11/03/1993 | 384

Carta a los compañeros del MST

Estimados compañeros:


 


Me dirijo a Uds., a fin de hacerles saber mi decisión de dejar de militar en el Mst y de incorporarme al PO. Considero que es una obligación de mi parte hacerles conocer esta decisión así como también la de iniciar un amplio y profundo debate sobre los factores que determinaron mi ruptura.


Digo iniciar un debate porque dentro del Mst no hubo un debate que merezca llamarse tal. No hubo confrontación de ideas, ni discusión de posiciones sino acusaciones infinitas basadas mayoritariamente en chismes…¡contra el PO! No pude concluir ninguna discusión ni aclarar ninguna idea porque aparecieron siempre a la hora de profundizar el debate político anécdotas que el Mst no se ocupó de probar. El debate con el PO, en cambio, se basó en las concepciones teóricas que fundamentan su política concreta; las críticas al Mst (y al morenismo en general) se basaron en documentos escritos sobre posiciones políticas. Los materiales que el PO me dio (Prensa Obrera, revista EDM, libro de JA “Estrategia de la izquierda en la Argentina”) para debatir, me aportaron una comprensión más profunda de las cuestiones consideradas, cosa que considero indispensable para la militancia política en un partido revolucionario. Quiero aclarar sobre el punto de la acusaciones contra el PO lanzadas en la reunión de círculo del 19/1/93, que tengo en mi poder los materiales del PO que las desmienten (Israel, Brigada Simón Bolívar, ferroviarios). Creo, por último, que se nos debiera haber permitido, a mí y a mis compañeros de militancia, desarrollar conjuntamente en nuestro ámbito natural —el círculo partidario— este proceso de reflexión política. Un partido que no está dispuesto a someter a debate su política y su trayectoria demuestra una debilidad que lo condena al fracaso y a la desmoralización. Esta debe ser una de las razones por las que la mayoría de los compañeros que dedicaron una parte de su vida a la construcción del Mas, hoy estén en sus casas sin poder sacar ninguna conclusión de su experiencia. Mi interés en iniciar el debate, y la razón de esta carta, es contribuir a evitar que esto suceda también con mis compañeros. Esta carta no pretende cerrar sino abrir un debate que no pudo ser por razones completamente ajenas a mi voluntad.


El Mst ha tomado posiciones sobre una serie de acontecimientos políticos en el período en que yo milité en sus filas que considero incompatibles con un partido que pretende ser “socialista de los trabajadores”.


En primer lugar, Uruguay. Cuando se llevó a cabo el plebiscito por la derogación parcial de la Ley de Privatizaciones, el Mst salió a festejar el triunfo del SI. “El pueblo uruguayo abrió un camino”, “Uruguay nos dio un ejemplo de cómo se puede enfrentar y golpear los planes de saqueo, y ajuste”, decía el Semanario Socialista Nº 33, aun sabiendo (y “advirtiendo”) que el SI era una opción que permitía privatizar Pluna, centrales hidroeléctricas, telefonía celular, la empresa de pesca, de electricidad, la flota de transportes, talleres y servicios médicos.


El PO, por su parte, tituló al artículo sobre el plebiscito uruguayo “Estafa política en día domingo” (Prensa Obrera Nº 378) y denunció el fraude que significa hacer aparecer al SI como antiprivatista. “El bloque del SI expresó las posiciones del gran capital uruguayo que, a la vista de la experiencia de sus colegas argentinos, teme verse prisioneros del monopolio de los servicios en manos de un pulpo extranjero, pero que apoya rabiosamente las privatizaciones cuando son en su propio beneficio”.


El triunfo del SI fue en relidad un fortalecimiento de un sector de la burguesía uruguaya contra los privatizadores extranjeros y contra los trabajadores .


Lo del FA no es entonces una “oposición limitada” sino una política abiertamente privatizadora y proburguesa. El Mst ha sido estafado o peor aún, es cómplice de la estafa a los trabajadores uruguayos (y argentinos).


En segundo lugar, Venezuela. Cuando tuvo lugar el alzamiento de Chávez y sus “bolivarianos”, el Mst fue incapaz de darse una política concreta al respecto, dudando en llamar a las masas a luchar contra Pérez o contra Chávez. En un primer momento el Mst se aproximó a una política clasista con la consigna de “Abajo Pérez”. A la semana siguiente, sin embargo, se “arrepintió” (sin decirlo) y planteó la necesidad de que los trabajadores repudiaran el golpe e incluso lucharan contra Chávez (aunque no “en primer lugar o al mismo nivel” que la lucha contra Pérez). En un momento en que había dos campos enfrentados en las calles en medio de una insurrección popular contra el gobierno proimperialista y masacrador de Pérez, el Mst se declara “prescindente”,  repudiando a todos. Esta prescindencia es concretamente una posición contrarrevolucionaria, porque es, en definitiva, un apoyo al gobierno de Pérez. La crítica del PO a los golpistas es opuesta por el vértice a la del Mst… El PO señaló que fue el carácter putchista del golpe el que impidió el desarrollo de la insurrección popular, es decir que impidió la unidad de acción de la clase obrera con los nacionalistas contra Pérez. Esta solidaridad concreta en la acción no supone obviamente el abandono de una estrategia revolucionaria, independiente de la clase obrera como criticó el Mst al PO. Al revés, el único campo de desarrollo de una vía revolucionaria era el campo de los alzados y la insurrección, no el de la “democracia” de Pérez. El razonamiento del Mst carece de sentido: es como si dijéramos que en agosto del ’91 salir a luchar contra el golpe contrarrevolucionario y proimperialista de la burocracia en la ex-URSS era apoyar la política restauracionista de Yeltsin.


En tercer lugar, Brasil. El Mst afirma que el PT es un “partido de la clase obrera” considerando únicamente su composición y olvidando que es su programa y su política lo que determina el carácter de clase de un partido. El PT no sólo está integrado a fondo al Estado burgués sino que además al “orden” imperialista continental como lo prueba el hecho de que invitó al cónsul yanqui de San Pablo a asistir a su I Congreso. La trayectoria de la Erundina en San Pablo (intendente del PT) es harto conocida como represora de huelgas de los trabajadores del transporte. El PT está agotado como una vía para el desarrollo de una vanguardia obrera en Brasil. La expulsión de sus filas de Causa Operaria y de Convergencia Socialista es otro dato de la política de este “partido de la clase obrera”.


Las posiciones sostenidas por el Mst en los casos que mencioné y que considero estratégicos son compartidas con pelos y señales por el Mas y el resto de las corrientes morenistas (Pts).


En definitiva el Mst (y el morenismo) tiene una posición democratizante, no revolucionaria, no clasista, no socialista, que se verifica en cada una de sus posiciones sobre acontecimientos políticos estratégicos. El “basamento teórico” de semejante política puede indagarse, por ejemplo, a partir de la concepción de la revolución permanente. Para un marxista resulta imposible concebir una revolución sin un cambio en la clase social que detenta el poder político del Estado, es decir sin que la clase social que había sido objeto de dominación de la otra por el Estado se convierta en dominadora a través de la conquista del poder político. Lo que en realidad ocurrió en 1982 en Argentina, calificado como “revolución democrática” por Nahuel Moreno, fue el operativo de institucionalización (contrarrevolución democrática) montado por la burguesía y el imperialismo ante el agotamiento de la dictadura militar, para reemplazar al régimen burgués bonapartista (fascista) por otro vulgarmente democratista. Moreno y sus seguidores se convirtieron así en apologistas del alfonsinismo….


Mi decisión de romper políticamente con el Mst está fundada en todas estas razones. Si el debate fuera posible, seguramente aparecerían nuevas y más ricas conclusiones.


1/2/93

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