15/03/2007 | 983

Febrero: Contrarrevolución en la revolución

Los centroizquierdistas ceden el poder a la burguesía

El levantamiento forzó a la burguesía y a los terratenientes a operar en dos frentes. Su temor a las masas (acrecentado por la experiencia de 1905) y a perder las posiciones políticas (gobiernos locales, comités de guerra, Duma), y la dominación económica que habían conquistado bajo el zarismo, la empujaban a complotar con la monarquía para aplastar a los explotados; al mismo tiempo, se valían de la amenaza de la insurrección para arrancarle concesiones a la autocracia.


 


Cuando comprendieron que el zar Nicolás II estaba perdido, complotaron para asumir la totalidad del poder. Los diplomáticos franceses y británicos alentaron el complot porque veían en la burguesía y los terratenientes un aliado más seguro que el zar para llevar la guerra mundial “hasta el fin”.


 


Con todo, el respaldo de los imperialistas franco-británicos, la mejor organización de la burguesía y su manejo de importantes palancas del Estado, no alcanzan para explicar su ascenso al poder. La burguesía y los terratenientes no tenían ningún respaldo entre las masas de obreros y soldados; los explotados los odiaban porque habían cogobernado con el zarismo y se habían enriquecido con la guerra.


 


Esa desconfianza tomó inmediatamente una forma organizada. El 28 de febrero, cuando todavía se combatía en las calles y el “gobierno provisional” no había nacido, se formó en Petrogrado el Soviet de Diputados obreros, retomando la experiencia de 1905; inmediatamente los representantes de los soldados se incorporaron al Soviet.


 


Desde el primer momento, el Soviet tuvo el poder político en sus manos. Controlaba los bancos, los ferrocarriles, los teléfonos, las imprentas, los arsenales, las fábricas y la guarnición, porque los obreros y los soldados se negaban a obedecer otras órdenes que no fueran las del Soviet. No había en Petrogrado otra fuerza armada ni otra autoridad. En estas condiciones, ¿cómo es que se produjo el ascenso al poder de la burguesía?


 


La revolución inglesa del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII se caracterizaron porque su desarrollo empujaba a la cima del poder a fracciones cada vez más a la izquierda, representantes de las clases y capas sociales más plebeyas. Febrero, en cambio, debuta con la victoria en las calles de los obreros armados, apoyados por los campesinos en uniforme. El proletariado aparece en la Revolución Rusa, desde el comienzo, como el caudillo. Si no toma el poder, la revolución debe evolucionar hacia la derecha.


 


Contrarrevolución en la revolución


 


“La contradicción entre el carácter de la revolución y el poder que surgió de ella se explica por las peculiaridades del nuevo sector pequeñoburgués situado entre las masas revolucionarias y la burguesía capitalista”. (2) El Soviet que se forma el 28 de febrero no es una creación de las masas en lucha; surge “desde arriba” por iniciativa de dirigentes del movimiento sindical y cooperativo e integra a dirigentes revolucionarios sacados de la cárcel por la revolución. No es una representación directa y democrática de los obreros en lucha sino un frente de partidos y organizaciones pequeñoburguesas y obreras, una “multisectorial” integrada por las cúpulas de las organizaciones sociales y políticas, que llama a los obreros y a los soldados (campesinos) a elegir delegados al Soviet.


 


Los mencheviques y los socialistas revolucionarios —que habían sido partidarios de la guerra— tenían en este Soviet una posición dominante; los bolcheviques eran una absoluta minoría. Las primeras elecciones (en particular entre los soldados) refuerzan todavía más la posición dominante de los mencheviques y socialistas revolucionarios. Este Soviet, dominado por la centroizquierda “socialista”, transfiere el poder a la burguesía: el 4 de marzo vota una declaración llamando a apoyar al “gobierno provisional” burgués… que se había formado a instancias de los principales dirigentes del Soviet en ese momento (Kerensky y Skobelev). La “democracia revolucionaria” se revela así como el ala izquierda del orden burgués. Los bolcheviques no tienen ninguna claridad sobre la expropiación política que está llevando adelante la centroizquierda en beneficio de la burguesía: aunque en la sesión del 4 de marzo hay 40 delegados bolcheviques, sólo 10 votan contra el “apoyo” al “gobierno provisional”. En las primeras horas de la revolución, los bolcheviques se reducen al papel de extrema izquierda de la “democracia revolucionaria”.


 


Mientras el Soviet de 1905 fue un fenomenal factor de impulso a la revolución, el de febrero de 1917 debuta como un factor de contención revolucionaria y de expropiación política de los trabajadores. Las formas de organización propias de las masas, incluso las más revolucionarias, como el soviet, no alcanzan por sí mismas para determinar la independencia política de la clase obrera; para eso hay que tener en cuenta su estrategia y programa, por medio de la lucha de partidos.


 


Dualidad de poderes


 


Surge así la dualidad de poderes que caracteriza al período abierto por la Revolución de Febrero. La dualidad de poderes “atestigua que la ruptura del equilibrio social ha roto ya la superestructura del Estado (…) surge allí donde las clases adversas se apoyan en organizaciones estatales sustancialmente incompatibles entre sí” (3) . Pero a diferencia de las que caracterizaron a las revoluciones pasadas, “impuesta a los combatientes por la correlación temporal de fuerzas”, la dualidad de poderes surge en febrero “no como el fruto de la lucha de clases en torno al poder, sino como resultado de la cesión voluntaria de ese poder de una clase hacia otra” (4) . En Febrero, la dualidad de poderes no es la consecuencia de la lucha de clases sino de la conciliación de clases.


 


Bajo la cubierta de ese doble poder formal, se desarrollaba un verdadero doble poder que enfrentaba a la burguesía y a la pequeñoburguesía (es decir, al gobierno y a la dirección del Soviet) con los obreros armados y los campesinos. Las masas confían en los centroizquierdistas, pero se niegan a entregar las armas y se lanzan a imponer por la acción directa sus reivindicaciones (como la jornada de ocho horas). “Ya en el momento de la Revolución de Febrero, las tendencias revolucionarias de las masas no coincidieron en lo más mínimo con las tendencias colaboracionistas de los partidos pequeñoburgueses”. (5)


 


Transición


 


Al elegir a los centroizquierdistas que entregan el poder político a la burguesía, las masas renuncian al poder político que han conquistado.


 


Se abre entonces “un período de transición” entre la primera etapa de la revolución (cerrada con el ascenso de la burguesía al poder) y una “segunda etapa de la revolución” que lleve al poder político al proletariado (6) . Lenin pronostica que esa “segunda revolución” será inevitable. El contenido de la política revolucionaria durante esta transición será la preparación de la “segunda revolución”.


 


Lenin anticipa así, en sus “Cartas desde lejos”, la dialéctica de esta revolución permanente.


 


Política revolucionaria


 


Febrero crea una situación política excepcional. El problema político principal era que los obreros y los campesinos no querían una “segunda revolución”; confiaban en los mencheviques y socialrevolucionarios que los llamaban a apoyar y “presionar” al “gobierno provisional”. La necesaria “segunda revolución” sólo sería posible si se producía un vuelco en la conciencia de las masas obreras y campesinas.


 


Lenin denuncia el carácter imperialista, guerrerista y hostil a cualquier reivindicación popular del nuevo gobierno y la traición de la dirección del Soviet; plantea la necesidad de sustituir al “gobierno provisional” por un gobierno basado en los soviets. Pero, por sobre todo, señala que es imposible desarrollar una política que preparara la “segunda revolución” actuando en común con los conciliadores. En las condiciones posteriores a Febrero, el frente único con los conciliadores sería el entierro de la revolución. Lenin reclamó que se estableciera la más nítida y tajante diferenciación entre los bolcheviques y los partidos de la mayoría del Soviet. “Ningún acercamiento con otros partidos”, reclama en un telegrama enviado el 6 de marzo a los bolcheviques que regresaban a Rusia. La política de Lenin iba totalmente a contramano de la de la mayoría de la dirección de los bolcheviques en Rusia; bajo la inspiración de Stalin, el Partido Bolchevique emitió una declaración de apoyo condicionado al gobierno provisional y estudiaba la reunificación con los mencheviques.


 


“La tarea no es presionar a los liberales”, dice Lenin, sino “explicar” a las masas que por su carácter burgués e imperialista el nuevo gobierno es incapaz de satisfacer sus reivindicaciones y que “sólo una república proletaria, apoyada por los trabajadores rurales y las secciones más pobres del campesinado y los habitantes de las ciudades, puede asegurar la paz y dar paz, orden y libertad”. (7)


 


¿Cómo “explicar”? Mediante una agitación política sistemática, que opusiera las aspiraciones de las masas a la política “oficial” del gobierno burgués y de la dirección soviética que lo sostenía. Para que las masas pudieran desarrollar colectivamente esa experiencia revolucionaria, era necesaria su organización, “no en el estereotipado sentido de trabajar en las organizaciones estereotipadas, sino en el sentido de atraer a las más amplias masas de las clases oprimidas que deben tomar las funciones militares, políticas y económicas del Estado” (8) . Esa nueva organización eran el Soviet y, sobre todo, la milicia obrera, o sea el armamento general de la población trabajadora. Las masas necesitan esas organizaciones para imponer las medidas elementales (expropiación de tierras de los latifundistas, control obrero de la distribución y la producción). El Soviet y la milicia son la base del nuevo Estado que reemplazará al Estado burgués cuando sea derrocado el gobierno provisional.


 


Lenin apunta a transformar —por medio de la agitación, la organización y la experiencia de la lucha práctica por las reivindicaciones transitorias (paz, pan, tierra y libertad)— la desconfianza instintiva de los obreros y campesinos en el gobierno burgués en una desconfianza conciente. Es decir, producir un vuelco en la conciencia de la clase obrera que la lleve a la conclusión de que es necesario instaurar su propio poder. El único partido que plantea el pasaje del poder a los soviets es el Partido Bolchevique.


 


Pero para que el Partido Bolchevique pudiera “explicar” a las masas la necesidad de sustituir al “gobierno provisional” por el poder de los soviets, era necesario, previamente, explicar esta necesidad al propio partido, que atravesaba una situación extremadamente contradictoria. Mientras los comités de fábrica y de las barriadas obreras votaban resoluciones contra el “gobierno burgués”, la dirección bolchevique en Rusia se orientaba a la “convivencia” con la dirección conciliadora del Soviet.


 


Notas


1. Lenin, “Cartas desde Lejos”, Primera Carta: “La primera etapa de la primera revolución”.


2. Trotsky, “Historia de la Revolución Rusa”.


3. Idem.


4. Idem.


5. Idem.


6. Lenin, “Cartas desde Lejos”, Primera Carta: “La primera etapa de la primera revolución”.


7. Lenin, “Cartas desde Lejos”, Segunda Carta: “El nuevo gobierno y el proletariado”.


8. Lenin, “Cartas desde Lejos”, Tercera Carta: “Sobre la milicia obrera”.

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Publicado por el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia en vísperas del Día Internacional de los Trabajadores.