24/08/2020

Trotsky, el partido y la revolución

Este artículo continúa el desarrollo comenzado en Cómo llegó Trotsky al Partido Bolchevique

Así como la fase previa de lucha política había templado al partido bolchevique para intervenir en los sucesos de 1917, el propio proceso revolucionario puso a prueba al partido, sus dirigentes y su orientación. Como señala Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa, la intervención del partido bolchevique, bajo la intervención de Lenin, siguiendo el curso del proceso político abierto por la revolución de febrero, fue fundamental para preparar y llevar a la victoria la Revolución de Octubre.

Está claro que, en una fase convulsiva como la que va de la Revolución de Febrero a la Revolución de Octubre, el partido asume desafíos y oportunidades nuevos. Las definiciones políticas se aceleran en los procesos revolucionarios, que se caracterizan por los rápidos y profundos virajes de las masas y de todas las clases sociales. El crecimiento del bolchevismo en 1917 estuvo marcado por una intervención que seguía férreamente el desarrollo de los acontecimientos.

¿Cuál debía ser la relación entre el partido y los soviets?

Desde un principio, la Revolución de Febrero se caracterizó por la formación de soviets junto al gobierno provisional: el llamado «doble poder». Por un lado, los soviets, por otro, el gobierno provisional de Kerensky. La relación entre los soviets y el partido había sido objeto de debates ya desde 1905. En dicha revolución, un sector de los bolcheviques desconfiaba de los soviets porque no podían ser directamente dirigidos por el partido. ¿Se debía participar? Pronto (en 1905), la lucha de clases misma resolvió estas dudas iniciales. Los soviets canalizaban la energía revolucionaria de las masas y eran organismos de deliberación, organización y acción política insustituibles. Los soviets tendían a organizar al conjunto de la población trabajadora, una base más amplia que la de los sindicatos. La clase obrera encontró en los soviets un arma de combate imprescindible.

Sin embargo, los soviets, por sí solos, no garantizaban el triunfo. En febrero del 17, los soviets, bajo la dirección de mencheviques y socialrevolucionarios, le entregaron el poder a la burguesía en el gobierno provisional. Como explicó Trotsky, «son los partidos los que llevan a los soviets la orientación política».

Es en este contexto que Lenin define el rol del partido como el de «explicar pacientemente» para ganar la mayoría en los soviets a una política revolucionaria («Todo el poder a los soviets», la consigna de las Tesis de abril). Muchas veces se ha tergiversado esta frase en función de reducir, en general, las tareas de un partido a «explicar» las crisis. En realidad, las tareas de un partido son más amplias: la agitación, pero también la propaganda y la organización para la lucha de clases. Hay que recordar que la especificidad de la situación consistía en que la clase obrera, teniendo el control de la situación, había dejado escapar el poder, entregándolo al gobierno provisional, pero manteniendo soviets. Un cambio en la posición de las masas en los soviets podía tener, en esas circunstancias, efectos decisivos.

Hasta tal punto es cierto que los soviets actúan en función de la orientación de los partidos con mayor influencia, que, luego de julio de 1917, el apoyo de los soviets al gobierno provisional, que estaba aplicando una dura represión contra los bolcheviques luego de las jornadas de julio, llevó a Lenin a considerar perdida la batalla por los mismos[1], una posición que se revirtió con la lucha política posterior. Es una valiosa lección para las corrientes que hacen un fetichismo de una forma de organización «de bases» por fuera de la orientación política general que siguen estas organizaciones.

¿Puede la clase obrera tomar el poder sin partido?

Si el papel del partido fue fundamental para ganar a la clase obrera a una posición revolucionaria, no lo fue menos el rol del mismo en la organización de la insurrección. Luego del intento de golpe de Kornilov, que la clase obrera con participación fundamental del bolchevismo logró derrotar en septiembre, la preparación de la insurrección estaba madura. Trotsky dirigió la insurrección de octubre, que fue preparada personalmente por Lenin en una campaña en la cual debió vencer la resistencia de gran parte de la dirección del partido, que se negaba a llevarla adelante por no considerar madura la situación. Fue la libertad de debate interno en un clima de unidad de acción lo que hizo posible que el mismo partido bolchevique virara a tiempo hacia la preparación de la insurrección. Una preparación que, por otro lado, apoyaban los cuadros medios y dirigentes del partido en las barriadas, en contacto estrecho con la base de obreros, campesinos y soldados que era la fibra de la revolución.

En realidad, la situación estaba tan madura que estaba empezando a pudrirse. Los sectores más avanzados de la vanguardia, que ya habían protagonizado un levantamiento popular en junio, en el cual los bolcheviques no consideraron madura la situación para la toma del poder, estaban empezando a desgastarse. Pero poco a poco, otros sectores iban madurando y sumándose al apoyo al bolchevismo.

Una vez definida la toma del poder el día 10, pasó a primer plano un nuevo debate. Se trataba de, en primer lugar, cuando y en segundo lugar cómo y en nombre de qué se debía tomar el poder: si en nombre del partido o en congreso central de los soviets, que se reuniría en Petrogrado el 20 de octubre. La cuestión era de una enorme importancia política, porque definía la forma que debía asumir el nuevo gobierno revolucionario y su relación con las masas. Lenin proponía la toma del poder directamente por el Partido, y no esperar al Congreso. Trotsky sostenía que se debía actuar en nombre del Congreso. Los adversarios de la insurrección sostenían que se debía esperar al Congreso para deliberar allí, una vía que llevaba a que la insurrección no se produjera nunca. La cuestión se resolvió en una reunión ampliada el 16, con representantes bolcheviques de los distritos fabriles de la capital. Nuevamente, en el momento decisivo, el bolchevismo se apoyaba en “el oído pegado a las masas”. La insurrección se produjo el 25, día de reunión del II congreso de los soviets, y el Partido Bolchevique presentó a dicho congreso el hecho consumado de haberlo transformado en la instancia máxima del nuevo gobierno revolucionario.

La revolución nunca se hubiera producido de la misma forma si no era organizada cuidadosamente por el partido bolchevique. Es cierto que a lo largo de la historia se han producido rebeliones y hasta revoluciones semiespontáneas. Pero en este caso, la demora en la toma del poder hubiera dado tiempo valioso a la reacción para reorganizarse y aplastar el proceso revolucionario con un nuevo golpe de Estado. Es una situación que la clase obrera vivió innumerables ocasiones en diferentes países a lo largo de la historia del siglo XX. La revolución probó nuevamente el valor insustituible del partido para la lucha política de clases.

¿Conduce el centralismo leninista a una dictadura burocrática?

Contra lo que podría pensarse, la importancia del partido no disminuyó para los bolcheviques con la toma del poder. En primer lugar, porque el partido se volvió el punto de apoyo clave para la creación de una nueva internacional, revolucionaria, frente a la bancarrota de la II internacional, que había votado en favor de los créditos de guerra en la Primera Guerra Mundial. Desde el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), la intervención de los revolucionarios rusos fue fundamental en los cuatro primeros congresos de la IC, para ir formando una vanguardia, que intervino en los procesos revolucionarios posteriores a la Primera Guerra Mundial. Desde allí el bolchevismo dio una lucha política a varias bandas. Por un lado, con las 21 condiciones de la Internacional comunista y las tesis de organización de los partidos comunistas, contribuyó para formar una vanguardia que rompiera con claridad, política y organizativamente, con el reformismo que se había pasado al campo de clase de la burguesía. Por otro lado, los bolcheviques lucharon para defender la intervención sobre la base de las conclusiones arrojadas por el proceso de octubre, contra las tendencias ultraizquierdistas que preconizaban la no intervención electoral, o la negativa a intervenir en los sindicatos de masas.

Pero además, el rol del partido era importante incluso dentro de la Unión Soviética. Ocurre que el partido no se identificaba a sí mismo con el Estado Obrero y Campesino. El Estado Obrero, para Lenin, por otra parte, tampoco se identifica linealmente con los intereses de clase del proletariado. Se trataba de un Estado obrero y campesino (en un país de mayoría campesina), como definió Lenin, «con tendencias burocráticas». Las tendencias burocráticas surgían firmemente del agotamiento de la vanguardia obrera, de las condiciones de aislamiento y miseria de la revolución y del arbitraje objetivo que el aparato de Estado llevaba adelante entre las diversas clases sociales y sectores sociales (los trabajadores, kulaks o campesinos grandes, campesinos medios y chicos, proletariado rural, etc.). En estas condiciones, el partido seguía jugando un rol importante para organizar la vanguardia obrera (y campesina) bolchevique y debatir la orientación política y los problemas del estado obrero. Era el factor consciente de la situación.

Trotsky resumía en Bolchevismo y stalinismo: «Sin embargo el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la U. R. S. S. además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El Estado creado por los bolcheviques refleja, no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro». Continuaba: «El mismo bolchevismo jamás se ha identificado con la Revolución de Octubre ni con el Estado Soviético que de ella surgió. El bolchevismo se consideraba como uno de los factores históricos, su factor ‘consciente’, factor muy importante pero no decisivo».

Bajo las condiciones de la guerra civil, y luego bajo el peso de la burocratización estalinista, la democracia interna se fue limitando. A la prohibición de los partidos de oposición siguió la prohibición de las fracciones internas del partido.

Aquí surge uno de los grandes problemas históricos relativos al partido bolchevique. Porque la prohibición del debate democrático en un cuadro de reflujo y burocratización, evidentemente desnaturalizó al partido como organización, bajo el peso del estalinismo. Lo estalinistas y quienes combatieron a la revolución tienen como punto en común trazar un hilo de continuidad entre el centralismo de partido, de Lenin, y la dictadura personal y burocrática de Stalin. Se apoyan para ello en el hecho de que fue en vida de Lenin que se avanzó en la prohibición de los partidos de oposición y luego de las fracciones.

Pero hay que recordar que estas decisiones se tomaron bajo el peso de la guerra civil, en una situación de vida o muerte. En sus últimos escritos, Lenin advirtió sobre las tendencias burocráticas que anidaban en el Estado llamando a combatirlas. Fue justamente este combate el que emprendió Trotsky, en forma organizada, con la fundación de la Oposición desde 1923. La democracia en el partido y la libertad de agitación y organización de todas las tendencias que defendieran la revolución fue uno de los ejes de la plataforma de la oposición de izquierda. Estas tareas estaban vinculadas a la necesidad de combatir el rumbo centrista y conservador de la burocracia stalinista en el partido y en la Internacional.

Para Trotsky (Bolchevismo y stalinismo), «el estalinismo ha ‘surgido’ del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana». Así, Trotsky denunció en La Revolución traicionada, la degeneración del partido bolchevique bajo el estalinismo[2]. El Partido se fue asimilando a la burocracia estatal. Stalin fue progresivamente terminando con todos los elementos más representativos del partido bolchevique como organización. La forma que asumió esto fue la afiliación masiva, borrando las fronteras entre los militantes y los no militantes, en la cual se basa el centralismo democrático. Así, Stalin invirtió la resolución fundacional del bolchevismo, del II congreso del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia) de 1903, en la cual los bolcheviques defendieron la pertenencia al partido solamente de aquellos que integraran en forma militante sus organismos. La destrucción final del carácter militante del partido consistió en borrar sus fronteras para disolverlo en la masa de los trabajadores, que profesan, naturalmente, todo tipo de ideas políticas.

Esto llevó a reemplazar la práctica del centralismo democrático que había caracterizado al bolchevismo por una nueva teoría del partido, dictada por la infalibilidad del comité central. Esta imposición burocrática era además funcional a la infalibilidad del propio Stalin dentro del comité central. O sea, del régimen partidario democrático y de acción común, se retrocedió a un régimen de personalismo burocrático.

Para el estalinismo, la liquidación del partido fue una forma de tener las manos libres de todo control para asumir una política contrarrevolucionaria. La doctrina del «socialismo en un sólo país» fue el punto central de su planteo. La liquidación de la vieja guardia bolchevique fue el punto final de esta política. Quienes sostienen que el estalinismo surgió del centralismo leninista no pueden responder por qué debió, para afirmarse, derrotar no solamente a la oposición de izquierda, sino incluso a la propia oposición de derecha dentro del partido, y asesinar a la vieja guardia que representaba la continuidad del bolchevismo.

La lucha de Trotsky en defensa del partido frente a política de disolución del mismo en el Estado burocrático por parte del estalinismo fue la base para la formación, posterior, de la perspectiva de fundación de la IV internacional.

[1] «Los soviets con la contrarrevolución», cap. 24 de La Revolución Rusa en el siglo XXI, AAVV.
[2] La revolución traicionada, cap. 5

 

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