27/08/1998 | 598

«La primavera de Praga», treinta años después

En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, 600 mil efectivos rusos y de otros cuatro países del Pacto de Varsovia, ocuparon Checoslovaquia. En pocas horas los centros neurálgicos del país quedaron en poder de las tropas invasoras, que secuestraron a sus autoridades y las enviaron a Moscú, esto ante la perplejidad de la población que pocas horas antes había sido tranquilizada de que los «aliados» rusos respetarían el camino que en los meses previos había emprendido el PC checoslovaco bajo la dirección del ‘reformista’ Dubcek, el del «socialismo con rostro humano», la llamada «primavera de Praga».


Crisis y desintegración del aparato


En Checoslovaquia el aparato del PC había sufrido muy pocas modificaciones durante la ola de desestalinización que comenzó con el XX Congreso del PCUS en 1956. La misma camarilla que comandó las purgas de fines de los ’40 y principios de los ’50 estaba al mando del aparato bajo la dirección de Novotny. El inmovilismo político acumulaba presiones desde los más diversos sectores. En los últimos meses del ’67 comenzaron a multiplicarse reclamos y movilizaciones de sectores estudiantiles e intelectuales (escritores, periodistas, docentes universitarios), en el cuadro de una situación económica empantanada. A esto se sumaban los reclamos de una mayor autonomía para Eslovaquia.


A fines del 67 se rompió el equilibrio en la cúpula dirigente. Novotny fue separado de sus funciones como secretario general y en su lugar fue designado el eslovaco Dubcek. El ascenso de los ‘renovadores’, como se los comenzó a conocer, impulsó la movilización popular. A los ‘renovadores’ esto les ayudaba a desplazar a sus adversarios. La liberalización de la prensa multiplicó los reclamos populares. Novotny intentó un putsch que fue abortado y uno de los principales ‘ortodoxos’ implicados, el general Sejna, huyó nada menos que a los Estados Unidos. Esto dio mayor impulso a los reclamos en favor de la rehabilitación de los purgados durante la era Novotny y de la depuración de la camarilla.


La clase obrera adquiere protagonismo a partir de marzo. Más de 250 asambleas destituyen a los dirigentes burocráticos y elevan una nueva camada de activistas. Naturalmente surgen los reclamos salariales y contra los abusos y privilegios de los burócratas.


Programa de Acción


La burocracia también define su programa y métodos de acción. En el plenum de abril el Comité Central vota un Programa de Acción que va a marcar la perspectiva de la burocracia ‘renovadora’.


El Programa de Acción es aprobado por unanimidad (es decir con el voto del amplio sector de partidarios de Novotny que permanecía en funciones). Este programa señala la necesidad de recomponer el sistema político. Para ello establece ciertos mecanismos electivos, procede a rehabilitaciones y plantea la federalización del Estado. La parte económica resulta emblemática, esto porque fija como objetivo último de la «reforma económica» descentralizadora, la «importancia de abrir la economía al mercado mundial, con el objetivo final de crear las condiciones para la convertibilidad de la moneda checoslovaca». También señalaba la necesidad de «la diferenciación salarial, la elevación de la madurez técnica, de la rentabilidad del trabajo y de su productividad, de la autoridad y de los poderes de dirigentes responsables». También agregaba: «Colocamos mucha esperanza en el restablecimiento de las funciones positivas del mercado en tanto mecanismo necesario para el funcionamiento de la economía socialista y medio de control que permite saber si el trabajo en las empresas fue efectuado racionalmente».


A la burocracia ‘reformista’ le preocupa tempranamente que el movimiento popular se le fuera de las manos. Ante esto Dubcek señala que «el Partido y el CC continuarán al frente del proceso de democratización, si bien ciertas manifestaciones aparentemente hayan escapado a su control… no podríamos afirmar haber impedido toda manifestación de tipo anarquista… pero el respeto a las normas del partido es la mejor garantía contra las tendencias anarquistas».


Agravamiento


Uno de los reclamos de las movilizaciones de esos meses era la convocatoria inmediata del XIV Congreso del PCCh, previsto recién para 1970. El plenum de abril rechaza ese reclamo, pero la situación política se acelera y en el mes de mayo decide convocar al XIV Congreso para el 9 de setiembre.


La disputa se concentra alrededor del XIV Congreso. La burocracia rusa teme que Dubcek sea incapaz de manejar la situación y que surja un partido independiente del Kremlin. Los sectores más activos del estudiantado, de la intelectualidad y de los trabajadores, por un lado, concentran sus energías en la elección de los delegados. A mediados de junio se publica el «Manifiesto de las dos mil palabras» que no es reproducido por la prensa oficial. Allí, junto a las críticas contra las manipulaciones del aparato, («el aparato decidía lo que podíamos o no hacer») se formula, sin embargo, una estrategia enteramente colocada bajo el paraguas del Programa de Acción. Para sus autores «es necesario exigir el establecimiento de un programa de acción local en cada distrito y en cada comunidad… es necesario obtener mucho más a nivel de distritos… el objetivo es la partida de los que abusaron del poder, que degradaron el patrimonio colectivo y que se comportaron de manera deshonesta y brutal» y para ello llaman a «adoptar resoluciones, manifestaciones, huelgas, etc».


En el mes de julio las amenazas de intervención de la Unión Soviética y de sus aliados del Pacto de Varsovia se acentúan. La dirección checoslovaca es citada a una reunión en Varsovia a la que no concurre. La URSS, la RDA, Polonia, Hungría y Bulgaria le envían entonces un ultimátum. La respuesta de Dubcek revela la visión con que la burocracia se aproximaba a los instantes decisivos. En la carta donde responde a los anteriores dice que el temor de los rusos al XIV Congreso es exagerado. Para Dubcek «la composición de los delegados es una garantía de que en el futuro las decisiones del partido no serán tomadas por representantes de opiniones extremistas… los representantes de la dirección, asociados con la línea del Programa de Acción serán propuestos por las diferentes conferencias regionales. Una cierta estabilización se está encaminando en el Partido».


La invasión


Los rusos, seguramente no confiaban en las certezas de Dubcek, e invadieron masivamente en la noche del 20 al 21 de agosto. Si bien lograron controlar los principales objetivos militares y detener y llevar a Rusia a Dubcek y a sus principales colaboradores, su primer efecto fue disparar un fenomenal levantamiento nacional. Hasta las milicias más afines al viejo aparato de Novotny se opusieron a las tropas soviéticas que fueron rodeadas y paralizadas por las masas desarmadas. El vacío político fue total. Los invasores habían calculado un rápido establecimiento de un gobierno títere, pero ni los dirigentes más afines y claramente comprometidos con la invasión estuvieron dispuestos a asumir. La imprevisión había sido completa. «No había sido hecho ningún esfuerzo por desarmar a las unidades del ejército checoslovaco; carecían del aparato de un ejército de ocupación como de las unidades policiales correspondientes», concluía un informe norteamericano.


El fracaso político era total. Ante la negativa del CC de tomar la iniciativa, el Comité de Praga del PC convoca a los delegados electos para el XIV Congreso a reunirse clandestinamente en las propias barbas del invasor. Efectivamente, 1026 delegados sobre los 1250 electos se reunen en la fábrica C.K.D., en el barrio obrero de Vysocany, bajo la atenta vigilancia de sus trabajadores y allí como XIV Congreso, reclaman el retiro de las tropas extranjeras y eligen un nuevo Comité Central, bajo la dirección de Dubcek, entonces preso en Moscú.


Los acuerdos de Moscú


Ante el fracaso de la invasión, los rusos cambian abruptamente de táctica. Los presos en Moscú pasaron a ser sus interlocutores para la «normalización» y repuestos en sus funciones. Los rusos ponen dos condiciones: se mantiene la ocupación militar; se desconoce el XIV Congreso. Dubcek y el conjunto de la dirección ‘renovadora’ las aceptan (con una solitaria excepción) y pasan a colaborar activamente para desmovilizar al pueblo checoslovaco.


Las enormes ilusiones depositadas por los trabajadores y los activistas en la dirección de Dubcek facilitan su tarea de desmoralización. Todavía en los meses de diciembre y enero importantes huelgas y manifestaciones obreras y estudiantiles se oponen al invasor y a sus equipos de colaboradores impuestos. Naturalmente, Brejnev ya no confiaba en Dubcek y una vez cumplida su función fue despojado de su puesto de secretario general en abril de 1969, aunque sin perder su puesto en el CC.


Balance


La experiencia de la «primavera» checoslovaca del 68, con el fracaso de la invasión rusa y el extraordinario XIV Congreso clandestino, son una de las más importantes del proceso de la revolución política, que se enlaza con la experiencia de los «consejos obreros» húngaros de 1956 y de los comités de huelga polacos de 1970 y nuevamente de 1980. Una de las principales lecciones tiene que ver naturalmente con la dependencia de los sectores más activos del movimiento respecto de las fracciones ‘renovadoras’ o ‘democratizantes’ de la burocracia y de la sistemática tendencia de éstas a capitular ante la burocracia del Kremlin.


Pero no siempre se ha reparado que no era meramente una cuestión táctica la que separaba a la burocracia‘renovadora’ de la clase obrera como fuerza independiente. Lo que separaba a Dubcek de los comités obreros no era solamente la habitual pusilanimidad del burócrata frente a la audacia del trabajador. Lo que separa a Dubcek de la clase obrera checoslovaca que protegió y defendió al XIV Congreso, es una cuestión de programa, o sea diferentes perspectivas de clase. Para Dubcek y la burocracia ‘renovadora’ la perspectiva era acabar con el monopolio del comercio exterior y abrir la economia estatizada al mercado mundial, es decir, en última instancia, la restauración capitalista. En esto contaban con la simpatía de un ala de la burocracia rusa, entonces comandada por el primer ministro, Kosigyn, que se ‘retrajo’ ante el peligro de una victoria de la revolución obrera.


Los trabajadores ponían en marcha, objetivamente, aunque no por completo subjetivamente, otra perspectiva. Su lucha contra los privilegios y las manipulaciones de los burócratas, la conformación de los consejos obreros y de órganos políticos propios se orientaban objetivamente en el camino de la dictadura del proletariado y de la defensa de la expropiación del capital. Pero lo que predominaban eran las ideas democráticas formales de la pequeño burguesía. Por eso esta tendencia objetiva no fue asimilada, lo que desarmó a los obreros frente a la contrarrevolución.

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