23/12/1999 | 651

El huevo de la serpiente

En relación con la carta del compañero Héctor Iván Cruz publicada en esta sección de Prensa Obrera Nº 650, reivindico la actitud de nuestro partido respecto de las agresiones llevadas a cabo por Patria Libre-Frente de la Resistencia (en Neuquén y Tucumán) y por el Mst en Córdoba.


El compañero Cruz tiene dos errores conceptuales, a saber:


l) Es absolutamente indistinto, a los efectos de caracterizar los hechos, la autodenominación de la organización que las planifica, las lleva a cabo y luego encubre y aún se soslaya de las mismas.


Los métodos stalinistas y los fascistas fueron llevados a cabo por organizaciones distintas, pero ambos tienen una raíz común: su carácter antiobrero y contrarrevolucionario.


2) Desde este punto de vista, el frente único con el Estado lo realizan quienes atacan una organización obrera (sus militantes, su propaganda, sus locales, sus bienes, etc.), porque en esencia el Estado burgués es la máquina de opresión de los capitalistas contra la clase obrera y sus organizaciones. Estado que reclama para sí y ejerce el «monopolio de la fuerza», es decir, de la represión.


Los que atacan a militantes y organizaciones obreras en forma artera, premeditada y sistemática (a la vez que se reclaman del nacionalismo y denostan al socialismo) son parte ‘inorgánica’ (cuanto menos) de ese Estado. Sus direcciones no han hecho nada por enmendar a sus militantes agresores.


Y eso, compañero Cruz, es el «huevo de la serpiente».


Al menos en el caso de Neuquén, esto se pudo veriticar con más pruebas cuando días después de la derrota del PJ a nivel nacional, aparecieron pintadas de una Agrupación Juvenil Peronista (con igual estilo, letra y pintura) que las del Frente de la Resistencia, y se dedicaron a embadurnar con consignas del tipo «más peronistas que nunca», «peronismo por siempre», etc., el frente del local donde días antes habían atacado a nuestros compañeros.


No conozco su edad, compañero Cruz, pero por la mía puedo asegurarle que éstos son la materia prima que, proceso de agudización de la lucha de clases mediante, pasan a integrar la nómina de acción de las «triple A». Son la mano de obra desclasada de los aparatos paraestatales. Por lo tanto, losdenunciamos ante sus directos o indirectos mandantes y como una medida de clarificación política: no van a ser condenados. El Estado burgués muy rara vez castiga a quien ataca a un revolucionario.


Y en esto no puede confundirnos ni una pizca el que todavía lleven la imagen del Che.


Se trata de unos impostores simplemente. De allí que todo frente único contra los patoteros debemos armarlos en función de los mastines (las fuerzas de represión del Estado) y no esencial y exclusivamente contra su cría.


PD: El déficit de la cita de la Oposición de Izquierda en EE.UU. que usted publica, es que no relaciona (al menos en la cita, reitero) que los stalinistas actuaban por «cuenta y orden» del Estado yanqui. Y si de citas se trata, tomo la de Trotsky cuando dice, refiriéndose a los stalinistas y su papel en el estrangulamiento de la Revolución Española: «Ellos fueron la vanguardia militante de la contrarrevolución burguesa-republicana», es decir, no importa en nombre de qué hablen ni cómo se autotitulan, lo determinante es el papel objetivamente jugado. No hay otra forma de caracterizar una conducta. Lo demás ya lo ‘solucionó’ la juridicidad burguesa: las acciones privadas y los pensamientos íntimos de los seres humanos quedan reservados al juicio de Dios,


Por otra parte, el PO ha dicho que no «renunciamos a las demás formas de defensa propia».

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