08/05/2003 | 799

Inundaciones y paradojas

Sr. director:


Nuestro país es un gran cúmulo de paradojas.


Para citar algunos ejemplos, desde siempre tenemos grandes áreas improductivas por falta de agua, junto a otras que no producen por exceso de agua. En el año 2001 había unos 5 millones de hectáreas inundadas, de las cuales hoy todavía quedan unos 4 millones en tales condiciones. Recientemente, se agregaron nuevas zonas inundadas en Santa Fe, en la cuenca del río Salado.


En medio de tanto desperdicio de posibilidades productivas, tenemos un récord de deudas, desocupación, recesión, miseria y corrupción.


Supongamos que en las áreas actualmente inundadas (aproxi-madamente 5 millones de hectáreas), la profundidad promedio sea de 1 metro. En ese caso el volumen de agua a evacuar sería de 50.000 millones de metros cúbicos.


Si en vez de dejar que esas aguas sobrantes y dañinas vayan hacia donde ellas quieran, las bombeáramos hacia reservorios naturales ubicados en zonas áridas y secas (por ejemplo, zonas del Noroeste ubicadas a una altura promedio de 2.000 metros), la energía necesaria sería de aproximadamente 1017 kg, o lo que es lo mismo, 300.000 millones de kWh.


Si quisiéramos evacuar esta masa de agua en 10.000 horas necesitaríamos instalar 30 millones de kW en bombas. (Es mucho tiempo para los actuales inundados, pero con este equipamiento en servicio nunca más se volvería a acumular tanta agua.)


Como el costo promedio de las bombas es de unos $ 200/kW, la inversión necesaria sería de 6.000 millones de pesos.


A primera vista parece una cifra grande. Además, habría que agregarle el costo de instalación y obra civil (construcción de canales o acueductos), pero ya los antiguos romanos hicieron trabajos similares o mayores, y ni qué hablar de lo que hicieron los holandeses para regularizar el Océano Atlántico, los israelíes para hacer productivo el desierto, etc.


En un país con tanta deuda y desocupados serían bienvenidas todas esas reactivantes fuentes de trabajo y producción exportable, creadas mediante obras financiables en gran parte con Bonos o planes de Jefes y Jefas de Hogar.


En cuanto al dinero necesario para comprar bombas, la cifra antes calculada es aproximadamente sólo el 20% de lo que gastamos cada año en pagar a nuestros diputados, senadores y concejales.


Los 36 millones de argentinos, y sus nuevos dirigentes, deberemos decidir si queremos empezar a privilegiar el trabajo honrado y la generación de riqueza, o si elegimos seguir en la mediocridad eterna.


Manejar las aguas es posible. Es sólo una cuestión de costos y equipamiento.