25/03/2020

La lucha de la juventud bajo la dictadura

El papel de la UJS

El golpe de Estado de 1976 apuntó a liquidar el ascenso de un enorme movimiento de masas, cuyo punto de partida puede establecerse en el Cordobazo. La juventud desempeñó en esa insurrección obrera un papel clave ya desde los días previos, acompañando la masiva asamblea obrera convocada por el Smata en el Córdoba Sport. La represión encontró en la primera fila de la resistencia a los estudiantes luchando codo a codo con los metalmecánicos. La represión del golpe del 24 de marzo tenía por eso en la mira a la vanguardia juvenil: el 43% de los desaparecidos tenía entre 16 y 25 años.


Aquellos años fueron muy significativos para el movimiento estudiantil a nivel mundial. En Francia los estudiantes serían un actor fundamental en el Mayo Francés, que desataría una onda expansiva que tuvo expresión en la Primavera de Praga en Checoslovaquia, en los grandes movimientos de Alemania, Italia, Japón, México y en nuestro propio país no solo en Córdoba sino también en el Rosariazo, el Tucumanazo, el Mendozazo, los sucesos de Río Negro, entre otros levantamientos, en los que la juventud fue un actor político destacado.



La represión a la juventud


El ejemplo más conocido de la represión al movimiento estudiantil a partir del último golpe militar es el operativo realizado el 16 de septiembre de 1976 por la Policía Bonaerense y el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército, en el cual secuestraron a estudiantes secundarios que eran dirigentes de sus centros de estudiantes. Habían encabezado las movilizaciones por el boleto estudiantil, una importante conquista de los secundarios de La Plata que la dictadura había eliminado. En la pelea por sus reclamos y en defensa de la educación pública, esos jóvenes eran impulsores de la lucha por una transformación social. Muchos de ellos siguieron organizándose de forma clandestina.


Para la dictadura los lugares de estudio eran focos “subversivos”, por lo que se dio una política de intervenir fuertemente las universidades y otras instituciones educativas. Nombró interventores y anuló los órganos de cogobierno, cerró facultades y carreras, ilegalizó los centros de estudiantes y estableció una batería de restricciones al ingreso -como exámenes y cupos- con la idea de reducir considerablemente la matrícula. El intento de desarticular mediante la represión la organización estudiantil y docente en las universidades había comenzado ya en el gobierno de Perón, con el accionar de fuerzas paraestatales como la Triple A y la CNU (Comando Nacionalista Universitario), que persiguieron y asesinaron a estudiantes, docentes y directivos.


Hacia finales del año 1981, cuando empezó a ser evidente la crisis del gobierno militar, comenzaron a constituirse las “comisiones pro-Centro de Estudiantes” en distintas facultades, donde el activismo comenzó a aglutinarse. Jugaron un papel importante en dar pelea contra el limitacionismo y junto a los organismos de derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo. En 1982 se solidarizaron con los combatientes de Malvinas y denunciaron el papel criminal de la dictadura durante la guerra.



El papel de la TERS y la UJS


La TERS (Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista) libró grandes batallas políticas en toda esta etapa. Por su rol de vanguardia del movimiento estudiantil durante el Cordobazo, conquistó luego una abultada mayoría en el congreso de la FES (Federación de Estudiantes Secundarios). Dos años después, en 1971, obtendría por primera vez delegados en la FUA (Federación Universitaria Argentina). Entre ellos se destacaba la figura de Pablo Rieznik, quien al año siguiente sería electo para la Junta Ejecutiva de dicha federación. Fue el mismo año en que se fundaría en Córdoba la Unión de Juventudes por el Socialismo, en el Congreso en que se fusionaron la TERS y la CBJ (Círculos Barriales de la Juventud).


Luego de la huelga general de junio y julio de 1975, los ‘libertadores’ del “halcón” Menéndez y la Triple A emprendieron una ofensiva que llevaría a la intervención militar de la UNC, donde la UJS había obtenido recientemente y por primera vez centros de estudiantes. Desde una asamblea en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, la UJS se puso a la cabeza de organizar una movilización callejera contra los episodios represivos y la intervención universitaria.


Con el golpe del 24 de marzo sobrevino un cambio sideral en la acción militante de Política Obrera, que pasó a desarrollar su actividad en la clandestinidad. Así como siguió publicándose el periódico Política Obrera, circulaba también por lo bajo la publicación de la UJS Juventud Revolucionaria.



En 1977 fue secuestrado Pablo Rieznik. Mientras él resistía las torturas sin revelar información alguna, la UJS y Política Obrera desplegaron una campaña nacional e internacional, que tuvo repercusión en España, Brasil y en Francia, donde la UES amenazó con tomar la embajada argentina si no era liberado. Finalmente, fue puesto en libertad y debió exiliarse en Brasil.


Con el reavivamiento de la organización juvenil en 1981, la UJS intervendría activamente en las comisiones pro-centros de estudiantes, que sentaron las bases para la conformación de los gremios estudiantiles. La compañera Ileana Cellotto fue una dirigente destacada de este proceso en la Facultad de Humanidades de La Plata.


La lucha sigue


Hoy, cuando los trabajadores y la juventud argentina sufren los ataques del régimen del FMI a sus condiciones de vida, cuando vuelven a la carga con planes de privatización de la educación, de precarización laboral y de ofensiva contra las conquistas obreras, la lucha que protagonizaron los jóvenes de aquella época cobra enorme vigencia. El hilo de continuidad es muy concreto, porque nuestras demandas son incompatibles con el pago de una deuda externa usuraria, que creció exponencial y fraudulentamente bajo la dictadura militar.


Por eso, a 44 años del golpe genocida, sigue planteado continuar el camino de organización de los compañeros detenidos-desaparecidos, que es el mejor homenaje que podemos hacerles. Con un programa de independencia política, seguimos luchando contra la impunidad de ayer y de hoy, contra el ajuste, en unidad con el movimiento obrero y en defensa de la educación pública.


No damos vuelta la página. No fueron inconductas, fue genocidio. 30.000 compañeros detenidos desaparecidos, ¡presentes!