08/02/2007 | 980

El derrotismo revolucionario


Una nueva época histórica


 


Para la izquierda revolucionaria, la guerra imperialista y el derrumbe de la II Internacional señalan el fin de una etapa histórica.


 


Para Lenin, llega a su fin el período “relativamente pacífico” de acumulación y organización del proletariado [ver aparte]. Para Rosa Luxemburgo, “la situación actual es un cierre de cuentas, un resumen del debe y el haber de medio siglo de trabajo (…) La guerra mundial ha aniquilado la obra de cuarenta años del socialismo europeo”. 1


 


El oportunismo, que era “el producto social de toda una época histórica” 2 (de fines de siglo XIX y comienzos del XX, en la que el capital financiero corrompió a la aristocracia obrera), había destruido la construcción obrera de medio siglo. Rosa Luxemburgo caracterizó la capitulación de la socialdemocracia alemana como “una tragedia mundial”. 3


 


La izquierda revolucionaria sacó la conclusión de que la nueva época histórica le planteaba al proletariado no sólo nuevas tareas estratégicas (la lucha por el poder). La lucha contra el imperialismo era inseparable de la lucha contra el oportunismo. “La época del imperialismo no permite la convivencia en un mismo partido de los hombres de la vanguardia del proletariado revolucionario y de la aristocracia semipequeñoburguesa de la clase obrera” 4 . “En vista de que los representantes oficiales de los partidos socialistas de los principales países han traicionado los objetivos e intereses de la clase obrera (…) constituye una necesidad vital para el socialismo crear una nueva Internacional que tome en sus manos la dirección y la coordinación de la lucha revolucionaria contra el imperialismo mundial”. 5


 


Lucha contra el imperialismo y la guerra; lucha contra el oportunismo y por un nuevo partido revolucionario internacional: estas son las tareas inmediatas que va a enfrentar la izquierda revolucionaria en la nueva etapa histórica abierta por la guerra y la bancarrota de la Internacional.


 


Derrotismo revolucionario


 


En oposición a los oportunistas, la izquierda revolucionaria denuncia que en la guerra no hay en juego ningún interés nacional legítimo; se trata de una guerra de bandidaje y de conquista por ambos bandos.


 


“El principal enemigo está en nuestra propia casa” (Liebknecht). Por eso, “la derrota de la propia burguesía imperialista es el mal menor para clase obrera y las masas laboriosas” (Lenin).


 


En todos los países, la política revolucionaria tiene un contenido “derrotista”: la izquierda revolucionaria vota contra los créditos de guerra, realiza agitación dentro del ejército en favor de la confraternización entre los soldados de los distintos bandos; denuncia la militarización y la dictadura militar que se establecen en todos los países contra el proletariado; agita sistemáticamente por el desarrollo de la lucha de clases en su propio país; lucha por una nueva organización revolucionaria internacional. Sobre esta base, procede a una profunda delimitación política, tanto respecto a los “social-patriotas” como a los pacifistas de contenido pequeñoburgués.


 


Las condiciones en que debía militar la izquierda revolucionaria eran extraordinariamente difíciles. Pero en la misma medida en que la izquierda revolucionaria era reprimida, comenzaba a manifestarse cada vez más claramente una tendencia revolucionaria en las propias masas, exhaustas de guerra, matanzas y privaciones. En las navidades de 1914, los soldados británicos y alemanes arrancaron una tregua de 48 horas, durante la cual fraternizaron por encima de las trincheras; Lenin destacó el carácter revolucionario de esta confraternización y la expuso como una “ilustración” de la política derrotista 6 . Poco a poco, las manifestaciones en las retaguardias, las deserciones y los motines en los frentes comenzaron a mostrar el verdadero realismo de las consignas revolucionarias contra la guerra.


 


Como habían pronosticado los marxistas, la guerra imperialista engendraba la revolución.


 


Guerra civil internacional


 


La guerra que estalló en 1914 no fue, simplemente, una guerra entre estados. La carnicería asumió, desde el primer momento, el carácter de una guerra civil internacional que cuestionó los regímenes políticos enfrentados y a la propia organización social. Los beligerantes no se planteaban simplemente, como en el pasado, derrotar a su enemigo; iban por el “cambio de régimen” en los países enemigos y por su completa reorganización social y política en función de sus propios intereses. La necesidad, de todos los beligerantes, de proceder a rehacer el mundo y sus gobiernos era la manifestación de una crisis revolucionaria de alcance internacional.


 


Alemania declaraba luchar por el derrocamiento del zarismo y la “liberación de los pueblos” oprimidos por el zar, por la corona británica y por la república francesa. Gran Bretaña y Francia declaraban hacerlo para terminar con las dinastías de los Hohenzollern y los Habsburgo y “liberar” a los pueblos balcánicos y árabes. Estados Unidos afirmó que entraba en la guerra por el “triunfo universal de la democracia”. Cada bando impulsó prácticamente la rebelión interna en los países enemigos. Alemania llamó a la rebelión a los irlandeses, a los polacos, a los hindúes y a los judíos de Rusia; incluso alentó a México a entrar en guerra con Estados Unidos. Gran Bretaña impulsó el levantamiento árabe contra el imperio turco.


 


Cada potencia buscaba desarrollar la guerra civil en el campo del oponente, mientras mantenía la “paz civil” en el propio. La guerra civil estaba implícita en la política de todas las potencias beligerantes. Lenin fue el primero en advertir este rasgo original de la Primera Guerra y lanzó la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerra civil”. Es decir, transformar estas guerras civiles —parciales, limitadas, subordinadas a los intereses de los bandos en disputa— en una guerra civil internacional del proletariado contra la burguesía y, en particular, de cada proletariado contra su propia burguesía.


 


La Revolución de Febrero fue, según Lenin, “el comienzo de la guerra civil internacional del proletariado contra la burguesía”. 7


 


Febrero


 


El derrocamiento de la monarquía zarista por la Revolución de Febrero no alteró el carácter de la guerra. El gobierno burgués surgido de la revolución “continúa la guerra imperialista, llevada adelante en alianza con Gran Bretaña, Francia y otros, por el reparto de los despojos capitalistas y el sojuzgamiento de las naciones pequeñas y débiles”. 8 Lenin caracterizaba al “defensismo revolucionario” (que sostenía que había que continuar la guerra para defender la revolución) como “el peor enemigo del ulterior progreso y éxito de la Revolución Rusa”. 9


 


Pero, aunque no había cambiado el carácter de clase de la guerra, la revolución había cambiado totalmente la situación en Rusia. La revolución había sido, esencialmente, un levantamiento contra la guerra; los obreros y soldados le exigían la paz al gobierno burgués empeñado en seguir la guerra. Este hecho esencial llevó a Lenin y a los bolcheviques a cambiar el ángulo de su agitación contra la guerra: “es imposible terminar con la guerra imperialista y alcanzar una paz democrática, no coercitiva, sin derrocar el poder del capital y transferir el poder el estado a otra clase, el proletariado”. 10 La lucha de clases contra la burguesía y los Estados imperialistas seguía siendo la palanca en la cual se apoyaba Lenin para llevar adelante la revolución.


 


Lenin, incluso, pasa a denunciar el “derrotismo” de la burguesía rusa, a la que acusa de conspirar con los alemanes, desorganizar el frente y entregar territorios a los ejércitos del Kaiser para aplastar a la revolución (como había hecho la burguesía francesa en 1871 contra la Comuna de París).


 


La guerra había llevado a la revolución (a la primera etapa de la revolución); ahora, para terminar con la guerra, era necesario asegurar el triunfo de la revolución llevando al proletariado al poder.


 


Notas:


1. Rosa Luxemburgo, “La crisis de la socialdemocracia alemana” (Folleto Junius), abril de 1915.


 


2. Lenin, “La bancarrota de la II Internacional”, mayo de 1915.


 


3. Rosa Luxemburgo, ídem anterior.


 


4. Lenin, ídem anterior.


 


5. Rosa Luxemburgo, ídem anterior.


 


6. Lenin, “La consigna de la guerra civil explicada”, enero de 1915.


 


7. Lenin, “Las tareas del proletariado en nuestra revolución”, 10 de abril de 1917.


 


8. Lenin, ídem anterior.


 


9. Lenin, ídem anterior.


 


10. Lenin, ídem anterior.

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