16/08/2007 | 1005

“El Estado obrero es una abstracción” (Lenin)

Sobre "El estado y la revolución" (tercero y final)


Luego de Octubre, Lenin se vio obligado a volver sobre las condiciones de “extinción” del Estado, cuyo examen había retomado a partir de alguno de los últimos escritos de Marx. En El Estado y la Revolución trató, de un modo general, las condiciones ideales de un hipotético Estado obrero que emergiera sobre la base del mayor desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por la civilización capitalista. Con posterioridad a la revolución no pudo, sin embargo, dejar de precisar las modificaciones que imponía el curso concreto de los acontecimientos. Bien concreto: ¿podía el Estado que emergió de Octubre ser caracterizado sin más como un Estado obrero?


“Me equivoqué”


Es precisamente en respuesta al último interrogante que Lenin formuló la afirmación que titula este mismo artículo, imponiendo un cambio en el análisis del problema. Lo hizo con plena conciencia de que se trataba de corregir un error. Es lo que señaló de un modo explícito en enero de 1921, al referirse a un discurso suyo, pronunciado algunos días antes. Textualmente: “Yo declaré que nuestro Estado no es un Estado obrero, sino un Estado de obreros y campesinos… Al leer el informe de la discusión, me doy cuenta de que estaba equivocado… Debería haber dicho: el Estado obrero es una abstracción. El nuestro es un Estado obrero con las características siguientes: l) la población campesina predomina sobre la obrera, y 2) es un Estado obrero con deformaciones burocráticas” 1 . Cuando Trotsky reprodujo esta cita en una polémica del año 1940, agregó: “a Lenin le importaba tanto la definición sociológica precisa del Estado que estimó necesario autocorregirse” 2 .


Lenin percibió de un modo muy agudo, desde el principio mismo de la revolución, las terribles dificultades que planteaba el enorme atraso económico y social. Desde 1918 polemizó contra los que en su propio partido pretendían orientarse con las fórmulas genéricas sobre una transición del socialismo a una etapa superior, el comunismo.


Lenin consideró imprescindible partir del reconocimiento de que la URSS ni siquiera se encontraba en una fase de transición del capitalismo al socialismo, sino en una etapa anterior: un capitalismo más primitivo, asentado en la pequeña propiedad. Estaba lejos de los logros del capitalismo concentrado, de grandes escalas de producción y de sus métodos de gestión y control. Por eso Lenin consideraba que un “capitalismo de Estado” representaría un paso adelante en relación al panorama económico de la pequeña propiedad que se extendía incluso como consecuencia de la victoria del levantamiento campesino. Este atraso se acentuó luego de la destrucción industrial que provocó la guerra civil.


La “base económica” condicionaba las formas concretas que adoptaba el Estado. Lenin consideraba a las “deformaciones burocráticas” del Estado obrero como una derivación inevitable de este predominio de la pequeña producción y de la pequeña propiedad.


Lenin polemizaba una y otra vez contra quienes no entendían la necesidad de la lucha contra el elemento pequeño-burgués por medio de lo que llamaba una especie particular de “capitalismo de Estado” en el Estado obrero. Una batalla que los bolcheviques estaban obligados a librar para avanzar en el terreno de la transición a un… Estado obrero, no abstracto sino concreto, para usar las palabras del propio Lenin. Es decir, un Estado que pudiera ir más allá de la imprescindible alianza con los campesinos, para que predominaran los obreros, los constructores de una economía de la gran producción, y no los burócratas, condenados a reproducir la miseria de la pequeña propiedad. Por eso (aunque en un sentido muy especial) Lenin hablaba del “capitalismo de Estado”. Es decir, se trataba entonces de sentar las bases del edificio económico y político que permitiera avanzar hacia el socialismo… y la “extinción” del Estado. Todo esto condicionado, en misma instancia, a la extensión de la revolución mundial.


Capitalismo de Estado (y Estado obrero)


La política desarrollada fue objeto de controversias cambiantes y permanentes entre los bolcheviques desde el momento mismo de la toma del poder. Desde el mismo instante en que el gobierno obrero y campesino, obligado por las impostergables tareas de reconstrucción económica, debió recurrir a especialistas y técnicos con una remuneración privilegiada, con salarios superiores a los de un trabajador “medio”, Lenin percibió que se violentaba la premisa socialista del Estado “tipo comuna”. Es en ese momento que comienza a hablar de “capitalismo de Estado”, consciente de que se estaba estableciendo un principio “no socialista” (aun en empresas socialistas, es decir, expropiadas por los soviets), en el aparato estatal. Pero era una concesión que el aparato estatal debía admitir para salir del atolladero de la depredación productiva y hacia una concentración creciente de medios de producción bajo control del propio gobierno.


Desde 1918, en ocasión de la revisión del programa del partido, Lenin y sus compañeros buscaron precisar el significado y el alcance de este concepto de “capitalismo de Estado” y sus implicancias con el tipo de poder sobre el cual se asentaba el gobierno soviético. En la última intervención de Lenin en un congreso del partido, en 1922, la cuestión vuelve a ser debatida cuando él mismo señala que sobre este punto existe entre sus propios camaradas y en la prensa partidaria una incomprensión muy grande, que deriva del hecho de que se trata de una situación inédita donde el capitalismo de Estado se combina con un gobierno obrero, sobre lo cual no existe ningún precedente en la historia y sobre lo cual es preciso avanzar para resolver los cruciales desafíos de la revolución (ver recuadro).


Las dificultades de la construcción económica en la URSS dominaron la etapa final de la vida de Lenin. “Nuestro aparato estatal -decía entonces Lenin- representa en su mayor parte una supervivencia del antiguo aparato, que en sólo mínimo grado ha sido modificado en forma más o menos seria. Sólo ha sido ligeramente retocado en su aspecto exterior, pero en los demás aspectos conserva todo lo que caracterizaba a nuestro viejo aparato del Estado” 3 . Era algo más que las “deformaciones” a las que había aludido dos años antes.


En otro artículo, publicado semanas después, Lenin insistirá en que “hasta ahora hemos tenido poco tiempo para reflexionar y ocuparnos de la calidad de nuestro aparato del Estado”, al que proponía renovar con “un material humano de características en verdad modernas y que no esté atrasado en relación con los mejores de Europa Occidental”. Agregará, en el mismo texto, que llegó el momento de “ocuparnos como corresponde de nuestro aparato estatal” 4 . Es parte de un trabajo que ha sido muy citado no sólo porque es el último artículo redactado por Lenin. En él vuelve a la carga con los peligros mortales de la burocratización del gobierno, alerta contra la presión mortal del capitalismo, evalúa las posibilidades de que la revolución no pueda mantenerse aislada y, por eso mismo, insiste en la necesidad imperiosa de la reforma cuidadosa del aparato estatal para mantener las conquistas de la Revolución de Octubre hasta que las circunstancias plantearan un nuevo ascenso de la revolución mundial.


Es insoslayable considerar todos estos planteos de Lenin a la hora de ponderar y actualizar la doctrina del marxismo sobre la cuestión del Estado y la Revolución, el título del famoso libro que festeja ahora sus noventa años.


Notas


1. Vladimir Lenin; “La crisis del partido” . Enero de 1921.


2. León Trotsky; En Defensa del Marxismo.


3. Vladimir Lenin; “Propuesta al Congreso del Partido”, 25 de enero de 1923.


4. Vladimir Lenin; “Más vale poco pero bueno”, 2 de marzo 1923.

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Publicado por el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores.
Breve esbozo biográfico (1914), de V. I. Lenin.