19/06/2003 | 805

Con voz de niño

Con voz de niño te hablo, con la voz de mis chicos, los del comedor El Gauchito, porque son míos, como de cada uno de los que luchan para que tengan tres veces por semana un vaso de leche. Como si eso calmara el hambre del alma.


Con voz de niño te hablo por cada carita triste, cada mirada llena de sueños que se desvanecen como la bruma.


Hoy, nuestros chicos de José C. Paz y los de cada comedor (que guiados de manos trabajadoras) se unen para apalear un poco su hambre.


Que sufren por causa de un gobierno que se olvida que debajo de sus narices perfumadas por el hedor y la podredumbre de la casa rosada están esos niños, y todos nosotros.


Hoy soy ese niño que se duerme sobre su espalda porque sus padres se quedaron sin vivienda porque alguien decidió un día quitarles lo único que tenían: un trabajo digno, una vivienda propia.


Soy la voz del niño que llora en el hospital esperando que alguien se acuerde que está sufriendo, con el dolor de su cuerpo y el dolor de no tener un calmante, una gasa para curar sus heridas.


¡Shh!, que muchos hemos nacido de un mal viviente que nos abandonó y un padre sincero nos adopto. Su vivienda es las calles, su cuerpo una columna inmensa de gente y su sangre la de todos nosotros que corre (como corrió en el puente).


Estos padres sinceros se llaman Polo Obrero y su alimento es la esperanza.