07/07/2021
Primera parte

A 100 años de la fundación del Partido Comunista Chino

Partido obrero, cuestión nacional y revolución permanente.

El 1 de Julio es la fecha simbólica de fundación del Partido Comunista Chino, creado en algún momento de aquel mes en 1921. Su aniversario número 100 nos sirve de puntapié para hacer un repaso de los orígenes y del desarrollo histórico del partido que llevó a un país agrario, que sufría el peso de formas sociales pre-capitalistas, y con fuerte ocupación imperialista, a la revolución. El mismo que, posteriormente, lo condujo a la restauración capitalista y a disputar en el presente una guerra comercial contra el capital estadounidense.

Primera revolución china: éxito y fracaso de la burguesía nacional

Al amanecer del siglo pasado, el antiquísimo Imperio Chino se había convertido en gran parte de su territorio en un espacio dominado por los capitalistas occidentales. Distintas compañías y conglomerados de capitales extranjeros se repartían el predominio en la región, incluyendo en la rapiña a sus Estados imperialistas. Estos Estados no habían podido establecer un dominio colonial directo de toda la zona, como sí lo había hecho la Corona británica en la India. Sin embargo, sí avanzaron en dos líneas: Por un lado, establecieron enclaves coloniales. Es decir, territorios específicos cedidos por la monarquía china para ser gobernados de forma directa por las potencias. El imperialismo inglés, por ejemplo, tomó posesión de Hong Kong. Por el otro lado, y más importante aún, transformaron a China en un espacio para la exportación de capitales europeos, como los dedicados a la explotación minera y la construcción de vías de ferrocarril. Estas compañías del capital monopolista extranjero nutrían materialmente los reclamos de autonomía de los distintos gobernadores provinciales y jefes militares locales (llamados «señores de la guerra») contra la centralización del viejo gobierno imperial. De esta forma, motorizaban la fragmentación del país.

Frente a estas condiciones, la agitación nacionalista y anti-monárquica se expandió hasta convertirse en movimiento de masas. La revolución dirigida por Sun Yan-sen terminó por derribar la vieja dinastía imperial en 1911. La corriente del nacionalismo de contenido burgués se organizó en torno a un nuevo partido: el Kuomintang («Partido Nacionalista Chino», KMT). Sin embargo, el intento de modernizar al país apoyándose en la burguesía nacional, una clase social que tenía lazos con la dominación imperialista y muchas oligarquías terratenientes, fue un fracaso rotundo. La burguesía china no destruyó la institución militar imperial, sino que dependía de ella para sostenerse en el poder, y su gobierno republicano quedó restringido al sur del China. El resto del país profundizó su dispersión, entre el territorio dominado por «señores de la guerra» y los enclaves bajo control directo imperialista. Esta clase fue incapaz de lograr la unificación nacional

La fundación del PC Chino: un partido obrero independiente

Al finalizar la Primera Guerra Mundial (1914-1918), una protesta estudiantil contra la rapiña imperialista, representada en el tratado de Versalles, dio a luz a todo un movimiento de lucha contra el imperialismo: el «Movimiento del 4 de Mayo». Junto a este, también se gestó el «Movimiento por la Nueva Cultura», que criticaba la continuidad del atraso cultural y social, y atacaba las ideologías reaccionarias de la época imperial. Al frente de estos movimientos se encontraban profesores y estudiantes universitarios, con un gran liderazgo de Ch’en Tu-hsiu (también escrito en nuestro alfabeto como «Chen Duxiu»). Ch’en editaba una publicación política llamada «Nueva Juventud» (Xīn Qīngnián), en torno a la cual se estructuraba el activismo.

Movilización del 4 de Mayo de 1919, que dio nombre al movimiento.

Las manifestaciones de los movimientos del 4 de Mayo y por la Nueva Cultura permitieron ver el peso que había tomado el desarrollo de la nueva y tumultuosa clase obrera china, hija de la industria exportada por el capital imperialista, especialmente en las grandes ciudades costeras. La dinámica de la acumulación capitalista plantaba las semillas de su propia destrucción. El influjo de la revolución de Octubre en Rusia, país fronterizo, fue otro factor de radicalización. El nuevo poder soviético de Lenín y Trotsky causó fuerte impacto al renunciar a las concesiones y privilegios de los zares rusos sobre China. Bajo su calor, los activistas de ambos movimientos comenzaron a interesarse por las lecturas marxistas y la crítica a las claudicaciones del KMT.

En 1920, la Rusia revolucionaria envió delegados al país para entrevistarse con la primera línea de estas luchas, la vanguardia autóctona, y poner en pié un Partido Comunista Chino. En julio del año siguiente, en un congreso con sólo 13 delegados (en representación de 57 militantes), se fundó el PCCh. Algunos de sus principales fundadores y dirigentes fueron los editores de Nueva Juventud, Chen Duxiu y Li Ta-chao (también escrito como «Li Dazhao»), junto con Peng Pai, organizador de los movimientos de lucha en el campo. Con Chen como secretario general, este partido se lanzó enérgicamente a organizar política y sindicalmente al nuevo proletariado chino durante toda esta década.

La actividad contrarrevolucionaria del naciente stalinismo

A partir de la muerte de Lenín (enero de 1924), la Internacional Comunista sufrió el inicio de su caída bajo control de la burocracia representada por Stalin. El stalinismo propuso el ingreso de militantes del PCCh al KMT, y luego planteó que este partido del nacionalismo burgués sea admitido en la Internacional Comunista. Trotsky votó en contra, basándose en las resoluciones de los primeros cuatro congresos de la Internacional. Estos planteaban la organización independiente y revolucionaria de los trabajadores y sus partidos. Stalin justificó esta medida, planteando que, dado que la revolución china debía cumplir tareas burguesas (democratización, modernización, unidad e independencia nacional, etc.), a su cabeza debería estar la burguesía nacional. No habría que desarrollar una dirección obrera del movimiento de lucha contra el imperialismo y los terratenientes, sino ayudar a culminar la “revolución democrática burguesa” que permitiera el desarrollo pleno del capitalismo chino bajo el gobierno burgués. La clase obrera debería integrarse por completo a un frente nacional capitaneado por la burguesía. Se trataba de la teoría de la revolución por etapas.

Stalin también envió nuevos agentes con órdenes de subordinar al PCCh a los intereses de Moscú, y controlar que actúe como furgón de cola del KMT. Esto para vencer la resistencia y aquietar las críticas de Chen Duxiu a esta peligrosa orientación liquidacionista promovida por Stalín. Al mismo tiempo, la dirección del partido nacionalista chino estaba pasando al mando de Chiang Kai-shek, un representante de sus tendencias más conservadoras y militaristas. Pero Stalin sometió a la “disciplina” a esta dirección militante. Más aún, para ratificar y dejar bien clara su orientación, ¡nombró a Chiang Kai-shek miembro honorario de la dirección de la Internacional Comunista!

La sangrienta derrota de la segunda revolución china

La movilización contra el dominio imperialista en los enclaves, en particular contra la brutalidad y el racismo de las fuerzas policiales inglesas, radicalizó todos los puertos de la China meridional y oriental durante la década del ’20. El desarrollo de la organización sindical y la agitación política que promovía el Partido Comunista Chino entre la clase obrera en las ciudades costeras (como Shangai y Cantón) tomó un impulso ascendente. El PCCh pasó de contar con 950 miembros en 1925 a alcanzar cerca de 58.000 militantes en 1927. Las organizaciones de Peng Pai en el campo reunían a más de cien mil personas, y los nuevos sindicatos combativos construidos e impulsados por el partido organizaban centenas de miles de trabajadores.

Este ascenso de la lucha obrera estalló en un proceso insurreccional en 1925-1927. Se trató de la intervención independiente de las masas obreras y campesinas. Esta intervención destruyó los centros de poder de los «señores de la guerra» mediante la huelga general y la organización de milicias obreras.

A la izquierda, despliegue represivo en Shangai, marzo-abril de 1927. A la derecha, Chiang Kai-shek.

Frente al derrumbe de los «señores», Chiang Kai-shek lanzó una fuerte expedición militar hacia sus territorios del norte, bajo la consigna de unificar a China. Pero antes, empleó las tropas del Kuomintang para desarmar a las milicias obreras en Cantón y detener a los dirigentes sindicales y comunistas, y excluyó al PCCh de la dirección del KMT. Chen Duxiu comenzó a alertar sobre la tendencia que anunciaba el partido “nacionalista” para el futuro inmediato, pero sus señalamientos fueron desoídos por Stalin.

La intervención obrera fue liberando las ciudades y regiones que estaban bajo control de los «señores» para que sean reunificadas con el resto del país, a través de sus propios métodos. Pero Stalin se oponía a que las insurrecciones de la clase trabajadora generen organismos de poder obrero en las ciudades sublevadas. Contra la resistencia de la dirección del PPCh, el stalinismo planteó que dichas ciudades sean entregadas a las tropas de Chiang.

Sin embargo, la clase obrera organizada y la movilización de las masas no se enfrentaban únicamente contra los reaccionarios «señores de la guerra» y las patronales imperialistas, sino también, y en la misma medida, contra las empresas de la burguesía china, igualmente explotadoras. Atemorizada frente a la rebelión de los explotados, los capitalistas chinos exigieron al Kuomintang la represión de todo movimiento independiente. La burguesía nacional también temía la posibilidad de una revolución agraria campesina. La revolución “por etapas”, dirigida por la burguesía se había demostrado utópica y contrarrevolucionaria. Los obreros eran los que podían convertirse en caudillos de las masas explotadas de China y llevar bajo su gobierno, en una “revolución permanente”, al triunfo la lucha nacional.

Al ingreso de Chiang Kai-shek en cada territorio, le siguió el desarme de las milicias y el exterminio sistemático del activismo obrero. El ejército del KMT, bajo dirección de Chiang, coordinó con grupos del hampa para desarmar los piquetes obreros, irrumpir en los locales sindicales, y secuestrar y asesinar militantes comunistas y activistas en general. En Shangai se asesinaron a más de 5000 trabajadores, y masacres similares se replicaron en todas las urbes más importantes del país. Chiang también le negó auxilio a los comunistas que eran perseguidos por los «señores de la guerra». Li Dazhao fue asesinado a manos de uno de ellos. Se trató de una sangrienta derrota de la segunda revolución china.

El imperialismo inglés, alemán, ruso, francés, y japonés se reparten la torta china. Caricatura de «Le Petit Journal», 1885.

El proceso de lucha en China demostró el carácter pusilánime de la dirección nacionalista burguesa que, a toda costa buscaba conciliar con los imperialistas y frenar cualquier intento de revolución campesina. El PCCh fue atado políticamente a esta orientación por el stalinismo. Stalin había ocultado los documentos enviados por Chen Duxiu a la dirección de la Internacional. En ellos se criticaba la peligrosa orientación que maniataba a los obreros y comunistas. León Trotsky, sin conocer estos textos, había alertado quince días antes de que se aproximaba una masacre en China. Al enterarse de la existencia de estos documentos críticos del PCCh, exigió que se distribuyan.

La cúpula stalinista, desde Moscú, responsabilizó a Chen Duxiu por los fracasos y lo reemplazó por una nueva dirección más sujeta a los dictados de la burocracia rusa. Pero se trataba de supuestos errores y negligencias en la implementación de las orientaciones que Stalin y su camarilla habían impartido.

Contando con la subordinación de la nueva dirección del PCCh, la Internacional Comunista «stalinizada» decidió dar un viraje drástico, y llamó al partido chino a… organizar la insurrección. Fue el inicio de la llamada política del “tercer período”, un giro político aventurero promovido por Stalin. Pocos meses más tarde de la masacre de Shangai, la “nueva” dirección del PCCh, apuntalada por burócratas enviados por Stalin, organizó en forma arrojada la insurrección de Canton. Hecha a destiempo –porque se había iniciado un reflujo del movimiento de masas- terminaría en una masacre sin parangón en la historia revolucionaria de la época. Trotsky se opuso fuertemente, planteando que el movimiento de masas había iniciado un reflujo. Las nuevas masacres que ahogaron en sangre las insurrecciones fallidas le dieron la razón. Después de la muerte de Li Dazhao y la destitución de Chen Duxiu, Peng Pai, el tercer mayor referente de la fundación de un partido obrero independiente en China, sufrió el aniquilamiento de su organización campesina en esta represión, y tiempo después fue asesinado a manos del KMT. Se trató de una política aventurera sin criterio, donde se jugó la cabeza de la vanguardia obrera y militante.

A partir de esta derrota en toda línea, el Partido Comunista Chino se vio forzado a abandonar las ciudades y refugiarse en las zonas rurales. Su composición obrera había sido fuertemente golpeada, sino acaso aniquilada.

El balance de Trotsky

La experiencia de la revolución China, fue “discutida” en el VI Congreso de la Internacional del que fueron excluidos León Trotsky y los oposicionistas anti-stalinistas. Trotsky envió a dicho Congreso un largo texto de balance, “La III Internacional después de Lenín”, también conocido como “Stalin el gran organizador de derrotas”[1]. El documento fue censurado por Stalin, y posteriormente sólo pudo circular en forma clandestina. (En el espacio de las publicaciones del PO, el lector lo podrá encontrar).

Trotsky y la Oposición de Izquierda desarrollaron un balance profundo de este proceso, en el cual responsabilizó a la política criminal del stalinismo. A partir de la discusión sobre China, la teoría stalinista de la revolución por etapas y el planteo de la revolución permanente demostraron su contraposición total. Los motivos de la escalada represiva de Chiang Kai-shek no hay que buscarlos en consideraciones personales ni psicológicas. Las fuerzas políticas y sus dirigentes canalizan los intereses, demandas, y ansiedades de distintas fuerzas sociales. Son sus personificaciones. La política de Chiang era la política de la burguesía de los países coloniales y semi-coloniales. Se trata de una clase que cambia de frentes. Aunque es opresora de las masas trabajadoras de su nación (atrasada), no puede cumplir esta función plenamente, ya que a su vez es semi-oprimida. No puede llevar a cabo la opresión contra su clase obrera como ella quisiera, tal como lo hacen la burguesía inglesa o francesa, sino que sufre el yugo de las burguesías imperialistas. Cuando la opresión extranjera se intensifica, la burguesía nacional puede llegar a chocar con el imperialismo. Pero cuando la que se intensifica es la movilización por la revolución social, todos los movimientos nacionales de contenido burgués prefieren claudicar ante el imperialismo y enfrentar a las masas revolucionarias. Con las campañas de represión sangrienta, Chiang se estableció como el tigre de la clase dominante contra el dragón de la revolución social.

El fracaso de la primera (1911) y la derrota de la segunda revolución china (1925-1927) demostraron la validez de la tesis central de la revolución permanente: «Ni una sola de las tareas de la revolución «burguesa» puede realizarse en los países atrasados bajo la dirección de la burguesía «nacional», porque ésta, desde su nacimiento, surge con apoyo extranjero como clase ajena u hostil al pueblo.»[2] En la fase histórica de descomposición del capital, la fase imperialista, las tareas de la revolución burguesa sólo pueden ser resueltas por la clase obrera, como un momento ininterrumpido de la revolución socialista. Y para ello se necesita de un partido obrero independiente revolucionario.

Notas:

1.Trotsky, León. Stalin, el gran organizador de derrotas, El Yunque, Buenos Aires, 1973. Editado por nuestro partido en la década del ’70.

2.Trotsky, León. «La revolución china», ediciones varias. Originalmente era la introducción de «The tragedy of the Chinese Revolution«, de Harold Isaacs.

Bibliografía:

Bernal, Martín. «Mao e a Revolução Chinesa», en Hobsbawm, Eric. História do Marxismo, tomo VIII, Río de Janeiro, Paz e Terra, 2007.

Meisner, Maurice. La China de Mao y después. Una historia de la República Popular, Comunicarte, Córdoba, 2007.

Trotsky, León. Stalin, el gran organizador de derrotas, El Yunque, Buenos Aires, 1973.

Trotsky, León. «Introduction», en Isaacs, Harold. The tragedy of the Chinese Revolution, Secker & Warburg, Londres, 1938.

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