Mes del 50° aniversario de la fundación de la IV° internacional

 EL PROGRAMA DE TRANSICIÓN

Primera nota

Se realizó el acto de homenaje a la fundación de la IV° Internacional

Ante más de 200 compañeros, se realizó el sábado 3 el acto del PO en homenaje al 50° aniversario de la fundación de la IV° Internacional. Hicieron uso de la palabra los compañeros Christian Rath, Pablo Rieznik, Julio Magri, Rodolfo Correa, Rafael Santos y Jorge Altamira.

El próximo sábado 17 y domingo 18 tendrán fugarlas jornadas de estudio relativas a la fundación y desarrollo de la IV° Internacional en el Club Almagro, de esta Capital.

En el folleto “Bolchevismo y stalinismo", de agosto de 1937, León Trotsky escribía lo siguiente: “Épocas reaccionarias como la actual, no sólo debilitan y desintegran a la clase obrera aislándola de la vanguardia, sino que también rebajan el nivel Ideológico general del movimiento, rechazando hacia atrás el pensamiento político, hasta etapas superadas desde hace mucho tiempo. En estas condiciones la tarea de la vanguardia consiste ante todo en no dejarse sugestionar por el reflujo general: es necesario avanzar contra ia corriente... Ante los ojos de los mentecatos, tal política aparece como “sectaria”. En realidad no hace más que preparar un salto gigantesco hacia adelante impulsada por la oleada ascendente del nuevo período histórico” (Ed. El Yunque,p.9).

El programa aprobado por la Conferencia de fundación de la IV° Internacional expresa, precisamente, una continuidad y un desarrollo de las con-quistas teóricas de un siglo de luchas revolucionarias del proletariado mundial y es el instrumento político consciente que prepara una nueva etapa, definitiva, del combate histórico por el socialismo.

Crisis histórica

El Programa de Transición parte de la afirmación de que se ha llegado a “una crisis histórica de la humanidad” cuya superación “depende del proletariado, es decir, en primer lugar, de su vanguardia revolucionaria”.

¿Se encuentra desactualizada esa caracterización? Es curioso que quienes le reconocen una validez limitada al período en que fue escrita, en vísperas de la segunda guerra mundial, admiten también que corresponde a la perspectiva cierta del futuro próximo. Se llegaría así a la conclusión bien extraña de que nada menos que la “crisis histórica de la humanidad” podría ser un fenómeno de tipo episódico recurrente que coexistiría con otros períodos intermedios de florecimiento histórico de la sociedad capitalista.

Cuando el Programa señala que “las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer” y “que las condiciones objetivas de la revolución proletaria no solo están maduras sino que han empezado a descomponerse”, da cuenta de una perspectiva histórica amplia. El solo hecho de que después de la segunda guerra mundial se hubieran producido ciento veinte guerras “locales” de orden internacional; de que las destrucciones producidas en la mayor parte de ellas superaran a las de la última guerra; de que existe el peligro de la destrucción nuclear del mundo por parte del capitalismo que lucha contra la revolución; todo esto es suficiente para verificar la vigencia de la categoría angular del programa de transición; “sin revolución socialista en el próximo período histórico, la civilización humana en su conjunto se encuentra amenazada de ser arrastrada a la catástrofe”.

La afirmación del Programa de que “las nuevas invenciones y los nuevos progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de ia riqueza material” tiene, indudablemente, un carácter muy sumario y es evidente que procura concentrar la caracterización de un período histórico. Si el concepto tuviera que ser reelaborado a la luz de los acontecimientos de los últimos cuarenta años de historia mundial, seguiría vigente como fórmula histórica. El capitalismo ha explotado en un porcentaje mínimo las invenciones y progresos técnicos; la mayor parte de ellos han sido aplicados a la esfera militar; el incremento de la riqueza capitalista en las últimas décadas ha incrementado el poder social del capital para destruir varias veces la civilización humana. Ha pasado poco más de una década desde que el imperialismo dejó de bombardear con medios nunca vistos al heroico pueblo de Vietnam, y poco más que eso desde que tuvo que desistir de iniciar una guerra nuclear contra China.

Los monumentales gastos armamentistas y los déficits presupuestarios crónicos han tenido la función de dar una salida al capital incapaz de reproducirse en las condiciones del mercado mundial capitalista. Esto ha llevado a la creación de un gigantesco capital ficticio, cuyas necesidades de sobrevivencia especulativa, han provocado la bancarrota actual de Estados enteros, incluidos el de muchos países que gozan de una economía “próspera”. La crisis bursátil mundial del año pasado refleja los límites de este proceso de valorización ficticia del capital y la necesidad, de los Estados capitalistas a partir de esto, de emprender un violento ataque sobre el nivel de vida de los pueblos de las metrópolis y de las semicolonias, para preparar las condiciones de un salto sin precedentes en la militarización económica.

El Programa de Transición afirma que “las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer", para concluir que “ni la política del 'Nuevo Trato’ de Estados Unidos ni la del Frente Popular en Francia, abren una salida a la Impasse económica”.

Este planteo tiene una enorme actualidad, aunque aclarando que, al precio de una destrucción fabulosa de riqueza y de seres humanos, el imperialismos pudo “salir” de esa impasse económica durante un cierto período después de la última guerra. Del mismo modo que en una etapa de depresión económica general, algunas ramas de la economía y algunos países pueden continuar creciendo, explotando incluso a su favor la desvalorización de la masa del capital existente, lo mismo puede ocurrir durante un período, que sin embargo tampoco abarca por igual a todo el mundo, que se hace a expensas de países y regiones enteras, y que no puede avanzar sino por medio de guerras, crisis políticas, violentos enfrentamientos de clases y, por sobre todo, de colosales crisis internacionales.

Los fundamentos teóricos del Programa de Transición y la conclusión histórica que plantea, la revolución socialista, no pueden ser cabalmente entendidos sin tres libros fundamentales de León Trotsky: “La Internacional Comunista después de Lenin”, “La Revolución Permanente” y "La Revolución Traicionada”. Los dos primeros desarrollan el análisis de las tendencias de la sociedad capitalista en la época de su descomposición y las leyes del movimiento de la revolución internacional, que para Trotsky debían constituir la primera parte de un programa completo de la revolución socialista, en tanto que el tercero estudia la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo, incluidas las tendencias a su degeneración y regeneración. El Programa integral que Trotsky tenía la intención de redactar hubiera incluido este análisis para definir la política del proletariado en el poder. El Programa de Transición es parte de aquel programa y contiene las caracterizaciones fundamentales de aquellos textos, en un estilo apretado, en el que se ha querido ver el reflejo de la “situación del momento” pero que es, al revés, una expresión de la universalidad de las categorías del programa, (en varias traducciones al castellano se tergiversa el sujeto de la primera frase del programa, sustituyendo a “la situación política mundial en su conjunto”, por la “situación política del momento", adulteración que es, naturalmente, toda una definición programática del traductor).

A partir de los años 50, el capítulo de las “premisas objetivas de la revolución socialista” fue objetado en su alcance histórico por la corriente, encabezada por Mandel y Pablo, quienes se dedicaron a rescatar las consignas del programa en desmedro de su parte teórica. Esta corriente revisionista planteó que se había ingresado a una nueva etapa histórica, el “neocapitalismo”, que se caracterizaría por la atenuación y desaparición de las crisis capitalistas y por la satisfacción del consumo de masa de los trabajadores. Mandel trató de demostrar que el “neocapitalismo” probaba la vigencia del marxismo. A partir de 1970, esta etapa desapareció sin que los deudos informaran a nadie del deceso.

La diferencia esencial entre el momento en que fue escrito el Programa de Transición y los cuarenta y pico de años que siguieron al comienzo de la debacle hitleriana, reside en el pasaje de un período de reacción política y de derrotas a un período de ascenso de masas, que es precisamente la perspectiva que señala el Programa de Transición contra todos los agoreros de aquel momento que preveían, algunos, varios siglos de dominación fascista-stalinista; otros, la superación del capitalismo y del socialismo por el colectivismo burocrático; y todos aquellos que, por último, aseguraban la estabilidad del capitalismo mediante la planificación y la imposibilidad del socialismo por una alegada incapacidad histórica de la clase obrera.

El Programa de Transición aborda, a partir de esta perspectiva, la tarea de preparar al proletariado, a través de la comprensión de la naturaleza de las fuerzas en pugna y de las tareas que la impasse del capital presenta a los explotados, para poner fin al ciclo de derrotas y abrir un nuevo período de ascenso de la revolución socialista mundial.