28/11/1995 | 475

El nudo de la crisis bosnia

La guerra en la ex Yugoslavia está poniendo en evidencia, siempre con más claridad, algunas cuestiones de la nueva contienda interimperialista.


La crisis en los Balcanes no pone en juego tanto una supremacía en la zona cuanto el ensayo de las nuevas alianzas y los nuevos equilibrios que deberán reemplazar el viejo orden europeo.


Sintéticamente y esquematizando, se puede ver:


– La primera intervención de la NATO desde su constitución en 1949.


– El predominio y la centralidad europea (franco-alemana) en el nuevo pacto euroatlántico, con fuerzas armadas alemanas que, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra imperialista, intervienen fuera de su país.


La NATO, como no podía ser de otra manera, interviene fuera de los límites que le fueran fijados en su origen y con el cuadro geopolítico completamente mutado. La URSS no existe más y Alemania está reunificada. Es decir que la tarea inicial de la NATO, de tener a los americanos adentro, a los soviéticos afuera y a los alemanes abajo (NATO is about to keep USA in, USSR out and Germany down) está superada.


El hecho de que Alemania sea nuevamente el corazón económico de la Europa y comience a pesar políticamente, preocupa a Moscú y a Washington. Por eso Chirac juega la carta de la ‘force de frape’ en clave europea. Le da una mano a Alemania y se propone como guía político-militar de la nueva Europa. Una reedición de la política de De Gaulle, cuando echó a los americanos de Francia y salió de la alianza atlántica.


Bonn, que no quiere asustar a sus aliados, sobre todo París y Londres, mantiene un perfil político bajo, aunque está dispuesta a considerarlo.


Por otra parte, las contradicciones de la política de Clinton lo obligan a dar cuenta de la repartición de Bosnia decidida por las armas y cambiar su línea de ‘moralpolitik’ por una ‘realpolitik’ a desgano. De hecho, acepta la directiva de expansión de Alemania hacia el Este, pero le preocupa la debilidad de Moscú, a quien intenta hacer reentrar en el juego.


Alemania es el primer exportador de capitales y mercaderías (sobre todo medios de producción) a Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Croacia y Rusia. Por el momento, mantiene un perfil político bajo, pero ya comienza a pedir la aceptación de estos países en la UE.


La repartición del mundo sancionada en Yalta entre el imperialismo americano y el imperialismo soviético sólo tenía en cuenta a Europa. Ahora que todo saltó por los aires, la lucha entre los países imperialistas por la repartición de los mercados y la redefinición de las áreas de influencia se desarrolla en el contexto de un agresivo liberalismo imperialista, necesidad impuesta por el ciclo expansivo iniciado con la reestructuración de la década del 70, causada por la prepotente entrada en escena de las emergentes potencias capitalistas de Asia. La contienda se juega con las reglas del liberalismo; cuando estas reglas no sirven más, todas las fracciones burguesas imploran la intervención del Estado burgués. Después puede ser la guerra.


Sólo el marxismo militante tiene hoy, como ayer, los instrumentos para entender los fenómenos económicos, sociales y políticos de las crisis del imperialismo, de sus guerras. El internacionalismo proletario aplica la teoría y la práctica cotidiana que sólo un partido leninista puede brindar en años de paciente trabajo y lucha, contra la contrarrevolución stalinista antes, y contra todos los histerismos, cinismos belicosos, pragmatismos sin principios y ambiguas hipocresías de los actuales oportunistas, filósofos pequeñoburgueses y curas.


Contra la guerra, ¡¡Revolución!!

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