Aniversarios

17/7/2026

A 90 años de la guerra civil española: el fracaso del Frente Popular para enfrentar al fascismo

Consejera de la Junta de Historia de la UBA

Discutir la guerra civil española forma parte de los combates por la historia obrera.

Se cumplen noventa años del alzamiento militar de julio de 1936 contra la II República española y de la guerra civil que le siguió. El enfrentamiento involucró una preparación de las fuerzas fascistas para la Segunda Guerra Mundial, el choque bélico más sangriento de la historia de la humanidad. Pero la guerra civil española estuvo lejos de ser únicamente una lucha entre democracia y fascismo; en su corazón, fue una guerra de clase. Más aún, el triunfo de la fuerza fascista comandada por Francisco Franco le abrió paso a una nítida venganza de clase que incluyó más de 114.000 desapariciones forzadas.

El Frente Popular, frente de colaboración de clases que estaba al mando del gobierno republicano, fracasó en la tarea de detener al fascismo a causa de su propia naturaleza social. Enfrentarlo con posibilidades de victoria exigía la expropiación de los poseedores y el armamento de los trabajadores; sin embargo, se trataba exactamente de aquellas medidas que el frentepopulismo buscaba impedir.

Seguir discutiendo la guerra civil española forma parte de los combates por la historia (y memoria) obrera. Pero también nos permite extraer conclusiones para la lucha de clases en nuestro país.

Fascismo: qué y para qué

El 17 de julio de 1936 las tropas coloniales españolas en Marruecos se sublevaron contra el gobierno del Frente Popular; al día siguiente, el alzamiento se propagó a la península. La conspiración estaba dirigida por el general Emilio Mola y el exgeneral José Sanjurjo (exiliado por su historial golpista). Francisco Franco, futuro “Caudillo” del fascismo ibérico, solo treparía hasta la cúspide durante el desarrollo de la guerra.

Resulta casi inevitable aclarar que suele abusarse del término “fascismo” para ponerle una etiqueta a cualquier experiencia autoritaria. León Trotsky advertía que un movimiento fascista auténtico es la movilización de una masa pequeñoburguesa para aplastar a la clase obrera, a su vanguardia y a sus organizaciones; una reacción motorizada sin embargo por el gran capital y, en el caso español, por los terratenientes agrarios amenazados por la agitación revolucionaria.

El movimiento encabezado por los generales españoles fue en 1936, en su contenido social, un proyecto fascista. La masa pequeñoburguesa detrás del golpe incluía a la Falange de José Antonio Primo de Rivera, a los requetés (un grupo paramilitar reaccionario y nostálgico), a la Juventud de Acción Popular (JAP), y a un colaboracionismo clandestino de profesionales, oficiales, y sectores del clero que se encontraba oculto en la retaguardia republicana. El vocabulario político español bautizaría luego a estos últimos como la “quinta columna” de las cuatro que dirigía el general Mola.

Fascismo: quiénes, desde dónde, hacia dónde

Varios intelectuales han intentado desintegrar el carácter de clase del fascismo, incluso con fórmulas psicologizantes. Uno de los mayores referentes de estas tesis es el historiador ultraderechista o semifascista Ernst Nölte, quien planteó que estos movimientos fueron solo un emergente de la crisis en la que estaba sometida Europa, una reacción más o menos mecánica a la amenaza bolchevique. Pero los fasci de Mussolini necesitaron el arsenal, el transporte y la logística que les dio el gran capital para sepultar a la clase trabajadora movilizada. Lo mismo vale para el partido nazi de Hitler y sus camisas pardas. El armado del golpe de 1936 también fue alimentado materialmente por la burguesía española; peor aún, sectores crecientes de la clase dominante se cambiaron de camiseta durante la guerra.

Más aún, la Falange, organización a la que hicimos referencia previamente, hacía gala de una retórica de rebeldía, pero nació gracias al financiamiento de la oligarquía monárquica alfonsina y de grandes empresarios que veían en ella una fuerza de choque antiobrera. Su mayor dirigente, Primo de Rivera, era el hijo del dictador de 1923, tenía título de Marqués y vivía como tal.

Cuando un movimiento fascista llega al poder y se transforma en un régimen fascista, los elementos pequeñoburgueses son estrangulados por las tenazas del Estado burgués. La milicia “plebeya” italiana fue gradualmente burocratizada por Mussolini en el poder. Hitler, más expeditivo, masacró a los camisas pardas y a su dirigente, Ernst Röhm. Franco hizo lo propio con un “Decreto de Unificación” (19 de abril de 1937), que unió a la fuerza y burocráticamente a la Falange y a otras organizaciones similares (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, Comunión Tradicionalista) en partido único bajo su férrea conducción.

Golpe militar y rebelión obrera

El Frente Popular, por su parte, se había planteado como un frente de colaboración de clases para enfrentar a los sectores más reaccionarios entre los capitalistas. Estaba compuesto por partidos de la burguesía republicana progresista (Izquierda Republicana, liderado por Manuel Azaña, y Unión Republicana) junto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España. En el pacto electoral firmado en enero de 1936, el PSOE y el PC se comprometieron, por escrito, a renunciar a la revolución obrera.

En febrero el Frente Popular ganó las elecciones, cinco meses después la corporación militar lanzó su intentona. Sin embargo, el golpe fue parcialmente vencido por los trabajadores, que improvisaron en pocas horas el armamento y la resistencia armada en distintas partes del país. España quedó dividida en una zona bajo control de los sublevados y otra bajo el gobierno republicano.

Desde el inicio de la resistencia, el gobierno republicano se negó a entregar armas a los trabajadores, y solo admitía sancionar, a regañadientes, los hechos ya consumados. El poder que derrotó al golpe surgió por fuera y por debajo del gobierno legal.

Al vencer a los sublevados, los trabajadores no devolvieron las armas ni el poder a las autoridades tradicionales. En el mismo movimiento que los llevaba al combate, describe el historiador marxista Pierre Broué, las masas liquidaron los problemas de la sociedad española aportando sus propias soluciones: acabaron con los viejos cuerpos de represión, se apoderaron de las fábricas y de las tierras, y comenzaron a ejercer el poder directamente a través de sus comités. En amplias zonas de Cataluña, de Aragón, del Levante, la propiedad cambió de manos en cuestión de semanas.

Lo que existía en la España republicana a partir del verano de 1936 era una situación de doble poder: dos poderes que se disputaban la capacidad de mando sobre la misma sociedad. Por un lado subsistía el gobierno republicano, un fantasma del pasado legal. Por el otro emergió el poder obrero, el de los comités, las milicias y los sindicatos; sobre todo la Confederación Nacional del Trabajo, de orientación anarquista. Pero una dualidad así no puede mantenerse eternamente, uno de los dos poderes tiende a consumir al otro para sobrevivir… o a dejarse consumir por el otro y suicidarse.

El Frente Popular para ponerle fin a la rebelión obrera

El obstáculo principal para que se destrabe la situación, escribe también Broué, se encontraba a la cabeza del propio movimiento obrero: el estalinismo, la socialdemocracia (PSOE) y el anarquismo (CNT). Estos, arrastrados por el empuje de las masas, se preocupaban ante todo de controlarlo y de frenarlo, de encerrarlo en el marco parlamentario y legalista del Frente Popular. Los dirigentes del Frente Popular sostenían que primero había que ganar la guerra y solo después hacer la revolución. En los hechos, esa consigna significaba estrangular la revolución.

El primer eslabón fue la disolución de las milicias obreras. El Frente Popular reclamaba un ejército único y una disciplina militar única, y eso significaba, en la práctica, desarmar a las milicias obreras. Pero disolverlas en un ejército estatal regular equivalía a devolver a la burguesía el monopolio de las armas. Era la consigna misma de la contrarrevolución.

El segundo eslabón cayó sobre la colectivización agraria. En agosto de 1937, el gobierno republicano de Negrín disolvió por decreto el Consejo de Aragón (surgido para administrar tierras expropiadas), y envió tropas contra las colectividades. Estas fueron desmanteladas por la fuerza y sus dirigentes detenidos.

El eslabón central fueron las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona. La Generalitat republicana intentó arrebatarle a la CNT la central telefónica, bastión del poder obrero. La respuesta fue una insurrección de masas; en horas los trabajadores levantaron barricadas y se hicieron dueños de buena parte de la ciudad. Pero el Comité Regional de la CNT pidió a sus propias bases que depusieran las armas, en nombre de la unidad antifascista. Los trabajadores, desarmados por su propia dirección, se retiraron. El resultado fueron varios centenares de muertos, un millar de heridos y vía libre para la ofensiva final contra la revolución.

Como en la Comuna de París de 1871, la represión salvaje no la ejecutó el ejército enemigo sino el gobierno burgués propio. Los dirigentes de la CNT admitieron después, para mostrar su buena fe en la alianza, que si hubieran querido habrían tomado el poder en cualquier momento: todas las fuerzas estaban de su lado.

Rol del estalinismo

En el seno de esa coalición contra la revolución, el estalinismo constituyó un factor esencial. En primer lugar, porque la política de frentes populares era teledirigida desde Moscú. En segundo lugar, porque una vez puesta en movimiento la revolución, la camarilla de Stalin empeñó todas sus fuerzas en impedir una victoria proletaria que sea independiente del control de su aparato.

En el plano internacional, esperaba una alianza militar con las "democracias" imperialistas contra Franco (sostenido a su vez por la Italia fascista y la Alemania nazi). Para atraerlas, la España republicana debía despojarse de toda imagen roja. El ministro de Agricultura Vicente Uribe, dirigente del PC, dio luz verde a la destrucción de las expropiaciones: denunció los "excesos" de la revolución en el campo y se declaró campeón de los pequeños propietarios.

Acusando a los revolucionarios de sabotear la guerra, el Frente Popular desencadenó él mismo una guerra civil dentro del campo republicano: una segunda guerra contra la clase obrera. Con la llegada al gobierno de Juan Negrín(del PSOE, pero plegado al aparato estalinista), se abrió la fase de represión sistemática. Negrín formó el Servicio de Investigación Militar, una policía política bajo dirección de los asesores soviéticos que montó cárceles secretas, espionaje e interrogatorios con tortura que reprodujeron en suelo español los procedimientos de la GPU en los procesos de Moscú. El Estado, que decía defender la democracia contra el fascismo, se dotó de un aparato de terror interno contra la izquierda revolucionaria.

El punto culminante fue la represión total contra el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y el asesinato de su dirigente, Andrés Nin. El Partido Comunista acusó a los poumistas de ser saboteadores “trotskistas”; “trotskismo” era la maldición de los sacerdotes del estalinismo. En rigor, el POUM había roto con Trotsky para integrar informalmente el Frente Popular (y, formalmente, la Generalitat republicana). Nin rechazó tomar iniciativas audaces para ganarse al activismo que giraba hacia la izquierda en las juventudes del PSOE y acercarse a las estructuras de la CNT, como recomendaba Trotsky; en su lugar, impulsó disolver los gremios que conducía en las estructuras de la burocracia sindical estalinista. Esta política contribuyó a desarmar políticamente al grupo.

Aun así, la represión contra esos luchadores fue bestial. En junio de 1937 Nin, Andrade, Gorkin y todo el ejecutivo del POUM fueron detenidos y el partido ilegalizado sobre la base de documentos burdamente falsificados. Nin fue trasladado a una cárcel secreta en Alcalá de Henares, torturado y asesinado por agentes estalinistas. Su cadáver nunca apareció.

Algunas conclusiones

El marxismo plantea que la historia avanza por medio de la lucha de clases; por tanto, la colaboración de clases procura detener la historia, y un intento tal solo puede ser en favor de la reacción. Esta tesis debe demostrarse en el terreno histórico y material; la guerra civil española nos brinda trágicamente ese terreno. La tregua social es el mecanismo mismo por el cual la clase obrera queda desarmada frente a quienes dicen protegerla.

Las nuevas amenazas fascistizantes en nuestro siglo también se enfrentan con la movilización de los trabajadores, con métodos de lucha propios y con un programa que ataque los intereses de los capitalistas. La peor forma del utopismo es creer que se puede luchar contra estas fuerzas sin derribar la fuente que las nutre. La independencia política de la clase obrera es la condición material para avanzar en esta tarea.

Lecturas sugeridas:

- Pierre Brouéy Emile Témine, “La revolución y la guerra en España”, Fondo de Cultura Económica, 2024 (original de 1961). Análisis desde el punto de vista de clase del marxismo.

- León Trotsky, “La revolución española”, El Yunque, 1973. Compilación de textos del dirigente revolucionario, que incluye un excelente estudio introductorio de Broué (“Trotsky y la guerra civil española”). Una edición completa, en dos tomos, fue publicada por Editorial Fontanella, Barcelona, 1977.

- Manuel Tuñón de Lara (comp.), “La guerra civil española. 50 años después”, Editorial Labor, Barcelona, 1985. Una de las mejores producciones de la historiografía española.

- Burnett Bolloten, "The Spanish Civil War: Revolution and Counterrevolution", Madrid, Alianza Editorial, 1989. Versión ampliada de "The Grand Camouflage", de 1961. Un estudio sólido, sistemático y riguroso del accionar del estalinismo.

El nuevo plan contra el "terrorismo" de izquierda de Trump y Rubio
El nuevo plan contra el "terrorismo" de izquierda de Trump y Rubio
Con la adhesión de Milei y otros derechistas, el gobierno yanqui impulsa el espionaje y la represión. -
prensaobrera.com
Por una remontada para que los trabajadores demos vuelta el partido
Por una remontada para que los trabajadores demos vuelta el partido
-
prensaobrera.com