Treinta años del asesinato de Enrique Angelelli

Un homenaje trucho

El 4 de agosto de 1976 fue asesinado Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, en lo que la dictadura presentó como un “accidente automovilístico”.


Durante treinta años, la jerarquía de la Iglesia Católica guardó silencio sobre este crimen, pese a que tenían información más que suficiente de que se había tratado de un asesinato. No fue el único caso. También guardaron silencio ante el asesinato de los monjes palotinos o el de las monjas francesas a manos de Astiz y su grupo de tareas.


El asesinato de Angelelli, como el de otros sacerdotes y monjas, formó parte del “ajuste de cuentas” que la Curia y el Vaticano realizaron en las propias filas de la Iglesia para deshacerse de los llamados “curas del tercer mundo”. Angelelli era uno de sus referentes, al igual que Carlos Ponce de León, obispo de San Nicolás, también asesinado el 11 de julio de 1977 en otro "accidente automovilístico". Los grupos de tareas de la dictadura fueron la mano de obra de la que se valieron la Curia y el Vaticano. Para compensar el servicio, los hombres de la Curia asistían a los chupaderos a “reconfortar” a los represores.


Durante su última entrevista con el papa Pablo VI, Angelelli fue tratado con extrema frialdad y se le reclamó terminar con “las extravagancias” (Clarín, 30/7). Poco antes de su asesinato, Angelelli se había enfrentado con la mayoría de la Curia ante su "silencio" frente a los crímenes de la dictadura.


En el libro Il cardinale e i desaparecidos, de los argentinos Bruno Passarelli y Fernando Elemberg, se narra que el cardenal Eduardo Pironio (uno de los 'ministros' del Papa) confió al teólogo José Míguez Bonino que, tras un informe del nuncio Pío Laghi que decía que los indicios hacían presumir que Angelelli había sido asesinado, "no hay más dudas y sólo se espera la intervención de la Conferencia Episcopal Argentina para expresar una fuerte e inapelable condena". Pero esta condena no se produjo nunca. El cardenal Juan Carlos Aramburu dijo en Tucumán que "no había pruebas para hablar de un crimen” (ídem).


Este año, por primera vez en tres décadas, la Curia hará un homenaje a Angelelli. Bergoglio, presidente de la Conferencia Episcopal, viajará especialmente a La Rioja.


Lo hacen obligados, contra su voluntad, porque el gobierno declaró el 4 de agosto día de “duelo nacional”.


Es un homenaje trucho, que no tapará la complicidad de la Curia y el Vaticano con los crímenes de la dictadura, ni tampoco, la del propio Bergoglio, en aquellos años amigo personal de Massera, el jefe de los escuadrones que asesinaron a los palotinos y a las monjas francesas.