06/01/2011 | 1162

«6,7,8»: la impostura no tiene fin

Por Correo de lectores Matías (Farmacia - UBA)

En el programa oficial del gobierno que se emitió el 21 de diciembre pasado, pusieron al aire un informe referido al noveno aniversario del Argentinazo. El informe derivó primero en un ataque a la participación de Duhalde y luego a la cobertura de Clarín de los asesinatos de Kosteki y Santillán en el Puente Pueyrredón, a partir de la histórica tapa del diario al día siguiente a la masacre («La crisis causó dos nuevas muertes»). Obviamente, el informe nada dijo de la alianza del kirchnerismo con Duhalde y del romance del matrimonio oficial con el «monopolio» durante todo el mandato de Néstor Kirchner. Sin embargo, esto no es cosa nueva.

En un tramo del informe, se analiza un editorial de Clarín referido a la masacre a cargo de Julio Blanck. Allí, el «periodista» se pregunta quiénes ganan con el asesinato de Kosteki y Santillán. Blanck se autoresponde y afirma que, entre otros, «Las organizaciones que necesitan esta represión y estas muertes para legitimar un discurso y una acción política donde los valores aún deteriorados de la democracia funcionan como obstáculos hacia un objetivo supuestamente revolucionario» (Clarín, 27/6/02). Esta «respuesta», que presenta como victimarios a las víctimas, fue criticada (acertadamente, sin dudas) por el informe de «6,7,8» y por sus panelistas. Sin embargo, no se percataron de que estaban incurriendo en una impostura gigante. Resulta que uno de los invitados de ese día era Eduardo de la Serna, coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.

Este «cura K», en ocasión del asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra, escribía en Tiempo Argentino (24/10) que seguramente «el PO está celebrando» el asesinato de Mariano Ferreyra, quien habría sido entregado por sus compañeros de lucha a sus asesinos «como un peón de ajedrez». Como broche de oro, insulta a nuestra organización y nuestra lucha por el juicio y castigo diciendo que «La izquierda, como siempre, grita, protesta y se levanta, buscando muertos por los que después ‘llorar’, y reclamar levantando también ellos sus banderas».

Como se ve, los defensores de los K utilizan los mismos argumentos reaccionarios y cobardes que los editorialistas del «monopolio» a la hora de defender a un gobierno, el cual tiene las manos manchadas de sangre por su defensa y encubrimiento a Pedraza y tantos otros burócratas sindicales, explotadores -a través de sus empresas- y asesinos -a través de sus patotas- de trabajadores.

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