19/05/2005 | 900

Devaluación y “ burguesía nacional”


En Clarín del 12/5 se publicó una nota dedicada a la crisis del Mercosur en donde se expone una serie de datos estadísticos y comentarios para nada despreciables. El periodista pone de relieve que la megadevaluación de Duhalde-Kirchner sólo sirvió para proteger el mercado interno de la invasión de mercancías de origen extranjero, pero no “desató una ola exportadora”, y que “el aumento sostenido de las exportaciones industriales no se nota”. A renglón seguido nos informa que las cantidades exportadas en el primer trimestre por el sector agropecuario aumentaron un 49% y “los de la industria lo hicieron 6%”. La conclusión que emerge de aquí es que la política del gobierno nacional de mantener un tipo de cambio alto como eje para “reconstruir” a la “burguesía nacional” ha fracasado miserablemente, puesto que el tipo de cambio alto benefició hegemónicamente a la tan vapuleada oligarquía terrateniente, que en una alta proporción es de origen extranjero (al igual que los grandes capitales de la industria). Esta “reconstitución de la oligarquía” puede constatarse con sólo echar una mirada al fabuloso crecimiento agropecuario en el noroeste argentino o leyendo los informes de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales sobre las siderales sumas de divisas que ingresan al país en concepto de las exportaciones que realizan las empresas nucleadas en éstas dos cámaras empresarias.


 


Otro aspecto a destacar, no menos importante que el anterior, es el hecho de saber por qué no puede “reconstruirse” la “burguesía nacional” a pesar de contar con un tipo de cambio alto. El periodista alude a un “problema cultural del empresariado argentino” y de la “falta de vocación exportadora …y la ausencia de una política efectiva de largo plazo”. Hay que agregar a esta descripción un aspecto de orden histórico central: la burguesía argentina desde su nacimiento fue dependiente del capital extranjero y necesitó de éste para explotar los enormes recursos de nuestra patria. A esto hay que agregarle que la Argentina se incorpora al régimen capitalista de producción en su etapa imperialista. Es decir que tenemos una burguesía sin capital y dependiente del imperialismo para desarrollar sus negocios, ligados básicamente a la especulación y a la renta de la tierra. Ello es lo que explica su sumisión y su cobardía ante el imperialismo.


 


Todas estas indicaciones deberían ser tenidas en cuenta por los nacionalistas de toda laya que se empeñan en dejar en manos del gobierno Kirchner y de la “burguesía nativa” la tarea de encabezar la liberación de nuestra patria del látigo imperialista. Deberían aprender un poco de la primera revolución obrera victoriosa, que puso de manifiesto que en un país atrasado y dependiente sólo un gobierno obrero y socialista puede cumplir con las tareas que impone la lucha por la liberación nacional.

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