28/10/1993 | 405

La mujer en el Primer Mundo

Compañeros de Prensa Obrera:


 


He venido siguiendo con interés el debate suscitado en vuestra columna de lectores sobre la situación de la mujer y he visto, también, que piensan abordar el tema en vuestro próximo Congreso. Muy bien. Para colaborar en este debate, les acerco a los lectores de su publicación algunos datos extraídos de la revista española “Cambio 16” (11/10) sobre las brutales consecuencias que ha traído consigo la “unificación de las dos Alemanias” sobre la condición de las mujeres.


En una región, la ex RDA, donde la desocupación alcanza casi a la tercera parte de la población, “el 65% de los desempleados son mujeres”, cuando en la ex Alemania oriental, la integración de las mujeres al mercado laboral era una de las más altas del mundo: “sólo el 9% de las mujeres no trabajaba”.


El desempleo femenino ha recreado la esclavitud hogareña: “las mujeres sin empleo regresan al hogar y a la cocina”… es decir, al aislamiento social y a la subordinación “jerárquica” al marido. “Una de las consecuencias de la independencia que gozaba la mujer respecto del hombre —señala una periodista alemana citada por la revista española— era un porcentaje de separaciones matrimoniales muy superior al actual. Una no puede permitirse hoy tales lujos”.


La vida familiar se ha empobrecido porque, como consecuencia natural, el número de matrimonios y el de nacimientos “ha caído en picada”.


Desgraciadamente, “Cambio 16” no indica si ha crecido el número de mujeres abandonadas por sus parejas, es decir, si los hombres no están sometidos al mismo “cepo”  que sufren las mujeres.   Un indicio de que esto estaría efectivamente sucediendo, sobre todo cuando una mujer queda embarazada, es el enorme número de madres solteras. Para medirlo, baste decir que “las madres solteras constituyen el 20% de la población que depende de la ayuda social del Estado”. La mitad de estas madres solteras están sin empleo. Viven del subsidio estatal. Pero el gobierno de Kohl acaba de anunciar un “plan de austeridad” que consiste, precisamente, en reducir los subsidios a los desempleados, los jubilados y las madres solteras.


El retroceso social y la pérdida de la independencia de las mujeres del Este alemán se mide también en la legislación sobre el aborto. “Desde 1972, las alemanas del Este podían interrumpir libremente su embarazo según una ley de plazos. Desde el pasado 16 de junio, en que se derogó la legislación de la RDA sobre el aborto, entró en vigor en toda Alemania una regulación transitoria (hasta que el legislativo debata una nueva ley) que lo despenaliza. Sin embargo,  lo considera una acción ilegal, excepto en los casos de violación o en los que peligra la salud de la madre, por lo que la Seguridad Social deja de financiar dicha intervención. Quien pretenda abortar deberá pagar ahora la operación de su propio bolsillo: entre 184 y 925 dólares”.


No acaba aquí la brutalidad del retroceso social de las mujeres en la Alemania del Este: “el número de berlinesas que se han sometido a operaciones de esterilización… con el fin de asegurar u obtener un puesto de trabajo, se multiplicó por 70”. Por eso, “no es excepcional que las candidatas a un empleo adjunten a su solicitud el certificado de la intervención (de esterilización). Las 200 esterilizaciones que se practicaban anualmente en la RDA ya son miles”.


Si el grado de desarrollo político y social  de una sociedad se mide por el grado de emancipación que hayan logrado conquistar las mujeres, el retroceso brutal de la situación social de las mujeres este-alemanas retrata la barbarie que implica la restauración del capitalismo.


Pero así como los salarios de miseria y la desocupación en la ex RDA son una “palanca” de los capitalistas para reducir las conquistas de los trabajadores del “Oeste”, el retroceso social de la mujer en la ex RDA es una “palanca” para liquidar las conquistas sociales de las mujeres en toda Alemania.


(San Martín)

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