Correo de lectores
22/11/2007|1018
La eterna tontería de reducir el sentido al cerebro
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El artículo de Juan Valverde empieza con un título preciso ("En busca de una teoría del cerebro humano") y termina con una gran gansada ("La mente es, entonces, un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro").
Está claro que los estudios neurológicos permiten tener un conocimiento cada vez más preciso de cómo funciona el cerebro, del mismo modo que los estudios hepáticos permiten precisar el funcionamiento del hígado.
El problema con los "materialistas" del estilo de JV y otros "izquierdistas" similares es que les molesta la aparente "inmaterialidad" de la "mente" y la gama de fenómenos subjetivos asociados a ese término.
Entonces, en vez de sostener el esfuerzo "mental" e "intelectual" necesario para tratar de entender y abordar el problema que se les plantea, prefieren reducirlo a sus limitados recursos. Se creen Mahoma, y han decidido que sea la montaña la que se acerque a ellos. Y creen que el mero recurso a la crítica burda del idealismo sería un motor con suficientes caballos para esa tarea.
Es así como llegan a la tan remanida y estereotipada frase: "la mente es, entonces, un conjunto de operaciones que lleva a cabo el cerebro", que como los discursos de la burguesía y los políticos patronales se sostiene sobre la base de la falta de análisis e idiotización de sus destinatarios.
Si hemos demostrado que el alma, y por ende la mente, no existen, que son sólo un engaño del idealismo y que lo único que existe es el cerebro ¿por qué hay que volver a acudir a la mente? ¿Por qué hay que apelar otra vez a la "mente" a la hora de tener en cuenta "conductas" y otras referencias propiamente humanas?
¿Contra quién quieren discutir JV y la izquierda del materialismo burdo?
El artículo de JV se parece a los similares artículos que regularmente publican los diarios de la burguesía, con similares zonceras sobre los "avances" de la psiquiatría y la neurología (hace pocos días Clarín dedicó media página central a una serie de delirios que pretendían explicar las cuestiones de género a partir del olfato).
Los innombrados enemigos contra los que se yergue JV, cual Quijote contra sus molinos, parecen ser los mismos que, con una prosa más elaborada que la de JV, y una verba más encendida, Sartelli (en los viejos tiempos en que escribía en EDM) llamaba "caterva de personajones que cobran fama por torturar el lenguaje". En ese entonces, por lo menos teníamos ubicado el debate al nivel del lenguaje, lo cual ya era todo un logro, incluso para los niveles de inteligencia cerebral.
En cambio, con JV volvemos a caer en la falsa contradicción entre izquierda materialista y derecha idealista, como si no hubiera reaccionarios materialistas e izquierdistas idealistas.
Lo que estos quijotes olvidan es que el "sentido" no se reduce a las moléculas. Que una botella de vino tenga efectos sobre el cerebro y por ende sobre la "mente" de cualquiera, no cabe ninguna duda. Pero de ahí a que todos los borrachos vayan a delirar del mismo modo, falta un trecho. Por algo hay borrachos alegres, borrachos tristes, borrachos agresivos, borrachos poetas, etc. En otros términos, la explicación de los efectos tóxicos del alcohol sobre las neuronas nunca incluye la explicación de los fenómenos subjetivos asociados en esa toxicidad.
Parece mentira que alguien pretenda pasar por alto la dimensión material del sentido en un ámbito como el de un partido revolucionario; es decir, allí mismo donde cada día podemos verificar la importancia y el peso de la palabra, la fuerza material de las convicciones, y la incidencia que en la historia puede tener la cohesión en la acción de un grupo de personas que se orientan por un programa y una experiencia subjetiva.
Que todo eso tenga una materialidad cerebral, nadie lo niega. Que todo eso pretenda ser reducido a ese tipo de materialidad, y explicado con ADN y ARN, ahí es donde comenzamos a atrasar más de dos mil años, puesto que ya los estoicos tenían una teoría del signo que incluía su materialidad.

