17/03/2011 | 1168

Japón, después de la catástrofe

Por Correo de lectores Fernando

Los capitalistas se siguen aprovechando de las catástrofes para hacer negocios. El nikei sube y baja, lo mismo que el oro. Se promueve a Gaddafi y se invade Urgheim por Arabia Saudita, etc., mientras parte de nuestra humanidad se muere entre los escombros. Si Japón entrara en default por este hecho, es como si se hubiera ganado nuevamente la segunda guerra a los japoneses con una rendición incondicional económica. Toda esta carga está puesta sobre los hombros de los trabajadores nipones.

El lobby nuclear sabe que no existen alternativas a la energía nuclear, básicamente porque los gobiernos no han invertido lo suficiente en esa dirección ni siquiera cuando ya están claras las consecuencias del cambio climático. Así, se sigue especulando sobre nuevos o futuros negocios.

La crisis mundial ha provocado que se violen normas nucleares, con tal de continuar con el lucro. La empresa «Tokio Electric Power» mentía cuando le decía a la población que no había escapes significativos de radiación. Sucede que los vientos soplaban hacia el este y la radiación se desplazaba hacia el Pacífico. El portaviones norteamericano Washington, al detectar sobre la costa nipona ese nivel de radiación, tuvo que desplazarse a otra posición para resguardarse de la nube radioactiva. Sólo cuando los vientos soplaron hacia la isla, la población supo la verdad: los niveles de radiación eran de 20 a 30 veces el nivel permitido en un área de 20 a 30 km de la central.

Aún no se sabe cómo se resolverá esta crisis, porque los materiales radioactivos siguen fisionándose, es decir, calentándose. La refrigeración ya no existe como mecanismo, sino como agua de mar vertida torpemente con helicópteros y mangueras hacia la central. Este agua, a cierta temperatura, se transforma en oxígeno por un lado e hidrógeno por el otro, elementos altamente inflamables, y explotan. Ello, si no son lanzados como vapor de agua o hidrógeno a la atmósfera, con su carga radioactiva y condenando a la población a respirarla.

La clave de una central nuclear es que su material siempre esté fisionándose con la misma energía generada, para producir más energía -ciclo virtuoso- de manera controlada. Si se ha transformado en una catástrofe es porque, sin los elementos de control, el material radioactivo que se consume ad infinitum -ciclo vicioso- pone en permanente riesgo de contaminación a la población, sin un claro desenlace.

Este ejemplo retrata el mismo ciclo del capital. Habiendo desarrollado las fuerzas productivas y la energía atómica, ahora transforma la energía con fines pacíficos -a los países que se lo permiten- en variantes de la bomba atómica.Hiroshima y Nagasaki ya le habían mostrado al pueblo japonés la barbarie capitalista. Ahora, ese pueblo deberá decidir qué camino le queda por recorrer si quiere prosperidad para los suyos, así como los argentinos para la nuestra.

Socialismo o barbarie es la consigna desde Argentina, pasando por Grecia, España, Irlanda y Portugal, hasta el extremo Oriente.

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