19/10/1993 | 404

Agua mejicana sí, vacuna cubana no

El título “Meningitis: marcha atrás en Rosario con la vacuna cubana” (Clarín, 13/10), encabeza el informe de una nueva declaración que va a contramano de los intereses de la sociedad. Se trata de la respuesta que han dado a la lucha desarrollada por militantes de la izquierda rosarina, a partir  de cuyas gestiones se hacia posible disponer de un inmunógeno que, según información a nuestro alcance y que hicimos llegar a las autoridades de la salud municipal de nuestra ciudad (Bahía Blanca), ha demostrado niveles de protección en poblaciones expuestas al meningococo B superiores al 90 por ciento.


La concejal socialista Silvia Fernández León (PSD), realizó una de las más claras intervenciones en la Reunión de Organizaciones de Solidaridad con Cuba celebrada este fin de semana en Rosario (10 y 11 de octubre) cuando advertía que el ingreso de la vacuna cubana dependía de una decisión política y ponía de manifiesto que no se trata de otra cosa sino de estar a favor del bloqueo o a favor de la vida.


Las autoridades de la secretaría de Salud de la Nación están cuestionando las características biológicas que debe reunir la vacuna. Calcagno, secretario “nacional de salud y el Instituto Malbrán” sería el árbitro en esta decisión. Bien. Pero en este mercado de la  muzzarella y los vimos contaminados, en el país del propóleo que envenena, en donde sabemos que estas “distracciones” están vinculadas a intereses comerciales, en este marco ¿será posible controlar que las vacunas se trasladen en condiciones de conservación adecuadas? ¿Podremos los que estamos a favor de su importación contar con la garantía de que no se producirán “distracciones”, con probabilidad de abcesos, o descartar el fraguado? Si quienes deciden están a favor del bloqueo a Cuba ¿cómo no incorporar la posibilidad de que los contenidos de los frascos sean reemplazados por soluciones fisiológicas. Los únicos árbitros creíbles son los que estamos en contra del bloqueo a Cuba, y todos aquellos que quieren tener la vacuna para protegerse independientemente de sus posiciones respecto a los bloqueos, es decir una inmensa cantidad de argentinos.


No se nos escapa que el resultado del arbitraje depende de la aprobación del anticastrista Menem y de las congratulaciones de la Organización Mundial de la Salud, organismo que se dedica no sólo a promocionar la estafa de las patentes de medicamentos sino a impedir que nuevas tecnologías compiten con los intereses de los amos de la industria farmacéutica. La OMS es el fiel gendarme de los superempresarios de los medicamentos, sector mundial del capitalismo que compite por los primeros puestos planetarios en la concentración de ganancias. La OMS no puede estar sino a favor del bloqueo. Es su lógica. Representa intereses imperiales. Menem, clintónfilo probado, no puede sino obstaculizar cualquier decisión que signifique el resquebrajamiento del bloqueo. Conclusión más que probable: no debe probarse esta vacuna. Porque si se la prueba en la población con brotes y la vacuna funciona, qué nos dirá después Calcagno.


Lo que diga ¿no le costaría el puesto?


Pero lo más destacable es la posición del socialista Cavallero (intendente de Rosario) de “no importar vacuna hasta que el Instituto Malbrán autorice su ingreso en el país”. ¿Cuándo va a ser esto? ¿Una semana? Fueron 8 los nuevos casos registrados ayer en el país (Clarín, 13/10).


¿Un mes? Ciento veintidós casos en Santa Fe en el ’93; 10 fatales. Podríamos sencillamente en el lugar investigar la “eficacia real”, aprobar su importación debido a que no produce otros trastornos superiores a la pinchadura de la aguja descartable utilizada, y hacer como con el agua mejicana, que gracias al gobierno supimos conseguir; y que sin la intervención del Malbrán no se ha tenido otros efectos distintos al principal: la diuresis.


Entonces ¿como juega el intendente socialista rosarino H. Cavallero, con su compromiso de esperar el veredicto del Malbrán y esto no será sino hasta que no se desmuestre su eficacia real (Clarín, 13/10)? La concejal Silvia Fernández León advierte que la importación depende de una decisión política. ¿Cuál es la decisión de Cavallero? Se coloca del lado de los disciplinados y por ende firma el bloqueo, abajo de Clinton y de su incondicional de acá? ¿Firma o no firma? ¿Está de acuerdo con someter una decisión política al encorcetamiento de Calcagno y Malbrán? Esta es la única pregunta y de su respuesta deriva qué clase de gente somos, y cuál es el espesor de nuestras convicciones. O a favor o en contra. O como la gelatina y os gelatinosos, (que son los más peligrosos y están en todas partes) que siempre terminan amoldándose al recipiente y circunstancia que los rodea.


 


Bahía Blanca

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