09/10/2003 | 820

El caldero

Por Lea Calvi

Bulle el caldero de mi alma

Embebido de múltiples brebajes

Algunos la exaltan, otros la intimidan

Pero inexorablemente se alimenta

De multitud de nuevas emociones.


Bulle el caldero y es el mundo

Con sus implacables goces y dolores

Con sus promesas cumplidas e incumplidas

Con sus castillos de ilusiones que derrapan

Con su Babel que al cielo ambicionan.


Bulle el caldero…


Y sus burbujas traen del fondo, el olvido

Y lo confunden y lo enlazan con el hoy desorientado

El pasado resurge con sus brumas de hilachas

Y se teje despacio y se enlaza al presente

Y la espuma de la vorágine del tiempo

Se aplaca con la red que le ha tejido.


Bulle el caldero…


Y el sedimento emerge y es doctrina

Y la espuma se forma

Y es aliento, efusión, pasión salvaje.


Bulle el caldero…


Y es torbellino y futuro.


Y me surge una pregunta inexorable

¿cuántos calderos bullen hoy en día?

¿cuántos sedimentos emergen y se agrupan?

¿Cuántas cenizas se reavivan al soplo

De los vientos sobre calderos adormecidos?


Hoy es época de vientos que levantan

Las arenas del desierto y siguen vuelo

Que surgen de las pampas y los llanos

De las selvas y los bosques y van unidos.


Esos vientos que reavivan calderos

Calderos que bullen francamente

Espumas que derraman de sus bordes

Sedimentos que marcan el camino


Bulle el caldero…


Y es momento de aprovechar tanta energía contenida

Tanta espuma, tanto viento

Tanta ilusión truncada en el camino.


¡Quién pudiera juntar tanto brebaje,

Tanto elixir pacientemente procesado,

Por tantos años añejado, sufrido,

Por tantos años caldero adormilado!

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