olvido”. Y la Multipartidaria no hablaba sobre los “desaparecidos”.

La Marcha de la Resistencia fue una acción para demostrar la resistencia de Madres, Familiares y pueblo al “manto de olvido”, para reclamar por la libertad de los presos y la aparición con vida de los desaparecidos. Por supuesto ningún referente de la Multipartidaria (ni el demócrata Alfonsín que la integraba se hizo presente en la Marcha). Tampoco lo hizo el PC que se integró a la Multipartidaria. Todos querían mantener una buena relación con el dictador Galtieri que acababa de asumir la presidencia. Se oponían a cualquier acción directa de movilización, a la cual consideraban una provocación. El PC se empeñó en el seno del movimiento de las organizaciones de derechos humanos para que esta Marcha no se realizara. La Liga por los Derechos del Hombre, que entonces estaba dirigida por el PC y sus aliados, boicoteó la Marcha de la Resistencia. También jugó el mismo papel en el movimiento estudiantil universitario. En un congreso de la FUA, el PC planteó la expulsión de la Unión de Juventudes por el Socialismo porque seríamos ultraizquierdistas y provocadores.

Un mes antes, en noviembre, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, que hacía ya tiempo se había separado de la Liga-PC -por su política oportunista buscando la convergencia cívico-militar con la dictadura- y organizado en forma independiente (con un papel protagónico de nuestras compañeras Cata Guagnini y Mabel Gutiérrez), había enviado una carta a la Multipartidaria, que hizo pública. En la misma luego de denunciar todo el cuadro represivo con el que la dictadura asolaba al país, reclamaba “un pronunciamiento expreso acerca de nuestras demandas: Libertad de todos los detenidos por causas políticas y gremiales. Aparición con vida de los detenidos-desaparecidos, que en cárceles ilegales y secretas están pasando años de inhumano sufrimiento”.

Y denunciaba: “Afirmamos que todo pronunciamiento que silencie, omita u olvide a los detenidos-desaparecidos y detenidos, será considerado por la población democrática del país como identificado con las temerarias manifestaciones que expresan: ‘manto de olvido’ y ‘ausentes para siempre’”.

La Multipartidaria no adhirió, ni participó de la Marcha de la Resistencia. El 16 de diciembre haría público un largo documento con el sugestivo título de “Antes de que sea tarde”. Donde presentaba un extensísimo proyecto para converger con el gobierno militar –con una óptica de “conciliación nacional”- como propugnaba la Iglesia. Entre otros reclamos, denunciaron la “desintegración nacional”, criticaron la represión y alertaron sobre “el desconocimiento de los derechos humanos en las acciones represivas y por la justicia nunca satisfecha de miles de desaparecidos cuyos destinos se ignoran”.

Pero ya la lucha independiente de Familiares y Madres había ganado –con su Marcha de la Resistencia- una batalla política fundamental.

 

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