14/08/2008 | 1050

¡Praga invadida!

El fracaso de los invasores

-Exclusivo de internet

En la mañana del martes 20 de agosto, las tropas de cinco países del Pacto de Varsovia cruzan las fronteras checoslovacas. Son más de 5.000 tanques, 250 aviones y 200.000 soldados..

Las tropas rusas no encontraron reparos en su avance a Praga. No había nadie contra quién luchar. Checoslovaquia contaba con las fuerzas mejor equipadas del Pacto de Varsovia, naturalmente si se excluye a la URSS; pero la dirección «reformista» del partido comunista checoslovaco jamás pensó en una hipótesis de enfrentamiento. Al revés, un general simpatizante de los «reformistas» había sido echado un mes antes por sugerir la necesidad de resistir una intervención militar. Al enterarse de la invasión, Dubcek, secretario general del partido comunista checoslovasco, dió la orden de no oponer ninguna resistencia.

Los principales dirigentes se limitaron a esperar todo el día la llegada de las tropas en el edificio del Comité Central, donde se habían reunido para la reunión del Presidium.

A las cuatro de la madrugada del miércoles 21 de agosto una limusina negra condujo una columna de tanques hacia el edificio del comité central. «Al encontrarse con una multitud airada, la columna soviética abrió fuego con las ametralladoras y un joven resultó muerto por un disparo mientras Dubcek y los demás líderes, furiosos pero impotentes, observaban desde una ventana». Era la primera víctima de la primavera de Praga.

El cuerpo de paracaidistas rodea el edificio del Comité Central, desconecta las líneas telefónicas y espera la orden de ingresar. A las nueve de la mañana un oficial de la KGB, escoltado por docenas de soldados, irrumpe en la sede donde se encuentran los dirigentes. Sin oponer resistencia, Dubcek, Cernik (jefe del gobierno) y Smerkovski (presidente de la Asamblea Nacional) son detenidos y trasladados a una prisión soviética.

«El propósito de Moscú era formar inmediatamente un nuevo gobierno, presidido por Alois Indra (uno de los más caracterizados conservadores y filosoviéticos de la dirección del partido) e intenta concretarlo presionando al general Svoboda, presidente de la República, para que avale la operación. Pero Svoboda se niega; todos los órganos legales del partido y del Estado se oponen y reclaman la libertad inmediata de los detenidos».

Según Jiri Hayek, ministro de relaciones exteriores del gobierno de Dubcek, el plan original fracasó inclusive antes de que las tropas entraran en territorio checoeslovaco: consistía en que un autoproclamado nuevo gobierno convocara a la «asistencia de los países socialistas amigos» con el propósito de evitar la disolución nacional. Así, en medio de una doble bancarrota política, y con el poder de los tanques en la calle se crea una insólita situación… de vacío de poder.

La resistencia

Con las horas, más pertrechos y tropas ingresan en el territorio checoslovaco hasta llegar a unos 7.000 tanques y unos 500.000 soldados. A medida que los tanques aparecen, los jóvenes intentan bloquear su avance sentándose frente a ellos, arman barricadas con autos, colectivos o cualquier objeto que sirviese. Radio Praga transmite en directo todos los acontecimientos; acallarla era un objetivo prioritario de los invasores. Muchos jóvenes y obreros corren hasta allí para defenderla. Se sientan o acuestan en el camino de los tanques y logran detenerlos por un momento.

Cuando los tanquistas detienen su avance y salen de los blindados, los jóvenes checos comienzan a hablar con ellos en ruso. Preguntan: «¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no vuelven a su país?». Los tanquistas se ponen nerviosos, desobedecen las órdenes de no atacar y comienzan los cañonazos. Los jóvenes checos no huyen, lanzan bombas Molotov contra los tanques, muchos se incendian y son detenidos; otros tiran contra la multitud, hay heridos y muertos. En ese momento Radio Praga emite: «Hermanos en la tristeza, cuando oigan el himno nacional sabrán que todo ha terminado». Pronto el himno comienza a sonar; sólo pudieron escucharse los primeros compases: un tanque T-55 se dispone frente al edificio y dispara, reduciendo Radio Praga a escombros.

Por todo el territorio se repiten los mismos hechos. En Bratislava (capital de Eslovaquia), las jóvenes levantan sus minifaldas frente a los tanques; cuando los jóvenes soldados rusos se detienen para admirarlas, los estudiantes y obreros eslovacos atacan los tanques destruyendo sus faros con piedras e incendiando los bidones de petróleo. Una nueva columna de tanques cruza el Danubio con dirección a la ciudad, los estudiantes los reciben con piedras e insultos. Los soldados responden con las armas, matan a un estudiante de quince años.

La multitud se enfurece aún más, corren contra los tanques que responden con las ametralladoras, sumando otros cuatro estudiantes a la lista de muertos. La lucha es desigual: tanques y ametralladoras contra bombas molotov, ladrillos y latas que eran lanzadas o puestas en las bocas de los blindados. Antes que los invasores pudieran tomar las radios y la televisión, salen del país en forma clandestina varias cintas que mostraban los acontecimientos. Pronto serán emitidas por la BBC y la European Broadcast Union para toda Europa Occidental. Cuando los tanques logran controlar el país las agresiones contra ellos continúan. Aparecen grafitis en los que puede leerse «Moscú 2.000 km»; «Socialismo SI, ocupación NO» o «Libertad a Dubcek».

Las jóvenes checoslovacas besan espontáneamente a los jóvenes frente a los tanques y gritan frente a los azorados soldados: «Sólo habrá besos para aquellos que no sean ocupantes». Los pobladores de los pueblos hablan con los invasores en un ruso básico que fueron obligados a aprender en la escuela. Les preguntan: «¿Qué hacen aquí?» «¿Para qué han venido?» Los soldados rusos, muchos de ellos granjeros sin educación no saben qué responder. Cuando las radios y la televisión fueron clausuradas, las emisoras clandestinas comenzaron a difundir noticias sobre la ocupación y la resistencia checoslovaca.

Hacia el XIV Congreso

La fragilidad política del operativo, las dudas, alternativas y debates que lo precedieron, subrayan contradictoriamente el sentido obligado de la intervención militar: «La elección del momento parece haber estado determinada por la proximidad del Congreso Extraordinario del Partido Comunista checoslovaco. La intervención armada – dice Jiri Pelikan, otro de los dirigentes del ala «reformista»-  debía impedir la celebración del Congreso a fin de imposibilitar la elección de un nuevo comité central que respondiese a las opiniones y deseos de los miembros del partido. La dirección soviética sabía a ciencia cierta que en el nuevo comité central ya no se encontrarían miembros susceptibles de prestarse a un golpe de fuerza…».

or eso mismo el golpe contra la invasión se produce cuando en Praga recién invadida, el Comité de la Ciudad (sin contar con el aval de los miembros del Comité Central y del Presidium) resuelve convocar por la radio a una conferencia inmediata de los delegados electos al XIV Congreso. La resolución ya es conocida cuando, en la noche del miércoles 21 de agosto, unos 60 miembros del Comité Central se reúnen de urgencia.

La intención era nombrar a los nuevos dirigentes del Estado. Los filosoviéticos no se atreven a hacerse con el poder, los renovadores se limitan a protestar y a reclamar la libertad de los detenidos. Los debates continúan hasta el amanecer, finalmente se decide que sostendrán la política impuesta desde enero y del «programa de acción» de abril. Llaman a la población a «mantener la calma» y «colaborar con los ocupantes».

El Secretariado y el Presídium se reúnen en forma conjunta la mañana del 22. Establecen un acuerdo frente a la amplitud de la reacción nacional, sobre la necesidad de emprender, como prioridad, medidas para la liberación de Dubcek. No se habla del XIV Congreso y un alto funcionario del partido, que sustituye interinamente al líder detenido, llama a no reconocer la convocatoria del comité de Praga. Pero ya es tarde… El XIV Congreso se reunirá clandestinamente. La situación pegará un violento viraje. «No ponemos el socialismo en peligro, dirá uno de los protagonistas del momento; por el contrario, ponemos en peligro a la burocracia que está enterrando al socialismo a nivel mundial. Es por eso que no podemos esperar ninguna cooperación o comprensión fraternales de la burocracia».

En esta nota