Homenaje a Salvador Allende 

Resultan realmente revelado­ras las declaraciones de Altamira durante el homenaje a Salvador Allende en la Legislatura. En pri­mer lugar: ¿Desde cuándo los re­volucionarios trotskistas le rin­den homenaje a los representan­tes de los frentes populares? Para Trotsky el frente popular era una herramienta de la burguesía para desviar al movimiento revolucio­nario a una vía muerta, para después aplastarlo.


Para Altamira el desarme, por parte de Allende, de los trabajado­res chilenos, fue “en defensa de un formalismo democrático pura­mente ilusorio y no la defensa concreta del estado burgués. ¡Ah, pero...! “Allende en su hora cru­cial tomó un fusil”. En otro tiem­po esta acción se hubiera caracterizado como la acción de un aven­turero pequeño burgués, princi­palmente tratándose de uno que desarmó a los trabajadores desde el poder. Sin embargo, a pesar de la leyenda, no hay confirmación de su “heroísmo” final; lo más pro­bable es que los milicos lo volaran mientras se aferraba a su sillón negándose a creer que su función de forro ya estaba cumplida.


Altamira sigue: “a la hora de defender la democracia hay que organizarse y tomar las armas”. Para defender la democracia sí, pero para luchar por el socialismo no, porque el Partido Obrero no se plantea la formación militar de sus militantes; por lo tanto esta disposición de tomar las armas seguramente vendrá de una ins­piración divina y las armas en sí lloverán del cielo como el maná.


Debo recordarles que el com­pañero Rui Costa Pimenta plan­teaba, correctamente, en En De­fensa del Marxismo número 2, de 1991, que “democracia y socialis­mo son incompatibles”. Mucha agua ha pasado debajo de los puentes desde entonces. ¿Será por eso que ya no se leen artículos de este compañero en En defensa del Marxismo.


Pero Altamira no se limita a rendirle homenaje a Allende, tam­bién extiende el homenaje al “gobierno democrático” de los pero­nistas burgueses y burócratas Obregón Cano y Atilio López, que fueron víctimas de su propio éxito ya que ellos lucharon para traer al peronismo de vuelta al poder.


Todo esto, además de otra de­claración de Altamira este año, cuando dijo: “¡Qué trotskismo, ni trotskismo!”, me trae remembranzas de cuando el SWP de Estados Unidos, a principios de los "80, empezó a cuestionar la Revolu­ción Permanente, renegando fi­nalmente del trotskismo y aca­bando como corifeos del sandinismo y ahora del castrismo.


¿Qué pasa profesor Altamira, los acolchados sillones de la Legislatura hacen ver con más claridad los beneficios de la democra­cia?