24/02/1994 | 412

Al hueso y sin anestesia

El aborto es una REIVINDICACION y el ejercer ese derecho pasa por una decisión personal o de pareja, al igual que la vasectomía.


El planteo que hace la compañera Patsy (PO Nº 410) refleja la aceptación del “mercado negro” de la medicina, sin tener en cuenta el peligro de muerte de una mujer que aborta clandestinamente ni las causas que la llevaron a tomar la decisión (violación, hijos no deseados, etc.).


Muchos son los derechos que tenemos y no hacemos uso de ellos: a veces por ignorancia, otras porque no están dadas las condiciones y otras porque no nos interesa. La legalización del aborto gratuito implica la libertad de optar, porque no es justo que nuestra posibilidad de pago determine: sanatorio o curandera. Los luchadores bregamos para que el ejercicio de nuestros derechos no esté condicionado al factor económico.


El trabajador está dejando de ser un derecho para transformarse en una necesidad, lo demuestra el hecho de que cada vez hay más mujeres que deben dejar sus hijos solos para ayudar a “parar la olla”, como así también aumentó el número de menores en el “mercado laboral”. Esto es lo que nos debe generar impotencia en este sistema perverso.


La compañera asevera no haber tenido, JAMAS, sentimientos religiosos, pero su sangrienta descripción “cucharas filosas” pretende generar un sentimiento de Jack el Destripador a quien defiende el aborto gratuito al igual que los videos que sobre el particular destina la Iglesia a los estudiantes secundarios.


Engels no sólo por el hecho de ser marxista sino por su condición de hombre, capaz de engendrar, se pudo imaginar, al igual que una mujer que nunca se vio en la necesidad de “optar”, lo que es un aborto. Engendrar es procrear y para procrear se necesita un macho y una hembra (en la especie humana).


Personalmente, HOY —no abortaríamos, pero no juzgamos a quien lo hace ya que de hecho hemos acompañado (y acompañaríamos) a quienes se encuentran ante esta difícil situación. Un aborto no se decide a la ligera.


Sin duda, la pérdida de un hijo —tanto para el padre como para la madre— es una herida que jamás cicatriza, más allá de las circunstancias que provoque dicha pérdida.


Defender la vida no se hace negando el aborto sino exigiendo la atención gratuita: ginecólogica, quirúrgica y psicológica. Si aceptamos la sexualidad ligre, sin culpas ni riesgos, estamos aceptando el Derecho al aborto gratuito.


 


P.D. de Mónica: Reivindico el Derecho al aborto a pesar de haber experimentado el dolor por la muerte de dos de mis hijos. No por abortar, precisamente. Fallecieron horas después de nacer. Peor que un aborto. Fue contra mi voluntad. No me destruyó absolutamente como madre, sí me marcó. Tengo un hijo, el del medio, que está vivo. No lo hago prisionero de mi angustia.


21/2/94


Río Gallegos