03/08/2020

Trotsky al frente del Soviet de San Petersburgo en 1905

Escenas de la vida de León Trotsky (II); a 80 años, la actualidad de la lucha por el socialismo

Trotsky retorna a Rusia para desembarcar en San Petersburgo en medio de la gran huelga iniciada en octubre de 1905, que da inicio a la primer revolución rusa. Él mismo ya había anticipado previamente la importancia de la huelga general ante el escenario de convulsión, punto que lo había separado marcadamente de la orientación de los mencheviques, con quienes había estado alineado brevemente en el congreso de división de la socialdemocracia rusa en 1903. Sin embargo, Trotsky arriba ante ese escenario con una propuesta de organización para los Soviets, organizaciones de deliberación de los representantes de las masas trabajadoras rebeladas que habían surgido como comités de huelga. Los soviets fueron rechazados en un principio por los bolcheviques de San Petersburgo, bajo el alegato de que competían con el partido, hasta que esta posición fue corregida por Lenin. Los mencheviques, en cambio, se habían plegado ante la aparición del Soviet de San Petersburgo, más a la rastra de la autoorganización del movimiento de masas que por iniciativa, siendo el de dicha ciudad el primero en conformarse. Esto tenía la destacada importancia de que, negado el derecho al sufragio y el voto popular, los Soviets eran por excelencia organismos democráticos de la clase obrera.

Inevitablemente, la posición inicial del bolchevismo lo dejó relegado del curso del proceso. Trotsky empieza a organizar la tirada de tres periódicos simultáneamente. Uno de ellos, ‘Russkaia Gazella’ (Gacela Rusa), pasó en ese momento, en cuestión de un mes, de treinta ejemplares vendidos a un millón. Después de que el gobierno lo suspendiera, el 13 de noviembre de 1905 funda junto a Alexander Parvus (socialdemócrata ruso que por entonces compartía con Trotsky la concepción de la revolución permanente) y en alianza con los mencheviques, el Natcholo (Comienzo). Periódico que supera ampliamente, aun siendo incipiente, al Novaia Zhizn (Vida Nueva) de los bolcheviques. Vale destacar que, a pesar de que Trotsky actuaba junto al menchevismo para algunos de estos propósitos, sus posicionamientos y concepciones distaban de manera visible.

Al calor del desarrollo de la histórica huelga y la coordinación de acciones a través del Soviet, el 17 de octubre del calendario juliano, el utilizado en Rusia, es publicado el manifiesto zarista, un “triunfo a medias” de la insurrección. El régimen del zar trataba de apaciguar al movimiento bajo la promesa de introducir una serie de reformas. Aquel mismo día, el Soviet eligió a su comité ejecutivo. Por iniciativa de Trotsky, se conformó un Consejo Federativo que sirvió para coordinar las acciones del Soviet entre las distintas alas políticas que lo integraban. Todos los documentos históricos detallan que, pese a que el presidente del mismo era Jrustaliuv-Nosar, él había sido su gran fuerza impulsora.

El 18 de octubre, solo un día después de la publicación del manifiesto, miles de trabajadores se movilizan a la universidad de San Petersburgo. Allí, Trotsky dio un discurso ante las masas eufóricas: “Desde lo alto de un balcón, les dirigí la palabra y les grité que aquel triunfo a medias no garantizaba nada, que el enemigo era irreconciliable, que se nos tendía una celada; y cogiendo el Manifiesto del Zar lo rasgué y el aire arrastró los pedazos de papel. Pero las prevenciones políticas de esta naturaleza sólo dejan en la conciencia de las masas la huella de un arañazo. Los que disciplinan son los grandes acontecimientos” (Trotsky, Mi Vida, 1905).

Estas palabras cobraron validez al compás de los acontecimientos. Se puede establecer que la revolución rusa de 1905 fue derrotada, y aquel, un gran punto de inflexión. El gran problema que encontró el Soviet fue que su experiencia de organización no pudo trasladarse y expandirse hacia todo el resto de Rusia, mientras las enormes capas de masas rebeladas comenzaban a postrarse ante las reformas del zarismo, concebidas como una victoria. La firma del tratado de Portsmouth a principios de septiembre, tras el cual Rusia y Japón sellaron un armisticio, implicó a su vez el regreso de las tropas, que ahora serían utilizadas para la represión interna.

Todos estos factores fueron llevando a un cercamiento del Soviet de San Petersburgo, que se iba agotando como experiencia al no haber podido sublevar al conjunto del país, pero había dejado planteada la posibilidad de la revolución socialista en un país atrasado como Rusia y empezado a trazar sus formas de Estado. Allí se había erigido, nada más y nada menos, que una nueva forma de gobierno, un organismo plenamente democrático en la Rusia zarista, en el cual los trabajadores deliberaban y decidían su propio rumbo. En horas de la noche del 3 de diciembre de 1905, Trotsky fue detenido junto a los presentes en una reunión del Soviet tras un allanamiento por las fuerzas del zar.

El juicio a los acusados se desenvuelve en un clima de enorme apoyo obrero, protestas y revueltas mediante. Trotsky, que convenció a los detenidos de utilizar el banquillo como una tribuna política y no un mero lugar de defensa, fue el encargado de los alegatos alrededor del punto de la insurrección desatada por la huelga general, siendo esta última considerada legal por el tribunal. Desde este punto de partida, explica que la huelga arrojó a las calles y a la vida política a la clase obrera. Esto evidenció que el viejo poder gubernamental, paralizado por la misma, era incapaz de dirigir a las masas; función que asumió el Soviet de San Petersburgo. En este sentido, el mismo adoptó condiciones cuasi-gubernamentales. Si la base legal y concreta del zarismo que pretendía aprehender al Soviet era producto del proceso huelguístico (la publicación de su manifiesto), entonces, en los hechos, la cuestión se trataba de una disputa entre dos gobiernos por hacerse del poder público: el mentado “doble poder”.

El desenlace del juicio fue la absolución de todos los integrantes con excepción de catorce, entre ellos, Trotsky. Los mismos fueron deportados de por vida a Siberia. El ensayo revolucionario de 1905 había sentado las bases, las organizaciones y el impulso que se concretarían en la revolución rusa de 1917.

 

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