Aniversarios

6/10/1988|244

50° aniversario de la fundación de la IV Internacional

La dictadura del proletariado y la IV Internacional

La cuestión de la dictadura del proletariado ocupa un lugar central en el programa marxista. Es la estrategia que guía todo el período histórico que va de la primera fase del socialismo al comunismo y a la progresiva desaparición del Estado. Su punto de partida, como el de la revolución, es el cuadro nacional creado por el capitalismo. Pero su perspectiva es internacional, la República Mundial de los Soviets.

La actitud ante el Estado ha sido históricamente la piedra de toque que distinguió a revolucionarios de reformistas en todos los períodos del desarrollo del movimiento obrero. Esta cuestión está en el centro de los problemas de la reconstrucción de la IV Internacional porque también en su seno, los revisionistas han abandonado la teoría marxista del Estado.

Secretariado Unificado

El oportunismo “pablista” data de fines de la década del cuarenta, cuando a través de Michel Pablo (SU) se formuló la extraña teoría de que el proletariado había sido suplantado por el stalinismo como sujeto de la revolución mundial. Esta posición llevó a la IV Internacional dirigida por Pablo a restar su apoyo a los levantamientos obreros de Berlín Oriental, de 1953, y de Hungría y de Polonia, de 1956.

En 1969-74, el “pablismo” (Ahora liderado por E. Mandel) asumió las posiciones foguistas, convirtiendo a la pequeña burguesía sin lazos con la evolución política del proletariado, en la fuerza dirigente de la revolución.

Semejante trayectoria delata a una corriente antimarxista, completamente foránea a la construcción de una Internacional proletaria. En 1977, este sector — llamado Secretariado Unificado — va a rematar (si se puede decir así) su degeneración teórica con una tesis sobre la “democracia socialista y Dictadura del Proletariado" que se autojustifica como una respuesta a los “prejuicios democráticos de la clase obrera de Europa Occidental”.

La resolución del SU afirma que “La dictadura del proletariado no es otra cosa que la democracia obrera”. De este modo reduce la dictadura del proletariado a una de sus características y, lo que es peor, tomándola en un sentido formalista, es decir, privándola de su contenido social e histórico. Naturalmente oculta la función histórica de la dictadura obrera, que es la elevación de la clase obrera como clase dominante, el aplastamiento de la burguesía y de la contrarrevolución y la expropiación política y económica de la burguesía.

Sólo mediante la destrucción del aparato estatal burgués puede la clase obrera iniciar junto a la dictadura del proletariado, el proceso de extinción del Estado.

El SU dice que la “democracia socialista” debe ser presentada como “una extensión de los derechos democráticos de los trabajadores, más allá de los que ya gozaban bajo las condiciones de la democracia burguesa”. El pasaje de la democracia burguesa a la dictadura del proletariado sería una culminación del proceso histórico del Estado burgués, mediante la extensión de los derechos individuales.

Aquí encontramos el embellecimiento clásico de la democracia burguesa característico de la socialdemocracia y el planteo del “tránsito pacífico” del capitalismo al socialismo característico del stalinismo versión "renovadora”.

Derechos individuales

Los derechos individuales fueron el producto histórico progresivo y el arma de combate en el tránsito del feudalismo al capitalismo. El pasaje del estatuto feudal al código civil marcó una revolución en las formas de propiedad y liberó las fuerzas productivas frenadas por el derecho señorial. Pero la igualdad proclamada por la burguesía no era más que un enmascaramiento de la desigualdad real entre explotadores y explotados y la consagración del derecho de propiedad, es decir de explotación.

Este derecho es el límite absoluto de todo el derecho y de sus libertades correspondientes. “Aun en la república burguesa más democrática”, decía la III Internacional refiriéndose al derecho de reunión, esta es “una frase sin sentido, pues los ricos poseen los mejores edificios públicos y privados, así como el tiempo necesario para reunirse bajo la protección del aparato estatal burgués. Los proletarios de la ciudad y del campo y los pequeños campesinos, es decir la inmensa mayoría de la población no tienen ni lo uno ni lo otro. En tanto que esto sea así la igualdad, es decir la democracia pura, es un engaño.

Para conquistar la verdadera Igualdad, para realizar realmente la democracia en beneficio de los trabajadores, es necesario en primer lugar quitar a los explotadores todos los locales suntuosos públicos y privados, es necesario dar el tiempo necesario a los trabajadores, es necesario que la libertad de sus reuniones sea protegida por los obreros armados y no por los esbirros o por capitalistas con soldados a su disposición”.

Tendencia histórica

Al postular la “extensión” de las libertades individuales de la democracia burguesa, el SU oculta la tendencia histórica real de la democracia burguesa. El desarrollo histórico del capitalismo se caracteriza por la tendencia al perfeccionamiento y refinamiento de la maquinaria de opresión del Estado burgués. Los enormes ejércitos modernos dotados de miles de ojivas nucleares y los poderosos servicios de espionaje y represión han convertido a los Estados en una maquinaria pura de opresión. ¡Lo atestiguan los presupuestos públicos, que destinan al militarismo entre el 30 y el 50% de los recursos fiscales!

En todos los países del mundo, las dictaduras tienen rango constitucional, pues sus disposiciones pasan a integrar la legislación corriente de las “democracias”. Comparado con cualquier otra etapa “constitucional” anterior, el presente régimen político argentino, por ejemplo, representa un progreso en el refinamiento y reforzamiento de la maquinaria de opresión.

En los “democráticos" estados de Europa Occidental se preservan las monarquías (Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Holanda, España) y se incrementa día a día la legislación limitativa de las huelgas (Alemania, Gran Bretaña). En Italia aún quedan resabios de la legislación mussoliniana. Recientemente el régimen montó un referéndum para anular la escala móvil de salarios ¡apelando a los “derechos individuales" contra el proletariado! En Francia, sigue vigente la V° República gaullista, — de neto corte autoritario, con el Ejército actuando como reaseguro de todas las crisis políticas (¡1968!).

León Trostky nunca olvidó de seña-... fas huelguistas y (no sólo los patrones) lar a la “democracia como la forma más aristocrática de dominio: sólo pueden conservarla” — afirmaba — “aquellos países que tienen esclavos en el mundo: como Gran Bretaña, cuyos ciudadanos poseen nueve esclavos cada uno; Francia, donde cada ciudadano tiene un esclavo y medio; y Estados Unidos —no puedo contar los esclavos pero lo es casi todo el mundo, empezando por América Latina”.

El SU simplemente se olvidó de la opresión colonial al hacer su elegía de la “democracia" burguesa.

Una línea de demarcación

Para el SU la “condición previa (sic) para el ejercicio del poder político por la clase obrera” es la “libertad para la organización de grupos, tendencias/ partidos diferentes sin restricciones”. Como un “gentleman” británico, la “dictadura del proletariado” mandeliana debe entrar a la historia golpeando la puerta con guantes blancos. “Cualquier (!!!) restricción (de los derechos democráticos) dice el SU... limita la democracia obrera”.

¡Pero el “derecho” es precisamente “restricción"; el derecho de un individuo termina donde empieza el del otro! El del obrero donde empieza el del burgués, y hasta el derecho a la existencia, que está por encima de todo "derecho”, está condicionado bajo el capitalismo al derecho de propiedad. El derecho “sin restricciones” es una vulgaridad y una patraña.

Para el SU, si se comienza con la “restricción” de derechos a la burguesía, se termina, como en el poema de Brecht, conculcando la democracia obrera. “¿Cuál es la línea de demarcación?” se pregunta el teórico que ha dejado de percibir las fronteras de clase.

El SU concibe a la lucha de clases como un proceso discursivo o parlamentario, donde los trabajadores — en uso de sus “derechos Individuales” —son libres de “optar” por sobre todo entre diferentes "propuestas" políticas.

Cualquier trabajador que haya participado de una huelga sabe, sin embargo, perfectamente que los campos se delimitan en el curso de la propia lucha.

Así como la línea de demarcación entre sino también los carneros y los políticos que vienen a “mediar” se define en el propio curso de la huelga. La lucha de clases divide y “demarca” los campos en pugna. Si la huelga es la forma embrionaria de la guerra civil que opone a la clase obrera al capital, la guerra civil desarrollada opone más nítidamente todavía a los campos en lucha y obliga a los revolucionarios a extremar las medidas autoritarias para aplastar a la contrarrevolución. Las tesis del SU aplicadas a Nicaragua significarían la extensión de los “derechos individuales" a la “contra” ¡que es precisamente lo que apoya el SU para Nicaragua!

La democracia obrera no es ni puede ser la suma de los derechos individuales de los obreros, ni mucho menos la de todas las clases, por la simple razón de que el socialismo y la dictadura del proletariado son la consagración histórica de los derechos colectivos, es decir, la abolición del derecho, que históricamente representa la reglamentación de la lucha del hombre contra el hombre. Engels no definió el “reino de la libertad” como una reforma superior del código civil, sino como la “conciencia de la necesidad”, es decir la conciencia de la necesidad del desarrollo humano, emancipado de la institución salvaje de la propiedad. La democracia obrera, como régimen de transición, es la actividad revolucionaria de los explotados. Donde ésta existe hay democracia obrera, cualquier otra cosa es fetichismo organizativo y mistificación política.

Revolución política

Para el SU, la ampliación de los derechos individuales será también la viga maestra de su posición respecto de la regeneración de la dictadura del proletariado en los Estados Obreros burocratizados. “No es posible ninguna solución de recambio con relación al poder de la burocracia, dicen las tesis, sin la Institucionalización del poder del proletariado.” Es necesario, afirman, un “Código Penal que defienda y extienda las conquistas más progresistas de las revoluciones democrático-burguesas en el terreno del código penal y de la justicia". El SU propone, en consecuencia, un pluripartidismo que preserve los derechos políticos sin excluir a la burocracia y a la aristocracia obrera.

Esta concepción equivale a la renuncia a la revolución política. En forma análoga a lo que antes ocurría con la revolución proletaria, el SU plantea el “tránsito pacífico” del dominio burocrático a la “democracia", que de obrera no tiene nada porque no expropia a la burocracia de sus privilegios, es decir que no la abole.

El SU pretende fundarse en la afirmación del Programado Transición que dice que “la democratización de los soviets es Imposible sin la legalización de los partidos soviéticos”. Lamentablemente para el SU el Programa de Transición agrega: “Los mismos obreros y campesinos, con sus votos libres, señalarán a los partidos que reconocen como partidos soviéticos”.

Más aún: “Es necesario devolverá los soviets no solo su libre forma democrática, sino también su contenido de clase, (¡qué tal!) Así como en otro tiempo no se permitía a la burguesía y a los kulaks (campesinos ricos) Ingresar en los soviets, ahora es necesario expulsar de los soviets a la burocracia y a la nueva aristocracia”. Anticipándose a Mandel, Trotsky respondía de la siguiente manera a quien le reprochaba que así quedarían "excluidos a priori decenas de millones de trabajadores”: “No es una cuestión de definición constitucional, que se aplica sobre la base de calificaciones jurídicas permanentes, sino de la autodeterminación real de los campos en lucha. Los soviets sólo pueden surgir en el curso de una lucha decisiva. Serán creados por aquellas capas de trabajadores que sean arrastrados al movimiento. La importancia de los soviets consiste precisamente en que su composición no se determina por criterios formales, sino por la dinámica de la lucha de clases... Aquellos elementos de la burocracia y de la aristocracia que, en el curso de la revolución, se pasen al lado de los insurrectos, también encontrarán indudablemente un lugar en los soviets. Pero esta vez no como “burócratas” y “aristócratas”, sino como participantes en el levantamiento contra la burocracia”.

“Estado socialista de derecho”

La pretensión mandeliana de institucionalizar los “derechos individuales” en la URSS ya fue juzgada en su momento por León Trotsky en “La Revolución Traicionada”. En el capítulo sobre la “Constitución soviética de 1936” calificaba “el sufragio universal” como la “liquidación jurídica” de la dictadura del proletariado porque diluía a la clase obrera en el conjunto de la población. A Trotsky no se le escapaba que “los soviets hace tiempo que perdieron toda importancia política, pero el crecimiento de los antagonismos sociales y el despertar de la nueva generación habría podido reanimarlos... La primera preocupación de la aristocracia soviética es liberarse de los soviets de obreros y soldados rojos”. Así, Trotsky no se limitaba a denunciar la patraña de las supuestas “libertades” que esa constitución afirmaba garantizar, en momentos en que se acentuaban las características opresivas y criminales del régimen burocrático. Supo apreciar, al mismo tiempo, cómo los “derechos individuales” ¡esgrimidos por Stalin! eran un arma de lucha de la burocracia contra la tendencia de la revolución política a expropiarla política y económicamente.

En el mismo sentido, cobran una tremenda actualidad las observaciones de Trotsky sobre el artículo 10 de dicha constitución que “tiene por objeto defender” la propiedad personal de los ciudadanos... (¡derecho individual por excelencia!) ..."En la Unión Soviética, el problema de la propiedad personal se presenta por el momento no bajo su aspecto comunista sino bajo su espíritu pequeño burgués... Es significativo el hecho de que la ley que protege la choza, la vaca y el simple mobiliario del campesino, del obrero, del empleado, al mismo tiempo legaliza el hogar particular del burócrata, su villa, su auto y los “otros artículos de consumo personal o comodidades” de que se ha apropiado... Y no hay que dudar de que el auto del burócrata estará mejor defendido por la ley fundamental, que la carreta del campesino”. (La revolución traicionada).

Para Trotsky las tendencias “institucionalizadoras” de la burocracia revela-ban la preocupación de legitimar sus privilegios y la desigualdad resultante. Sus palabras resuenan con un eco particular cincuenta años después, cuando la burocracia gorbachoviana plantea también consolidar su status jurídico mediante un “Estado socialista de derecho". El Código Penal que propugna el SU se emparenta así con la política de Gorbachov. Como señaláramos en Prensa Obrera al analizar los resultados de la reciente conferencia del PCUS de julio de este año: “En realidad al hablar del ‘derecho’, Gorbachov pone de relieve la tendencia de la burocracia a asegurar sus privilegios sociales, que ya no consigue mantener por medio de la arbitrariedad o el terror, sobre la base más sólida de la propiedad. Es así que en el curso de la Conferencia ha repetido más de una vez que la reforma era necesaria para dar seguridad jurídica al arrendatario que se va a transformar en propietario de su tierra, o cualquier otra forma de propiedad privada, por ejemplo, la propiedad privada cooperativa”. Cuando saltan a la luz los fenomenales negociados por miles de millones de dólares de las “maffias” burocráticas (por ahora de las brejnevianas) aparece nítida la preocupación que quita el sueño a los burócratas “reformistas”.

Degeneración política

Las tesis del SU aparecieron en 1977, es decir, inmediatamente después de su aventura teórica por el foquismo. Después de haber propugnado la violencia a ultranza, sin importar si era revolucionaria o no, los mandelianos sorprenden a sus seguidores con el descubrimiento de la "democracia formal”, el pasaje pacífico a un “socialismo de Estado” y “derechos adquiridos" (pues defienden los de la burocracia).

El SU ha abandonado por completo el terreno de la clase obrera para transformarse en vocero teórico de la pequeña burguesía democratizante y en defensor práctico de la democracia imperialista y de la burocracia contrarrevolucionaria.